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El Foco
Análisis
Exposición didáctica de ideas, conjeturas o hipótesis, a partir de unos hechos de actualidad comprobados —no necesariamente del día— que se reflejan en el propio texto. Excluye los juicios de valor y se aproxima más al género de opinión, pero se diferencia de él en que no juzga ni pronostica, sino que sólo formula hipótesis, ofrece explicaciones argumentadas y pone en relación datos dispersos

Por qué Estados Unidos necesita una Europa tecnológica fuerte

No hay tiempo para que estadounidenses y europeos se peleen, especialmente frente a una China que tiene sus propias reglas

Tras las recientes iniciativas entre Estados Unidos y la Unión Europea anunciadas por el presidente Joe Biden en materia de tecnología y comercio transatlántico, cabe cuestionar la situación actual para ambas partes. ¿Son amigos o enemigos? Además, ¿qué prevalecerá, la dominación o la coopetición? Cuando hablamos de tecnología no se trata de un juego de suma cero, y ambas partes pueden perder frente a la China de los Xi a no ser que adopten una visión conjunta.

Los Estados Unidos que conocemos hoy son muy diferentes de los Estados Unidos que atrajeron a personas de todo el mundo como un nuevo país lleno de vitalidad y promesas. Las palabras libertad, libertad de empresa, e igualdad pueden resultarnos familiares ahora, pero fueron las que inspiraron, especialmente a los europeos, a dejarlo todo atrás. Hombres y mujeres cruzaron el océano sabiendo que formarían parte de una nueva era. Se dieron cuenta de que tenían el poder de cambiar sus propias vidas.

Doscientos cuarenta y cinco años después, Estados Unidos ya no es un país nuevo. A lo largo de los siglos ha asumido el papel de superpotencia. La actual era digital fue construida allí, pero los mismos valores que una vez fueron sagrados, están ahora en peligro. El indisputable liderazgo tecnológico de Estados Unidos pone ahora a sus socios históricos en una intolerable posición de subordinación. La renovación de los conceptos de independencia, autonomía estratégica, y libertad puede venir ahora de la vieja Europa.

Europa necesita dar una respuesta pragmática, sin perder de vista los ideales que están en juego. Añadir una nueva ley a todas las que ya existen solo llevará a la confusión. Tenemos que concentrarnos en mantener una visión humanista de lo que es y debe ser siempre el progreso.

El progreso tecnológico no puede existir sin progreso social y político, y la libertad empresarial no puede existir sin democracia. Si no se protege el comercio justo, no habrá mercado. Es hora de acabar con los vacíos legales de los que se han beneficiado hasta ahora las nuevas tecnologías de la información y la comunicación.

Al votar el Reglamento General de Protección de Datos (GDPR), la Ley de Mercados Digitales (DMA) y la Ley de Servicios Digitales (DSA), Europa quiso señalar que era el momento de renovar las normas de privacidad, reajustar las reglas de la competencia y devolver el poder a sus ciudadanos. La intención nunca fue caer en enfrentamientos. Los legisladores estadounidenses seguramente no tardarán en seguir su ejemplo.

Hasta ahora, los legisladores estadounidenses nunca dejaron que el sector privado pusiera en peligro las prerrogativas del Estado. Las reformas antimonopolio en el sector tecnológico , impulsadas recientemente por una coalición bipartidista, demuestran que los congresistas estadounidenses siguen teniendo la voluntad de proteger la libre competencia, aunque haya costado tiempo para el caso del sector tecnológico.

Día a día, el crecimiento de los gigantes digitales aumenta el reto de redactar una legislación que responda a nuestras preocupaciones subyacentes sobre el poder que tienen. Son debates acalorados, pero la necesidad de normas se ha hecho evidente. ¿De qué otra forma podría funcionar? La regulación antimonopolio y la abolición de todos los monopolios son necesarias para crear un entorno en el que la competencia sea sinónimo de juego limpio, innovación y creación de riqueza. Nadie es más consciente de ello que los agentes económicos y legislativos estadounidenses. Los europeos compartimos este punto de vista, y actuamos en consecuencia para recuperar el estatus de socios iguales y aliados tecnológicos con las mismas prioridades éticas.

La reciente cumbre europea-estadounidense y la declaración conjunta de la UE y Estados Unidos sobre una asociación transatlántica renovada nos sitúa, oficialmente, en este camino.

Es innegable que hay que actualizar algunas normas para hacer frente a los polifacéticos retos que tenemos por delante, y que tiene por delante la humanidad. Pero lo más importante es que necesitamos actuar juntos y promover objetivos compartidos y ambiciosos en este momento crucial. Al mismo tiempo, a ambos lados del Atlántico, los defensores de la soberanía estatal y tecnológica estarán atentos y se asegurarán de que la futura legislación se base en información transparente y fiable, garantizando el libre albedrío digital de los usuarios y protegiendo el bien común.

La creación de un Consejo de Comercio y Tecnología UE-EE UU cuya misión es “eliminar las barreras comerciales, establecer normas mundiales, y promover la innovación conjunta en tecnologías clave” puede considerarse un paso alentador.

Esta puede ser nuestra última oportunidad para construir una sociedad y un mercado digitales equilibrados y justos. Debemos actuar ahora, y debemos hacerlo rápido. Todavía tenemos la oportunidad de elegir los socios con los que queremos trabajar. En este mundo globalizado, en el que los próximos avances tecnológicos pueden otorgar una ventaja competitiva definitiva y una supremacía ideológica absoluta, no hay tiempo para que estadounidenses y europeos se peleen, especialmente con la China de Xi, que solo se rige por sus propias reglas. Debemos recordar que somos socios históricos, unidos por un pasado en común y unos valores humanistas compartidos, y actuar en consecuencia en este orden mundial que cambia de paradigma.

Yann Lechelle es CEO de Scaleway

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