Todo es propicio para invertir en fondos, pero el ahorro sigue en depósitos

La industria debe hacer un esfuerzo de divulgación para que el inversor perciba las ventajas frente a otros productos de ahorro e inversión

Los españoles hemos ido cambiando nuestras preferencias sobre las categorías de fondos más demandadas a lo largo de la breve historia de la industria en nuestro país. Sin embargo, los mayores cambios se han producido recientemente, y hay comportamientos relacionados con el ahorro y los productos financieros que, sorprendentemente, se mantienen. Quizás sea tiempo de iniciar una nueva era en el asesoramiento financiero.

En los 80, con una industria de gestión doméstica muy incipiente todavía, más del noventa por ciento de los fondos eran de renta fija. Con unos tipos muy altos, sobre todo en España, la rentabilidad nominal fue muy buena. En los 90 los inversores se mantuvieron en ese tipo de fondos y la rentabilidad siguió siendo buena, aunque haber invertido en renta variable en la década hubiera resultado mejor. Ya en el siglo XXI, con el recuerdo de los 90 y habiendo superado la crisis de las puntocom, más fácilmente que otras Bolsas, como la americana, vimos crecer los fondos mixtos y de renta variable del 2003 al 2007. Pero en 2008 la categoría con más patrimonio volvía a ser la renta fija euro a corto plazo y, los pocos valientes que ese año se mantenían en fondos puros de renta variable, seguían en bolsa española, lo que no fue la mejor elección.

Hasta mediados de la pasada década, los fondos monetarios, de renta fija y garantizados, continuaron siendo los de mayor proporción. Y, en los mixtos, mayoritariamente conservadores, la renta variable era casi exclusivamente europea. Pero en los últimos cinco años la foto ha variado. A finales de 2020, los saldos se concentran en fondos globales, aunque siguen siendo mixtos conservadores y moderados. En la banca privada el perfil agregado ya es mixto, subiendo desde conservador.

Un gran cambio ha sido el incremento de la inversión en IICs de gestoras extranjeras. Se partía de un saldo nulo a principios de este siglo y ha pasado a representar casi la mitad del saldo total en fondos. Aunque la inversión de las familias es solo de un tercio, según datos de Inverco, que lo calcula excluyendo a las personas jurídicas.

Muchos fondos españoles invierten en IICs extranjeras, no solo en fondos, también en ETFs. Es una forma eficiente que permite globalizar carteras, tras una década donde la Bolsa española ha tenido un muy mal comportamiento relativo. Así hemos ganado en globalización de inversiones y gestores.

Sin embargo, hay cosas que se mantienen igual. Dentro de la industria de gestión española, el patrimonio sigue muy concentrado en gestoras de bancos. Entre las diez primeras, que agregan más del 75% de los saldos, solo hay una no bancaria, la novena, y pertenece a una compañía de seguros. La gestora española independiente con más caudales está en la posición duodécima y hay que irse a la posición veinticuatro para encontrar la gestora de una banca privada.

Otra cosa que persiste y es, a mi modo de ver más preocupante, es el escaso porcentaje de inversión que se canaliza a través de fondos, ya sean españoles o extranjeros. En el año 2000 suponía el 14% del total de los activos financieros en manos de familias españolas. Y, entonces esperábamos que creciera, no solo en línea con el volumen de activos, sino en mayor medida por ser un producto financiero idóneo para personas físicas. Pero a finales del 2020 sigue en el 14%.

Y es curioso, porque el último informe del Observatorio de Inverco muestra que la mayoría de los encuestados ven el fondo de inversión como el mejor vehículo para canalizar la inversión a largo plazo. Pero esa visión no se ha convertido en un aumento del porcentaje de activos financieros. Mientras, los depósitos, suponen casi el 40% de los activos financieros y se ha incrementado desde el 34% del año 2000. De seguir así, a poca inflación que haya, los españoles sufrirán una pérdida de valor adquisitivo que será más relevante con el paso de los años.

Seguramente sean varias las causas de una utilización tan escasa de un producto financiero que, además de ofrecer gestión profesional, permite adaptar la inversión financiera a las diferentes situaciones de las familias a lo largo del tiempo, así como diferir el pago de impuestos. Pero urge, en mi opinión, un esfuerzo de divulgación.

Estas cifras, deberían servirnos para hacer un ejercicio de reflexión a banqueros y asesores financieros personales, e incluso a los medios de comunicación, sobre cómo, después de dos décadas de siglo XXI y más de cinco desde su existencia en nuestro país, no hemos sido capaces de transmitir con eficiencia las ventajas de los fondos frente a otros productos de ahorro e inversión.

Otra tarea, de vital importancia, es la ayudar a construir carteras de fondos con un riesgo adecuado al horizonte temporal de los objetivos a largo plazo. Esta es claramente misión de los asesores financieros y desde aquí animo a los inversores a que acudan a ellos y, no tanto a gestoras. Si no invierten con una estrategia planificada, muchos españoles corren el riesgo de descapitalizarse y acabar teniendo problemas, por ejemplo, para mantener su nivel de vida en la jubilación.

El futuro puede ser invertir con responsabilidad social, o acercarse a la renta variable por temáticas, en vez de por países o sectores. Pero sea lo que fuere lo que le llame la atención, no deje de invertir con asesoramiento profesional

Marta Diaz-Bajo es Directora de Soluciones de Inversión de Atl Capital