La circularidad es el negocio

La crisis de las materias primas ha vuelto a poner sobre la mesa las ventajas de la reutilización de recursos y materiales

La escasez cada vez más acuciante de los recursos naturales hace que las estrategias de circularidad sean progresivamente una oportunidad para las empresas. Pensar nuestros productos en un ciclo cerrado no solo ayuda a la sostenibilidad del planeta, sino que garantiza una mayor disponibilidad de las materias primas necesarias para crear estos productos y puede suponer una nueva oportunidad de negocio.

La crisis en el transporte marítimo derivado de los cierres durante la primavera de 2020 debidos al Covid, y la más reciente del canal de Suez ha roto cadenas de suministro, ha puesto en evidencia las interdependencias globales, así como plazos de entrega que se alargan y altos costes de los transportes, entre otras consecuencias. Fabricar en Asia y extraer las materias primas en África ahora es más caro. Asimismo, la escasez de semiconductores ha llevado a algunas empresas a comprar y desmantelar productos electrónicos antiguos para recuperar algunos componentes que les faltaban. El sector del automóvil ya se plantea un escenario a 10 años vista de reducir en un 80% su consumo de recursos que no tengan un origen circular.

La circularidad es una oportunidad también para mutar de productos a servicios, ya que persigue un sistema cerrado que vaya de la cuna a la cuna, a fin de generar productos 100% sostenibles. Por ejemplo, la empresa de moquetas Interface ha pasado de vender moquetas a vender el servicio de tener moqueta, cambiando las partes dañadas y encargándose de su reciclaje, lo que supone un ahorro en el uso de materiales del 98%.

La idea es que todos los materiales vuelvan a entrar en círculo y no se desechen, en este sentido pueden entrar como materia prima, como es el caso de Interface, o como componente con un cierto valor, como en la reutilización de semi conductores.

Otro ejemplo interesante son los móviles realizados por Fairphone, en los que se controla el origen de sus materias primas para que no sean de países en conflicto. Se trata de móviles modulares que se pueden adaptar por parte del cliente, de forma que es posible seleccionar o recambiar solo los componentes que necesite el cliente. Si se estropea la cámara de fotos, no hay que desechar todo el móvil, sino que de manera fácil el usuario puede cambiar solo la cámara.

La iniciativa Make Fashion Circular ha lanzado el proyecto Jeans Redesign con varias empresas del sector de la moda con criterios claros para reducir el impacto ambiental en la fabricación de tejanos como no lavar a la piedra y utilizar tecnología láser para el efecto envejecido, no poner remaches metálicos o utilizar sólo fibras naturales de gran calidad. También han ido un paso más allá planteando que es el modelo de negocio completo el que tiene que cambiar y las empresas se tienen que encargar de recoger los tejanos que ya no se usan para reciclarlos. Dentro de la circularidad del sector textil, el proyecto Reimagine Textile prioriza la transformación digital y verde como una de las claves para el futuro de la actividad.

La economía circular aporta nuevas oportunidades a las empresas para generar mayor interacción y lealtad con los clientes. Hay que pensar nuevos modelos empresariales basados más en servicios de alquiler de los productos que de venta directa y favorecer las relaciones a largo plazo con los clientes para también tener mejores productos.

Otro ejemplo explicado por la Ellen MacArthur Foundation son las lavadoras de alta gama, que resultarían más accesibles para la mayoría de los hogares si se alquilasen en lugar de venderse, ya que los clientes ahorrarían aproximadamente un tercio por ciclo de lavado y el fabricante ganaría en torno a un tercio más en beneficios.

Todo este potencial es más relevante todavía si tenemos en cuenta que el consumidor compra cada vez más en clave medioambiental y valora mucho que la marca sea respetuosa con el entorno, coincidiendo con las tendencias en estilo de vida que sitúan en un primer plano la preocupación por la salud del planeta y por el bienestar de las personas, aunque en ocasiones sean ejes donde todavía hay mucho trabajo por hacer, tanto desde el punto de vista de los procesos de fabricación como de la sensibilización social.

Las opciones de mejora en este campo vienen de incorporar el ecodiseño en las etapas iniciales de concepción de nuevos productos evitando, por ejemplo, compuestos tóxicos que dificultan el reciclaje o la promoción de nuevos modelos de uso que prolonguen al máximo su recorrido, como el concepto de producto como servicio, y la recuperación de valor al final de la vida útil, a través de la remanufactura o el reciclaje.

La economía circular se sitúa, por tanto, como un potente motor para todos los sectores económicos. La aplicación de los principios de la circularidad, además, puede llegar a favorecer hasta un 45% de reducción en las emisiones implicadas en los procesos de producción y de consumo, por lo que constituye una estrategia clave en la mitigación del cambio climático, en la que profundizará el recién creado Centro en Resiliencia Climática (CRC), a fin de potenciar la transición ecológica a partir de la investigación, la tecnología y la innovación.

Irene Ràfols es Directora de Desarrollo de Producto del centro tecnológico Eurecat