Humanos y animales, un vínculo que se estrecha (demasiado)

Se disparan las enfermedades zoonóticas como el Covid-19

La pérdida de biodiversidad y el tráfico de especies, principales causas

Murciélago Covid
Un murciélago en un laboratorio. Getty Images

El Covid-19 es la más reciente y preocupante actualmente, pero los expertos advierten de que no será la última enfermedad infecciosa de origen animal (zoonosis) en desencadenar una pandemia, si no cambiamos muchos aspectos de nuestra vida y cuidado del entorno. En las últimas décadas se han incrementado de tal manera que hoy suponen en torno al 75% de las enfermedades humanas emergentes.

“Siempre ha existido zoonosis, especialmente desde el comienzo del Neolítico, que conllevó un contacto más íntimo entre animales y humanos. El problema es que han aumentado, son más frecuentes y se extienden rápidamente con la globalización”, aclara Fernando Valladares, profesor de Investigación del CSIC (Consejo Superior de Investigaciones Científicas).

Las causas son muchas, “la mayoría vinculadas con nuestra relación insostenible con la naturaleza”, afirma. Entre las que enumera el experto del CSIC está la merma de la biodiversidad, “con lo que se pierden los mecanismos de amortiguación y de dilución de la carga de patógenos en el ambiente”; la manipulación y tráfico de muchas especies de fauna “que aumentan los riesgos de contacto con nuevos patógenos”; la manipulación en condiciones poco saludables y sin medidas sanitarias de animales vivos “sometidos a estrés y malnutrición, lo que debilita sus sistemas inmunes y, por tanto, los vuelve más infecciosos”, o la degradación ambiental en general, que favorece contagios entre especies y, eventualmente, el salto a humanos.

Más población y movilidad

Apoya esas explicaciones Jordi Serra-Cobo, miembro del Instituto de Investigación de la Biodiversidad (IRBio) de la Universidad de Barcelona. “La modificación de los sistemas naturales está siendo rápida y de gran envergadura y facilita el salto de especie; la demografía humana aumenta y se concentra en áreas metropolitanas, permitiendo la amplificación de los contagios, y la gran movilidad de personas y mercancías sin precedentes en nuestra historia incrementa la probabilidad de propagación a escala global”, mantiene.

A ello hay que sumar los efectos del cambio climático, que facilitará la propagación de enfermedades infecciosas a nuevas regiones del planeta “y pondrá en circu­lación nuevos patógenos actualmente atrapados en el permafrost”, detalla.

Las afecciones que se originan en la fauna suponen el 75% de las emergentes

Asimismo, el crecimiento de la población conlleva que cada vez haya mayor presión sobre hábitats silvestres, aumentando los contactos entre fauna salvaje, animales domésticos y humanos.

“Tenemos que pensar que la fauna silvestre alberga millones de agentes infecciosos potencialmente zoonóticos y que el aumento de contactos entre animales silvestres, fauna doméstica y humanos ofrece a estos agentes infecciosos mayores oportunidades de superar la barrera de especie y adaptarse a nuevos huéspedes y, finalmente, al hombre”, advierte José Luis Gardón Gutiérrez, presidente de la Asociación de Veterinarios Titulares y de Funcionarios Veterinarios al Servicio de la Administración Pública.

Para hacernos una idea de la magnitud de la amenaza a la que nos enfrentamos, se calcula que existen 1,67 millones de especies de virus distintas. De ellas, entre 631.000 y 827.000 podrían ser potencialmente zoonóticas, según Gardón.

La vacunación de hospedadores sería la mejor arma, pero no siempre es viable

En cuanto a la prevención o el control de las zoonosis en el hombre, exige antes, o a la vez, la de los animales. “Sin resolver el problema en ellos, no se resuelve el humano”, apunta Elías Fernando Rodríguez Ferri, catedrático de Sanidad Animal de la Universidad de León, en referencia al concepto one health (una salud), una estrategia mundial para aumentar la comunicación y la colaboración interdisciplinar en el cuidado de la salud de las personas, los animales y el medioambiente, entendiendo que todas están ligadas entre sí.

Rodríguez Ferri considera que la vacunación a animales, cuando existe, es la herramienta más valiosa, pero en muchas zoonosis, sobre todo las que tienen su origen en especies salvajes, o no existen antígenos o la inoculación es difícil o imposible. Es el caso de hospedadores como las aves migratorias, los murciélagos o los roedores.

Los veterinarios reivindican su papel en la prevención

Protección. Los veterinarios reclaman jugar un papel de más peso en la prevención de enfermedades. “La aportación del punto de vista veterinario en la gestión de esta pandemia de origen zoonósico es un hecho crucial y supone un pilar fundamental para dar sentido al mandato constitucional que reconoce el derecho de todas las personas a la protección de la salud y atribuye a los poderes públicos la competencia para organizar y tutelar la salud pública a través de medidas preventivas”, argumenta Luis Alberto Calvo Sáez, presidente de la Organización Colegial Veterinaria (OCV). “Los veterinarios estamos para preservar la salud pública, ya que luchar contra los patógenos que causan enfermedades en los animales equivale a prevenir la aparición de las enfermedades infecciosas emergentes y reemergentes que afectan al hombre”, abunda.

Otras dolencias. Estamos actualmente centrados en el Covid-19, pero la tiña, el ébola, la malaria, la tuberculosis, la salmonelosis, la gripe aviar, el síndrome de las vacas locas e incluso el sida son todas enfermedades transmitidas por animales a humanos.

Efectos. Según datos de la Red Europea de Riesgos Emergentes (EREN), las patologías que se transmiten entre especies afectan cada año a más de 300.000 personas en la Unión Europea.

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