El fútbol necesita el dinero del capital riesgo, pero no solo eso

Si los fondos prefieren negociar con agrupaciones de clubes, y no con estos, por algo será

El fútbol, el deporte de mayor impacto social en todo el mundo, está sediento de fondos para sufragar un esquema de gastos ya tensionado antes de la pandemia por la inflación salarial de las grandes estrellas (provocada al alimón por clubes-Estado y dirigentes manirrotos). Los estadios vacíos solo han agravado el problema. En el otro lado, el capital riesgo tiene el problema contrario: nada en dinero y necesita busca negocios con potencial.

Antes de entrar en LaLiga, CVC ya negoció con la Serie A italiana. Y no es casual que un gigante de Wall Street, JP Morgan, estuviera detrás del aparcado proyecto de Superliga europea. No es afición ni un asunto personal, solo oferta y demanda

Frente al mal pensado y peor presentado proyecto de la Superliga, cuyo planteamiento deportivo finiquitaba algo tan básico en el deporte como ganarse en el campo, y no en salas de reuniones, el derecho a competir, la inyección de CVC en LaLiga alivia las necesitadas cuentas no solo de la aristocracia del fútbol, representada en España por los tres grandes, sino de los 42 equipos de primera y segunda división. El fútbol es el deporte rey, entre otras cosas, por la opción de la sorpresa y porque las colecciones de estrellas no siempre ganan, como se encargó de recordar la pasada Eurocopa.

La inyección de capital tiene tintes de rescate: los préstamos participativos son a 40 años y al 0%; permiten respirar tanto en términos de liquidez como de solvencia (son patrimonio neto). No es para menos; los equipos están operando en modo supervivencia. Del precio poco se puede decir, pues sería preciso saber qué derechos económicos ha cedido LaLiga a cambio.

Con el dinero al caer, quedan pendientes tareas más complicadas, como mejorar y monetizar el impacto del fútbol español, con dificultades para competir con la Premier. Por el lado de los costes, el pacto sí incluye cláusulas para que evitar que los fondos (como pasó con los derechos de televisión) se canalicen directamente hacia fichajes de relumbrón. Está bien que así sea; se ha recorrido camino en el saneamiento de las cuentas del fútbol, pero queda por andar. Está en el debe de los dirigentes. No es el negocio futbolístico un ejemplo de gestión transparente, y ningún directivo ha sido forzado pistola en mano a firmar con turbios representantes contratos inflados en tiempo y condiciones. Si el fútbol necesita dinero del capital riesgo es en gran parte culpa suya, al haber priorizado las portadas sobre los números. Y si los fondos prefieren negociar con agrupaciones de equipos, y no con estos, por algo será.