Tras un año sin eventos, el negocio de las flores revive

En 2020 las ventas en floristerías cayeron entre un 40% y un 50%

Este año el 70% ha logrado mejorar cifras previas a la crisis sanitaria

Floristería Sally Hambleton, en Madrid.
Floristería Sally Hambleton, en Madrid.

La primavera es la estación del color y las flores. También es la época que da comienzo a la temporada de bodas, bautizos y comuniones. Pero durante los meses más duros de la pandemia, en la primavera de 2020, no hubo demasiados motivos de celebración, y aunque los hubiera, estaba prohibido reunirse para festejarlos. Los eventos se pospusieron y las floristerías, como el resto de comercios no esenciales, cerraron. Nadie necesitaba flores.

Un año después, en cambio, el color ha vuelto a las floristerías, los hogares y las celebraciones. El sector recupera el pulso poco a poco, pero el golpe ha sido duro, recuerda la directora de la Asociación Española de Floristas (AEFI), Olga Zarzuela. “Al tener que cerrar, las floristerías perdieron todo el producto que tenían y tuvieron que realizar una completa inversión de producto para la reapertura con un coste medio de 2.500 a 3.000 euros”, reconoce. La asociación estima que en 2020 las ventas cayeron entre un 40% y un 50% en comparación con un año normal.

Lo bueno es que las cifras ahora están mejorando incluso por encima de los meses precovid. “El 70% de las floristerías ha vendido en torno a un 30% más que en 2019, un 25% ha mantenido sus ventas y un 5%, que no es muy significativo, ha disminuido ventas, según una encuesta realizada a nuestros asociados”, comenta Zarzuela. En San Valentín, por ejemplo, una celebración que en 2020 no sufrió la crisis sanitaria, las ventas han crecido un 10% en 2021, y el incremento ha sido aún mayor en el Día de la Madre. “Estos buenos datos y la recuperación que se va produciendo nos hace ser optimistas, pero hay que ver que se vaya consolidando”, reconoce la directora de AEFI.

Las Flores de Reding, ubicada en Marbella, es una de las muchas floristerías que ha tenido que reinventarse para sobrevivir. Su dueña, Luisa Hafner, asegura que uno de los cambios ha sido poner en marcha la web para la venta online, una idea que estaba pensada pero sin finalizar. “Hemos resistido a base de trabajar el doble de horas y decir, aunque solo gane un euro lo hago. Antes, a lo mejor, te pedían un ramo en un domingo y decíamos que no, ahora el no, no existe”, confiesa. Una de sus fortalezas ha sido llevar el mantenimiento de hoteles de lujo como el Marbella Club, que, asegura, ha mantenido el mismo nivel desde que pudo abrir en junio del año pasado.

Luisa Hafner en su floristería Las Flores de Reding, en Marbella.
Luisa Hafner en su floristería Las Flores de Reding, en Marbella.

Más desapercibido pasa Harvest Wood & Flowers, que no es una floristería al uso, sino un humilde taller de flores situado en una casa de piedra y madera en un pequeño pueblo de Cantabria. Sus ventas fueron nulas durante los meses de confinamiento porque, a diferencia de ahora, ni siquiera contaban con una página web para hacer pedidos online. El dueño del negocio, Roberto Mora, asegura que antes de terminar ese periodo y coincidiendo con el Día de la Madre, tuvieron un boom de pedidos: “La gente estaba ansiosa porque no podía ir a las tiendas y a nosotros, a través de las redes sociales, nos hicieron muchísimos pedidos”. Su especialidad son los ramos de estilo campestre, muy naturales pero con flor seca y preservada. En cuanto al tipo de consumidor, según Mora, el objetivo no es llegar a un público de masas, sino trabajar de manera exclusiva.

Roberto Mora en Harvest Wood & Flowers, en Cantabria.
Roberto Mora en Harvest Wood & Flowers, en Cantabria.

La floristería Sally Hambleton, en Madrid, que lleva el nombre de su dueña, cuenta con tienda online desde hace años, pero solo en la capital. Gracias a la pandemia, Hambleton no solo se ha animado a extender el negocio virtual a toda España, sino que ha creado una división de hogar “que ha aumentado las ventas sustancialmente”, afirma. “Notamos un boom bastante importante a la hora de comprar flores para consumo propio o para mandarlas a los seres queridos que no has podido ver en tantísimos meses”, explica la florista.

Sally Hambleton preparando ramos, en Madrid.
Sally Hambleton preparando ramos, en Madrid.

Para Mora, el confinamiento ha producido un cambio de mentalidad en la ciudadanía, que demanda rodearse de belleza y naturaleza más que nunca: “La gente se está dando cuenta de que tener flores en casa alegra la vida, que generan emociones”, recalca. Hafner coincide en que después de la crisis sanitaria, el cliente ha aprendido a valorar estos pequeños detalles. “Pasamos más tiempo en casa, damos más atención a terrazas, patios y jardines. Se ha descubierto el hobby de la jardinería y cuidado de plantas como algo que se disfruta y relaja”, explica. Hambleton lo resume así: “Antes las flores se compraban siempre por compromiso y ahora empiezan a comprarse para uno mismo”.

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