Alerta, milenial: la pensión de tus padres está en peligro

La nueva reforma se limita a ajustar el sistema para tratar de sacar de donde no hay, lo que empobrecerá a las futuras generaciones de jubilados

En tiempos de abundancia y crecimiento económico todo es alegría y no se cuestiona casi nada, pero cuando llegan las vacas flacas, nuestros políticos afilan el hacha para recortar prestaciones contributivas y muchas personas comienzan a preguntarse si esos recortes son para todos o existen algunos privilegiados inmunes a las reformas que ellos mismos promueven, de modo que hay asimetría entre lo que deben cargar a la espalda los ciudadanos y los políticos.

Numerosas instituciones nos vienen alertando sobre la insostenibilidad de nuestro sistema de pensiones y la necesidad imperiosa de acometer una reforma en profundidad, sin embargo, en un ejercicio de procrastinación política, para evitar el castigo electoral, siempre se deja la resolución del problema al próximo que gobierne, dando una patada hacia delante hasta que nos estalla en la cara, que es lo que nos va a pasar a los baby boomers, que vamos a pagar la desidia de los políticos, algunos de ellos con pensiones de jubilación doradas sin haber cotizado como el resto de los mortales.

Durante el mes de septiembre comenzará el intenso debate parlamentario de la primera fase de la reforma que el Gobierno pretende realizar sobre nuestro actual sistema de pensiones, aunque no hemos visto su cara más perversa que se ha dejado para una segunda fase. Se trata de una exigencia de la UE por la que hay que reducir sí o sí el déficit público, que en España es muy elevado y crónico, mediante una fuerte rebaja del gasto estructural en el que las pensiones representan 4 de cada 10 euros.

Nuestro sistema de pensiones se basa en la solidaridad intergeneracional bajo el criterio de reparto, es decir, los trabajadores actuales contribuyen a un bote con el que se pagan las pensiones actuales y mientras entre más dinero del que sale, el sistema es sostenible y permite entregar pensiones dignas y suficientes. Sin embargo, nuestro sistema está en déficit desde hace muchos años, lo que significa que es insostenible y necesita una reforma estructural en vez de ajustes paramétricos que solo vacían nuestros bolsillos.

Sin embargo, igual que cuando apretamos la pasta de dientes que está agotada, vuelven a ajustar, una vez más, los parámetros del modelo para sacar de donde no hay, empobreciendo a las futuras generaciones de jubilados, no sólo con menores prestaciones contributivas sino con mayores impuestos. Todo ello mediante un sistema bonus-malus que penaliza duramente a los que se jubilen anticipadamente, independientemente de que hayan cotizado más de los 38,5 años que serán exigibles en 2027 a los 67 años. Esto implica que el sistema deja de ser contributivo, pues si alguien cotiza durante 50 años, pero se jubila con 60 años, recibirá una pensión inferior que quien lo hace en la edad legal con 40 años cotizados.

Si a este hecho, le añadimos el eufemismo del mecanismo de equidad intergeneracional, con el que a mayor esperanza de vida se recibirá menos cuantía de pensión mensual y la idea de ampliar el periodo de cómputo desde los 25 hasta los 35 años o toda la vida laboral, sin considerar las lagunas de cotización de muchas personas o, simplemente, el paro estructural y de larga duración de los mayores de 50 años que difícilmente se reincorporan al mercado laboral, la pensión a recibir tras la reforma completa podría ser hasta un 30% inferior a la esperada, todo un ejercicio de resiliencia que tendrán que afrontar los baby-boomers, pero que debería hacer reflexionar a los millennials y ya no digo a los centennials por aquello de que cuando las barbas de tu vecino veas cortar, pon las tuyas a remojar. Si vuestros padres ya empiezan a sufrir recortes en la pensión, mientras se mantenga este sistema piramidal, vosotros seréis la siguiente hornada que saldrá más quemada aún, a menos que quienes nos gobiernen en el futuro cojan este toro por los cuernos y diseñen un nuevo modelo sostenible que impida que los jubilados se acerquen al umbral de la pobreza, tras años de cotizaciones y duro trabajo.

Cuando pregunto a un joven si es consciente de que cuando se jubile su pensión va a ser insuficiente para cubrir sus necesidades, muchos de ellos afirman saberlo con un gesto de resignación que es preocupante, sobre todo sabiendo que estas nuevas generaciones aún no se han independizado y viven en familias donde los padres están en paro o en ERTE y saben que cuando terminen la universidad aún les quedará bastante trecho para dar el salto al mercado laboral y una vez ahí, tras varios contratos precarios, sueñan con la utopía de un trabajo estable y bien pagado, por lo que la jubilación está muy lejana en el tiempo y no les preocupa. Grave error, pues si entran al mercado laboral con más 30 años y necesitas casi 40 años de cotización, es evidente que tendrán que jubilarse con 70 años y menos ingresos.

Por último, aún no he visto a los agentes sociales protestando enérgicamente ante esta reforma que va a recortar derechos de los trabajadores, lo que me hace pensar que es posible que los ciudadanos estemos solos en esta lucha en la que por solidaridad intergeneracional debemos participar los mayores, los jóvenes e incluso los actuales pensionistas que tienen hijos y nietos a los que afectarán estas medidas. No nos dejemos afectar por el síndrome de la rana hervida y tomemos cartas en el asunto porque los excesos políticos del pasado y del presente, basados en ideología sin fundamento económico, siempre terminamos pagándolo los ciudadanos ya sea con menores prestaciones, mayores impuestos o ambos como estamos viendo actualmente.

Juan Carlos Higueras es analista económico y profesor de EAE Business School