La inflación y su efecto en la recuperación en la era posCovid

Las economías no pueden permitirse estar tan relajadas ante la subida de los precios como lo estaban antes del verano, especialmente las emergentes

Los semiconductores, componentes que alimentan todo, desde los teléfonos móviles hasta los frigoríficos y los coches, han empezado a tener un impacto económico, además de tecnológico. Su escasez es la causa de una gran parte de las subidas de precios en EEUU, e ilustra problemas más amplios de la cadena de suministro justo cuando los consumidores empiezan a abrir sus carteras en un derroche pospandémico.

Desde abril, a medida que la economía estadounidense ha ido saliendo de los bloqueos de la pandemia, la demanda de los consumidores y los cuellos de botella de la oferta han impulsado la inflación, sobre todo en los sectores más afectados por el Covid, como los viajes, las comidas fuera de casa y los vehículos de segunda mano. Nuestras perspectivas sugieren que la inflación en EEUU seguirá siendo elevada durante el resto de 2021, alcanzando un máximo en noviembre y diciembre, antes de disminuir en 2022.

Con la demanda de los consumidores empujando la inflación más allá del objetivo del banco central, la respuesta de Jerome Powell es que el enfoque de objetivos de inflación media (AIT) de la Fed, presentado hace un año, será lo suficientemente flexible para responder a la evolución de los datos. Esto se debe a que el AIT permite a la Reserva Federal mirar a través de los picos a corto plazo en lugar de aumentar sistemáticamente los tipos de interés en respuesta al aumento de la inflación. Al ritmo actual de la recuperación económica de EEUU, esperamos que la primera subida de los tipos de interés se produzca tras la finalización del tapering, y un periodo de estabilidad en el tamaño del balance de la Fed, es decir, no antes de enero de 2023.

Nuestros pronósticos a finales del mes de julio no parecían indicar que los factores que impulsan la inflación se estuvieran extendiendo a otras áreas de la economía, o a otros países. Aún así, a principios de esta semana hemos visto como la inflación en la zona euro se alzaba hasta el 3%. Con todo, los inventarios mundiales y la oferta de materias primas y logística son bajos en todo tipo de materiales, desde el acero y el algodón hasta la madera y los contenedores de transporte. Esto sugiere numerosos cuellos de botella económicos a corto plazo que explican el aumento de los precios, pero no hay una falta de capacidad mundial fundamental para responder finalmente a la recuperación de la demanda. Eso sugiere que los suministros pueden recuperarse y lo harán, limitando los aumentos de la inflación.

Ante estos alarmantes datos, las economías no pueden permitirse estar tan relajadas con respecto a la inflación como lo estaban durante este verano. En el caso de algunos países emergentes, con un historial de inflación volátil, los banqueros centrales temen que se produzca un círculo vicioso de depreciación de las monedas e inflación aún mayor, alimentando las expectativas de inflación y minando la confianza de consumidores e inversores. Sin embargo, la diferencia ahora es que las políticas de los bancos centrales emergentes se han vuelto mucho más creíbles en las últimas dos décadas.

En EEUU, la Fed sigue subrayando que se fija en el empleo para evaluar la solidez de la recuperación. A medida que los subsidios de desempleo se reduzcan en los próximos meses, se observará si esto se traduce en un mayor número de trabajadores que se reincorporan a las industrias que sufren escasez de mano de obra. En mayo, EEUU tenía un récord de 9,2 millones de puestos de trabajo abiertos.

La economía estadounidense añadió 943.000 puestos de trabajo en julio, su mejora más rápida en casi un año. Hay 5,7 millones de empleos menos que antes del Covid. Mientras reaparecen las oportunidades en la restauración, la hostelería y el ocio, muchos trabajadores parecen haber abandonado el mercado.

Los debates sobre el calendario del tapering no deberían ocultar el hecho de que, si el proceso comenzara en enero del año que viene, la Fed compraría hasta 1,14 billones de dólares más de activos entre ahora y noviembre de 2022. De este total, 660.000 millones de dólares se comprarían en 2022 durante el proceso de reducción, y presumiblemente en un momento en el que la economía estadounidense se estaría expandiendo hacia el máximo empleo con una inflación que rondaría el 2%.

Economistas como Larry Summers, ex secretario del Tesoro de EEUU y profesor de la Universidad de Harvard, señalan los datos positivos de EEUU y han pedido que se ponga fin a la flexibilización cuantitativa mucho más rápido que el esquema de la Fed. Summers también sostiene que la Reserva Federal está subestimando los riesgos de inflación en Estados Unidos.

Los recientes repuntes de la inflación no disuadirán a la Fed de mantener su objetivo de una recuperación más completa del mercado laboral y su calendario anunciado. En este caso, los rendimientos reales deberían moverse frente al dólar, suponiendo que la inflación no se universalice, y la moneda estadounidense se depreciará a medida que la mayor inflación erosione el valor del tipo de cambio.

Stéphane Monier es Chief Investment Officer de Lombard Odier