La inversión sostenible para una rentabilidad 'adicional'

En la última década los fondos ESG han obtenido mayor rentabilidad que el resto, al tiempo que sus comisiones han sido inferiores

La actual coyuntura de tipos de interés bajos, en la que no se retribuyen las cuentas corrientes o depósitos en el banco, así como tampoco los bonos y letras del Tesoro, y que lleva ya vigente algún tiempo, está obligando a desbloquear la elevada proporción de ahorro mantenido en estos productos y forzando a los hogares a buscar alternativas de inversión con mayor rentabilidad. Una de estas alternativas puede ser la inversión con criterios ESG. Desglosando el acrónimo, podremos entender mejor en que se basa este tipo de inversión:

1. Environmental o medioambiental, es decir, centrada en financiar proyectos de compañías e instituciones focalizados en desarrollar soluciones a problemas medioambientales que afectan al planeta, con iniciativas como el aprovechamiento eficiente del agua, la gestión de residuos, la eficiencia energética, la desinversión en combustibles fósiles, o la conservación de los recursos naturales, o cualquier alternativa con vocación de fomentar la transición energética y la economía circular;

2. Social o social, dirigida a proyectos basados en la gestión de los vínculos de la empresa con la comunidad, incluidos los trabajadores, que promuevan los objetivos de desarrollo sostenible (ODS) y principios como la inclusión, igualdad, diversidad, representatividad y solidaridad, los derechos humanos, o iniciativas filantrópicas, y que estén guiados por un modelo productivo y social más ético;

3. Governance o de gobierno corporativo, que tiene en cuenta la calidad de la gestión de la empresa que promueve los proyectos de inversión, a través de criterios como la transparencia de las relaciones de la empresa con los accionistas y grupos con los que interactúa, empleados, clientes, proveedores, y administraciones, o la calidad de la propia gestión interna de la empresa, en áreas como la estructura de los consejos de administración o la remuneración de los directivos.

La inversión siguiendo criterios ESG está de moda e inevitablemente ha llegado para quedarse. Aunque las cifras varían, ya que todavía no hay estadísticas oficiales, todas las fuentes señalan un crecimiento significativo de este tipo de inversión en los últimos años. Morningstar, en su informe European Sustainable Funds Landscape: 2020 in Review estima que durante ese año los activos sostenibles bajo gestión en Europa ascendieron a 1.133 billones de euros, con una cifra que supone el 11% de los activos de los fondos europeos. Durante dicho año, los flujos de capital hacia fondos sostenibles se duplicaron con relación al 2019. Varios factores explican el aumento del capital invertido bajo estos criterios.

(a) Creciente sensibilización, preocupación e interés de los inversores por las cuestiones de responsabilidad social y conciencia ecológica global, que se ha acentuado en el último año a raíz de la pandemia que asola el mundo, y que en las generaciones más jóvenes es más evidente.

(b) Crecimiento continuo de los fondos ESG, con un universo de vehículos de inversión colectiva sostenible cada vez mayor. Los datos de Morningstar indican que en el año 2020 se crearon 505 nuevos fondos sostenibles a nivel europeo y se reposicionaron en este sentido 250 fondos adicionales, elevando el total de fondos sostenibles europeos a 3.196. Aproximadamente el 60% de los activos bajo gestión de estos fondos se dirige a renta variable, mientras un 20% se destina a renta fija.

(c) Mayor transparencia por parte de las empresas al reportar información más rigurosa y desglosada sobre los datos de impacto ambiental y social que generan las diferentes áreas de negocio, mostrando su capacidad de generar flujos de caja sostenibles en base a criterios ESG.

(d) Aumento de las emisiones de bonos verdes y sociales por parte de empresas y gobiernos, lo que facilita la creación de vehículos de inversión basados en activos de renta fija sostenible. En España, el Observatorio Español de la Financiación Sostenible, indica que las emisiones de bonos verdes y sociales han sobrepasado los 15.000 millones de euros en el año 2020, con un crecimiento del 54% sobre el 2019.

(e) Fuerte impulso normativo de los gobiernos, liderado por la UE, que en los últimos años ha aprobado legislación relevante para las inversiones sostenibles, en concreto el Reglamento (UE) 2019/2088 sobre divulgación de información de sostenibilidad en el sector de servicios financieros, conocido por sus siglas SFDR (Sustainable Finance Disclosure Regulation) y el Reglamento (UE) 2020/852 conocido como Reglamento de taxonomía. El objetivo de esta regulación es doble: por un lado, proporcionar un marco común que permita determinar si una actividad empresarial es sostenible en términos medioambientales, con el propósito de orientar los flujos de capital hacia aquellas actividades que fomenten la transformación ecológica y la economía circular; por otro lado, permitir a los ciudadanos comparar las opciones de inversión, también en términos de sostenibilidad, al obligar a las empresas de servicios financieros a publicar el grado de sostenibilidad de los productos de inversión que comercializan informando, no solo de los riesgos de sostenibilidad que suponen una amenaza para sus inversiones, sino también de los impactos negativos de estas sobre el clima, el medio ambiente, cuestiones sociales y de empleo, y respecto a los derechos humanos.

(f) Iniciativas políticas globales, como el fondo de recuperación Next Generation de la Unión Europea o las medidas más centradas en el desarrollo económico sostenible de la nueva administración de Estados Unidos.

La idea de que rentabilidad y sostenibilidad pueden ir de la mano es perfectamente válida. El estudio de Morninstar muestra que durante la última década los fondos europeos ESG han obtenido una rentabilidad superior a los restantes fondos (al mismo tiempo que sus comisiones han sido inferiores) que se explica por la mayor exposición que tienen a factores como el menor tamaño de las empresas, su mayor presencia en sectores tecnológicos, o su menor presencia en el sector energético tradicional.

Poder ser protagonista de la financiación de estos grandes cambios socioeconómicos es uno de los alicientes de la inversión sostenible, objetivo que no va reñido con la obtención de una rentabilidad financiera adecuada, sino todo lo contrario.

Laura Nuñez Letamendia / Marta Olba son Profesora de finanzas en IE University, IE Business School y directora del Observatorio de Ahorro Familiar (OAF)/ Experta en mercados financieros y colaboradora de OAF