Cómo combatir la inflación

Ante la dificultad de adivinar las distintas estapas del ciclo económico, la mejor opción siempre es invertir en negocios excelentes a largo plazo

La crisis del Covid-19 ha provocado una consecuencia indirecta con la que pocos contaban hace un año: la vuelta de la temida inflación. Los problemas en las cadenas de suministro globales y las paradas (totales o parciales) de fábricas y procesos productivos como consecuencia del Covid-19 están distorsionando la oferta de bienes, cuyos precios se están disparando hacia máximos históricos en muchos casos. Al mismo tiempo, unos planes de estímulos sin precedentes, tanto fiscales como monetarios, están empujando al alza las expectativas de recuperación de la economía, animando aún más el incremento de los precios.

La vuelta de la inflación nos deja un panorama complejo en el corto plazo. El activo más perjudicado es la renta fija. En un entorno de tipos de interés reducidos (o negativos) y de inflación elevada, los tipos de interés reales no son suficientes para mantener el poder adquisitivo del ahorrador o del inversor conservador. La situación es algo más atractiva para el inversor moderado o agresivo, que invierte en renta variable, cuyos rendimientos no son tan negativos en los periodos de incremento de la inflación. No obstante, no todos los sectores se comportan igual en un entorno inflacionario.

Los sectores cíclicos, ligados a la evolución del ciclo económico, suelen ser los que mejor se comportan en un entorno de recuperación económica y repunte de la inflación. Sectores como el bancario, las materias primas o los automóviles suelen ser grandes ganadores en este entorno. Es cuando se activa de nuevo el apetito por el ciclo, las bajas valoraciones y los altos apalancamientos para aprovechar el tirón que puedan tener los negocios de este perfil en un entorno de recuperación económica. Este apetito por los negocios cíclicos se hace en detrimento de los activos defensivos y de fuerte crecimiento, cuyas valoraciones son mucho más exigentes y únicamente se sostienen en un entorno de baja inflación y bajos tipos de interés, que es cuando los inversores tienen que buscar nuevas alternativas de riesgo y están dispuestos a pagar más por unas expectativas optimistas que por una realidad pesimista.

Es importante conocer esta división (ciclo vs defensivo) ya que los ciclos económicos provocan rotaciones de mercado constantemente. En periodos de recuperación económica, cuando las expectativas de inflación suben y los tipos de interés de largo plazo repuntan, los activos cíclicos lideran las subidas en los mercados. Cuando el ciclo económico se ralentiza, las expectativas de inflación se reducen y la política monetaria se vuelve expansiva, los negocios defensivos y de fuerte crecimiento se convierten en los nuevos líderes. Por tanto, el inversor tiene dos opciones: (1) adivinar las distintas etapas del ciclo económico e invertir en activos cíclicos o defensivos en función del momento de mercado o (2) invertir en negocios de calidad a largo plazo. Les deseo mucha suerte con la primera opción…

Entendemos por negocios de calidad aquellos negocios que cumplan estos requisitos: (1) capacidad para crecer a un ritmo atractivo de manera constante, sin importar el momento del ciclo en que nos encontremos, (2) capacidad para obtener una rentabilidad (ROCE) elevada, (3) negocios que dispongan de un claro liderazgo y de fuertes ventajas competitivas que les ayuden a mantener alejada a la competencia y les permita proteger su alta rentabilidad y encontrar nuevas fuentes para seguir creciendo de manera recurrente y (4) negocios con un balance sólido, que no tengan una deuda excesiva que comprometa su supervivencia en periodos de desaceleración económica o que les impida aprovechar las oportunidades de invertir para seguir creciendo.

El inversor que decida invertir en este tipo de negocios no solo obtendrá mejores resultados, en promedio, que el resto del mercado a largo plazo, sino que no sufrirá tanto como el resto del mercado en función de la etapa del ciclo en que nos encontremos, ya que son negocios que por su perfil de calidad están protegidos ante cualquier adversidad. El ejemplo más reciente es el de la pandemia del Covid-19, cuando los negocios de calidad aguantaron mejor las profundas caídas del mercado y lideraron las subidas posteriores.

Para los negocios de calidad, la inflación no supone ningún problema. Sus ventajas competitivas, como puede ser una marca (Zara, Apple, Estée Lauder…), una red de clientes o usuarios (PayPal, Amazon, Google, Facebook…) o un software o servicio líder (Microsoft, SAP, Salesforce…), les garantiza un poder de negociación enorme, del que pueden hacer uso para subir precios en entornos inflacionarios y traspasar los mayores costes a los clientes sin que ello tenga un impacto en sus volúmenes de ventas, por lo que sus ingresos crecen aún más en periodos de inflación.

Asimismo, cuando la economía se ralentiza y la demanda se resiente, estos negocios siguen disfrutando de una demanda estable y recurrente. Además, en caso de sufrir una caída coyuntural de la demanda, su situación financiera les permite sobrevivir sin ningún problema y salir reforzados (probablemente haya competidores en peores circunstancias que no sobrevivan a los tiempos difíciles).

Por lo tanto, ante la dificultad de adivinar las distintas etapas del ciclo económico, la mejor opción siempre es la de invertir en negocios excelentes a largo plazo. De esta manera estaremos protegidos ante la inflación, la desaceleración económica o ante una pandemia. El único problema de esta estrategia es el propio inversor, que puede sentir un deseo enorme por sumarse a la ola de los ganadores y sacrificar su tranquilidad futura por una satisfacción inmediata. Pero cuando dejamos de lado los fundamentales, los errores se pagan muy caros.

En Bolsa, a largo plazo no gana quien tenga más aciertos, sino quien tenga menos errores. Y las empresas de calidad son el mejor refugio para el inversor a largo plazo.

Álvaro Jiménez es gestor de Renta Variable en Gesconsult