El Covid-19 aumenta la necesidad de invertir en talento

Las regiones más prósperas invierten más en este factor y, a la inversa, las que apuestan por este objetivo logran más riqueza

La pandemia ha puesto de manifiesto que las sociedades que cuidan y fomentan el talento están mejor preparadas para abordar con éxito los múltiples problemas –sanitarios, sociales, y económicos– que han debido afrontar en un tiempo record y en circunstancias muy adversas. La Comisión Europea reconocía que “la UE está perdiendo actualmente la carrera mundial por el talento. Otros países de la OCDE, como Estados Unidos, Canadá y Australia, atraen más talento del extranjero. (…) Europa tiene una población que envejece y disminuye, y una escasez de oportunidades que deben abordarse”.

El Insead, prestigiosa escuela de negocios con sede en París, lleva varios años ofreciendo el Índice Global de Talento (Global Talent Competitiveness Index), cuyo objetivo es clasificar a algo más de 130 países según su capacidad para atraer y retener el talento. En 2020 España ocupaba la posición 32 de un ranking encabezado por Suiza. La Fundación Cotec y el Instituto Valenciano de Investigaciones Económicas (Ivie) ofrecieron, en 2019, el primer Mapa del Talento para España y sus comunidades autónomas, adaptando la metodología del Insead a la elaboración de un indicador sintético que las ordenara de acuerdo con su capacidad para promover, atraer, desarrollar y retener talento, así como por su papel como dinamizador del empleo y el conocimiento.

Recientemente se ha presentado la edición correspondiente a 2020 con dos novedades. La primera es que la selección de variables se ajusta mejor que la original del Insead a las circunstancias de los países desarrollados. Y la segunda, que tiene expresamente en cuenta las nuevas necesidades que la Covid-19 ha puesto de manifiesto. Ello ha aconsejado reforzar las variables que miden las dotaciones y capacidades de los diferentes territorios en tres aspectos cruciales: el sanitario y medioambiental, la digitalización, y la resiliencia de empresas y trabajadores para hacer frente a una crisis como la que estamos viviendo. El objetivo del ejercicio no es tanto ordenar a las CCAA como ofrecer una batería de indicadores estructurados en torno a la idea del talento que puedan servir de diagnóstico y guía para la recuperación de la economía española tras la pandemia.

Más concretamente, se utilizan una cincuentena de variables agregadas en torno a seis pilares. El primero mide cuan favorable es el entorno –de mercado, de negocios, y de trabajo– hacia la generación de nuevo talento. El segundo, su capacidad para atraerlo, que a su vez depende de lo abierta que sean las economías, tanto al exterior como a ofrecer oportunidades a las mujeres. El tercero, su capacidad para crecer, que se mide en gran medida por las posibilidades que ofrece la educación formal y el aprendizaje a lo largo de la vida. El cuarto, sus atractivos para retener el talento, que dependen de entornos agradables favorecidos por la sostenibilidad y la calidad del estilo de vida. El quinto pone el énfasis en las cualificaciones de nivel medio de las que dispone la población, así como de la empleabilidad de sus trabajadores. El máximo nivel de exigencia se encuentra en el pilar seis, referido a la disponibilidad de trabajadores, profesionales, investigadores, científicos, ingenieros, graduados STEM, y personal de alta dirección, todos ellos con habilidades digitales avanzadas. Se trata, en definitiva, de indicadores sobre la calidad de un territorio para que el talento fertilice y se convierta en uno de los principales motores sostenibles de crecimiento y bienestar.

El indicador global de talento ofrece un ranking para las CCAA españolas que no es muy distinto si se utilizan las variables propuestas por el Insead o las revisadas en esta última edición. Los primeros puestos los ocupan la Comunidad de Madrid, Comunidad Foral de Navarra, País Vasco y Cataluña. En la parte inferior también se mantienen las mismas comunidades en los dos informes, aunque Región de Murcia y Canarias ganan un puesto que pierden Extremadura y Castilla La Mancha.

Sin embargo, los ligeros cambios en el índice global no son tan pequeños cuando se observan los que se producen en la ordenación regional de cada uno de los pilares. Ello permite detectar mejor, y corregir, todo aquello que impacta negativamente en el indicador de talento. Por ejemplo, Madrid –que ocupa la primera posición en el ranking global– pasa a ocupar la posición décima en el pilar 4, retener, como consecuencia de su reducido gasto público en protección social, en salud, en dotaciones sanitarias, en protección ambiental, así como por el tiempo invertido en ir al trabajo. El País Vasco ocupa también una posición relativamente desfavorable en el mismo pilar, la séptima, como consecuencia del reducido gasto público en salud, protección social, ambiental, así como su escasa capacidad para generar energías renovables. Por el contrario, las primeras posiciones de este pilar las ocupan Navarra, Asturias, y Castilla y León.

El informe también pone de manifiesto que las diferencias entre las CCAA son menores en los primeros pilares, que son los que recogen las variables que ponen las bases para desarrollar el talento. Las mayores diferencias se producen en el pilar seis, el más exigente. Este resultado apunta a que lo que diferencia a las CCAA no tiene tanto su origen en las dotaciones iniciales como en su capacidad para transformarlas en resultados.

Por último, el trabajo muestra la elevada correlación entre la ordenación de las comunidades por el índice de talento Cotec-Ivie y la ordenación por PIB per cápita. Esta elevada correspondencia puede ser evidencia de la existencia de un círculo virtuoso que explica que las comunidades más prósperas son las que más cuidan la inversión en talento y, a la inversa, que las que más atención prestan al talento alcanzan un mayor nivel de bienestar económico. Para evitar la improvisación acelerada a la hora de concretar el destino del gasto vinculado al Plan de Recuperación para Europa Next Generation EU podría resultar muy útil analizar las carencias que más inhiben el impacto deseado de la incorporación del talento y su transformación en progreso y bienestar.

Matilde Mas/ Javier Quesada son Catedráticos de Análisis Económico en la Universidad de Valencia e investigadores del Ivie