El crédito privado va a más, pero no a mejor

Con los tipos por los suelos, los fondos de pensiones están invirtiendo en alternativas de mayor retorno, creando una industria de un billón de dólares

Billetes de dólar.
Billetes de dólar. reuters

El crédito privado crece, pero no muy a mejor. Despegó tras 2008, cuando los bancos se alejaron de los prestatarios más pequeños. Con los tipos por los suelos, los fondos de pensiones están invirtiendo en alternativas de mayor retorno, creando una industria de un billón de dólares.
Parece que todos ganan. La deuda privada se concierta bilateralmente por un solo prestamista o un pequeño club y no se comercializa en general. Los prestatarios, que suelen ser empresas medianas o de compras, pagan una prima para obtener fondos rápidamente y en ciertas condiciones. Los prestamistas obtienen un mayor retorno y negocian mayores protecciones. Según Preqin, generó una TIR del 7% en 2016-20. La deuda basura cotizada da un mísero 4%, según los índices ICE de Bank of America.

Los gestores recurren a nuevos tipos de inversores; Blackstone presentó hace poco un vehículo para ahorradores particulares. Y los fondos son cada vez mayores. Así que los gestores pueden suscribir operaciones más grandes y dejar a los bancos de inversión fuera incluso de las grandes operaciones. Pero tiene un coste. A medida que las operaciones crecen, los gestores compiten directamente con los mercados de deuda pública, con retornos más bajos y menor protección al inversor. Los retornos futuros pueden ser menos jugosos. Y como los préstamos privados son más difíciles de vender, tener cláusulas más laxas podría dejar atrapados a los gestores.

En cierto modo, el crédito privado debería de hacer más segura la financiación. Sigue siendo relativamente pequeño, los fondos piden menos prestado que los bancos o los vehículos de deuda titulizada, y los inversores no pueden retirarse por capricho. Pero hay pocos datos públicos. Ello podría permitir la acumulación de riesgos, sobre todo si los fondos consiguen negocios eludiendo las normas de apalancamiento de los bancos. Las nuevas y extravagantes estructuras de las operaciones pueden resultar difíciles de resolver si salen mal, y los gestores podrían ocultar las pérdidas, lo que daría lugar a prestatarios zombis.

Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de CincoDías