El absentismo del Gobierno y la demagogia fiscal del PP

La vacuna está a punto de vencer a la pandemia y los dos grandes partidos siguen a lo suyo, sin hacer pedagogía con lo que viene

Un año después del fin del confinamiento, España tiene a más de 14,3 millones de españoles vacunados con al menos una dosis, y casi siete con la pauta completa. Es el camino para poner punto final al enorme coste en vidas y destrucción económica que está teniendo el coronavirus y cuya reconstrucción seguramente va a llevar más de una década. El reto a afrontar es mayúsculo y desgraciadamente coincide con un período de distanciamiento entre los dos grandes partidos, lo que dificulta alcanzar pactos de Estado para la recuperación y la necesaria pedagogía para que los ciudadanos entiendan los sacrificios que vendrán.

Los registros oficiales señalan que la pandemia ha segado la vida de más de 79.200 españoles, aunque la cifra real de fallecidos supera los 111.000, que es el mayor número de muertes que se ha producido en los 14 meses que van de pandemia (marzo 2020 – mayo 2021) comparados con el mismo período de los años previos.

En cuanto al parte de daños económicos, el destrozo en las cuentas públicas es enorme y queda por ver la mortalidad empresarial en el sector privado. En 2020, las Administraciones Públicas registraron un déficit de 123.072 millones de euros, que es consecuencia de una caída de los ingresos de 24.487 millones, por menor actividad, y un aumento del gasto de 62.958 millones, de los que el Covid-19 es responsable directo de 44.907 millones. Este deterioro de las cuentas continúa durante este año y el conjunto de la deuda pública española supera ya 1,35 billones de euros, lo que equivale al 120% del PIB.

La devolución de esta deuda es la enorme losa que se va a arrastrar durante varias generaciones. Esta herencia va a ser manejable gracias a que España forma parte de la UE y de la zona euro, lo que ha posibilitado que el Banco Central Europeo haya cubierto todo ese déficit sin dudar y a un tipo de interés casi cero. Es más, la UE está dispuesta a regalar a España 72.000 millones de euros y prestar otros 68.000 millones en condiciones ventajosas para insuflar energía a la economía española, recuperar empleo y actividad lo más rápido posible, por eso quiere que se gasten/inviertan en tres años.

Por tanto, España tiene la mala noticia del enorme sobreendeudamiento del país y la buena de que sus socios están dispuestos a facilitar todo lo posible para que se pueda devolver a bajos tipo de interés y en cómodos plazo. La generosidad europea va a demandar reformas en materia laboral, fiscal y de pensiones, y a todo ello ayudaría un mejor clima político.

Ante esta coyuntura, ¿qué están haciendo los partidos políticos de este país?, especialmente los que gobiernan España y las autonomías. Lo que se aprecia cada día, especialmente los miércoles en la sesión de control del Gobierno en el Congreso, es poco edificante, tanto que se entiende que la noticia de la semana sea que Pablo Iglesias se corta la coleta.

La obsesión con las elecciones ha hecho desaparecer la necesaria pedagogía para explicar el camino que va a tener que recorrer este país en la próxima década. Ningún partido quiere contar la verdad, porque la realidad es dura, y prefieren utilizar el ardid, cuando no la mentira. Así, la política española se ha convertido en un camión cisterna cargado de una mezcla de demagogia y absentismo, conducido por el Gobierno y la oposición y que se precipita sin frenos contra la gente, que mira con perplejidad el descontrol de semejante bomba.

Todos los organismos internacionales, da lo mismo el FMI, que la OCDE o la UE, han señalado que es imprescindible tomar todo tipo de medidas que reactiven la economía y dejar el reequilibrio de las cuentas públicas, la subida de impuestos, paran cuando la recuperación sea realidad. El Gobierno ha aterrizado este mensaje diciendo que antes de 2023 no va a subir impuestos, pero cuesta tener certezas entre tanto borrador y error gubernamental y el ruido opositor.

Pues con este contexto, en la campaña electoral de Madrid se ha podido ver a los tres partidos de derechas ofreciendo bajadas de impuestos, cuando no lo han hecho en sus dos años de gobierno porque saben que es imposible. Al tiempo, los tres grupos de izquierdas en vez optar por explicar la realidad, estuvieron tentados, especialmente el PSOE, de sumarse a la demagogia fiscal del PP.

Esto mismo que se vio en el Congreso, este miércoles, cuando Teodoro García Egea, número dos del PP, recordaba con alborozo el desgraciado aniversario del duro ajuste que tuvo que anunciar el presidente José Luis Rodríguez Zapatero en mayo de 2010, y desde la bancada del Gobierno se respondía con entusiasmo con el que tuvo que aplicar Mariano Rajoy dos años después. Zapatero y Rajoy hicieron aquellos ajustes muy a su pesar, como va a pasar en dos o tres años.

Esta demagogia fiscal está siendo acompañada por un lamentable absentismo del Gobierno central en la gestión de la salud pública desde el verano pasado. ¿Por qué no ha accedido a prorrogar el estado de alarma si se lo piden gobiernos regionales de todo signo? Las elecciones que ha habido desde que estalló la pandemia (Galicia, País Vasco, Cataluña y Madrid) han premiado a quien ha gestionado la sanidad, lo hayan hecho a la gallega o a la madrileña. Es más, en Cataluña, el premio se lo ha llevado el que fuera ministro de Sanidad de España.

Por tanto, queridos dirigentes, recuerden que el ciudadano vota a quien se remanga, no rebusquen en ajustes anteriores y abandonen el nihilismo. Los ciudadanos tienen capacidad de entender que va a haber sacrificios, pero hay que enmarcarlos dentro de un plan de futuro mejor para todos, no solo para el que gana las urnas. Tienen un buen punto de partida en el informe que presentó ayer el Banco de España.

 Aurelio Medel es Doctor en Ciencias de la Información. Profesor de la Universidad Complutense