Las Olimpiadas de la vida

Estamos pasando momentos muy complicados y la salud mental se resiente

Estas pasadas Olimpiadas nos han dejado más que deporte; estamos pasando momentos muy complicados y la salud mental se resiente. La pandemia ha tenido parte de culpa, pero no toda. No ha hecho más que incrementar el malestar mental que ya traíamos con nosotros con anterioridad.
Nuestras vidas son un poco como las Olimpiadas. Se nos mide y valora por la altura que puedas alcanzar profesionalmente, por lo que esa barra sube y sube y nosotros, como si de un salto de altura se tratara, intentamos ir escalando sin muchas veces pararnos a pensar en los sacrificios personales que realizamos. Pero en 2020 todos sufrimos y nuestra hazaña se pareció más a una carrera de obstáculos. Fue un cambio de mentalidad donde se premiaba no tanto al que más alto subía sino al que se mantenía en pie sin caerse ante tanta adversidad.

Vemos a los deportistas como seres de otro planeta sin pararnos a pensar que son personas como nosotros, con sus fortalezas y debilidades. Simone Biles hacía un llamamiento “a proteger el cuerpo y la mente”. Esta frase recuerda al boxeo, donde la mayor protección está en la cabeza. La vida es una batalla donde recibimos alegrías, pero también golpes en forma de malas noticias o desilusiones. Por no hablar de la autocrítica donde nos auto golpeamos. ¿Estamos protegiéndonos ante tanto golpe externo e interno?

Con lo ocurrido a la atleta americana, el foco se ha puesto en la importancia de la salud mental. La OMS llevaba ya años alarmando sobre los problemas mentales e indicaba que, en 2030, la depresión sería la primera causa de discapacidad. En nuestro país, 1 de cada 10 personas mayores de 15 años ha sido diagnosticada con algún problema de salud mental, según el Ministerio de Sanidad. Debemos a Biles más de lo que parece. Ojalá buena parte de los fondos europeos se destinen a frenar lo que denominamos emocovid, pandemia emocional que se ha contagiado de forma virulenta dando lugar a la fatiga pandémica.

Aún nadie ha descubierto la vacuna para esta otra pandemia, pero escuchar tus emociones y aprender a regularlas pueden ser herramientas para empezar a lidiar con los demonios de tu cabeza.

La ansiedad y el estrés, a menudo, se viven en soledad; al compartirlos con otros, segregamos oxitocina, que es una de las hormonas de la felicidad. Sentirse tan apoyada quizá fuera una de las razones para que Biles volviera y ganara el bronce en la barra de equilibrios, su aparato menos bueno. Quizás por eso lo eligió. En él podía intentar ser sencillamente ella.
La próxima vez que tengas un tropezón en la vida, haz como Biles, y sube de nuevo a tu barra de equilibrios y trata de conectar contigo, con lo que te hace feliz, y no busques ser el/la mejor. Quizá encuentres alguna otra medalla que te sepa a oro.

Rebeca López y Ángel López son autores de ‘El método del estrés positivo’