La falta de baterías puede acabar con Johnson en una tartana eléctrica

La producción de vehículos supone el 13% de las exportaciones de bienes de Reino Unido

Un inminente déficit de baterías corre el riesgo de dejar a la industria automovilística británica con las manos vacías. Ante la prohibición de las ventas de motores de combustión y la inminente limitación de las importaciones, el Gobierno necesita un fuerte aumento de la producción local para convencer a fabricantes de automóviles como BMW de que se queden en el carril.

Los fabricantes de automóviles Ford Motor y Nissan Motor y los conglomerados LG y Samsung están en conversaciones con el Gobierno en torno a la construcción de las llamadas gigafábricas para producir baterías para vehículos eléctricos, según el Financial Times. Garantizar que haya suficiente capacidad de fabricación de baterías en el país para empresas como Jaguar Land Rover y Toyota Motor es crucial: la producción de automóviles representa alrededor del 13% de las exportaciones de bienes de Gran Bretaña.

En la actualidad, el Reino Unido solo puede producir 2 gigavatios-hora al año, frente a los 49 GWh del resto de Europa, según Benchmark Mineral Intelligence. UBS calcula que los vehículos eléctricos representarán cerca de dos quintas partes de las ventas europeas en 2025. Esta proporción podría duplicarse en 2030, fecha en la que el primer ministro Boris Johnson ha previsto prohibir la venta de nuevos vehículos de gasolina.

Si se aplican las proyecciones de UBS a los casi dos tercios de los coches fabricados en el Reino Unido que se venden en Europa y se asume que el 18% del resto son vehículos sin emisiones de carbono –en línea con la demanda mundial estimada–, los fabricantes de coches británicos tendrían que producir 381.000 vehículos eléctricos en 2025, basándose en los aproximadamente 1,3 millones totales fabricados en 2019. Esto requeriría unos 23 GWh, según las cifras de la Sociedad de Fabricantes y Comerciantes del Motor del país. Compañías como Britishvolt planean producir como máximo el 70% de esa cifra, lo que podría permitir 250.000 motores de batería, o solo una quinta parte de la producción prepandémica. Incluso es improbable que eso esté disponible a tiempo, ya que las plantas de baterías suelen tardar entre cinco y siete años en alcanzar su plena capacidad.

Las normas comerciales suponen otro obstáculo en el camino. Aproximadamente la mitad de los coches fabricados en Gran Bretaña se envían a la Unión Europea. El acuerdo del Brexit establece que, a partir de 2027, al menos el 55% del valor de las piezas de los vehículos eléctricos debe proceder del Reino Unido y de la UE. Sin embargo, las baterías necesarias, que actualmente proceden en su mayoría de Asia, suponen dos quintas partes del valor económico de un coche, calcula la Faraday Institution. No haría falta mucho para que los componentes adicionales fabricados en el extranjero sobrepasaran el límite, lo que permitiría a Bruselas imponer un arancel en virtud de las normas de la Organización Mundial del Comercio.

Hay que aplaudir el ambicioso objetivo de Johnson de limitar los motores de combustión. Pero la falta de potencia implica que el país puede acabar conduciendo una tartana eléctrica.

Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de CincoDías