Comercio electrónico: ¿vacuna contra la crisis o víctima de esta?

Urge digitalizar la economía, y eso pasa por simplificar y abaratar la burocracia mediante el uso de la tecnología

El comercio electrónico es un indicador de modernidad y prosperidad en cualquier país: un reflejo de la consolidación tecnológica y de la digitalización de la economía, y un impulso a la democratización del consumo. Sin embargo, mientras este sector promete un gran crecimiento a pesar de la crisis, paradójicamente es esta –y la falta de inversiones– la que obstaculiza el impulso a la verdadera digitalización.

El comercio electrónico es uno de los sectores de más rápido crecimiento en muchos países. Nuestras previsiones para 2021 indican que España registrará un volumen de compras online superior a los 40.000 millones de euros, lo que supone aproximadamente un 4% de nuestro PIB.

Este será un año de grandes oportunidades para muchos retailers y sus canales online. Si en 2020 se estimaba que el canal digital crecería un 20%, según ecommerce rentable, la pandemia propulsó este crecimiento a otro nivel porque impactó a todos los consumidores, desde los que ya compraban online y se sentían cómodos haciéndolo, a aquellos que no lo hacían, pero no les quedó más remedio.

El comercio electrónico en España seguirá creciendo por encima de la media (en 2020 fue el tercero después de Malasia y Finlandia). Esto se debe a varios factores, desde el confinamiento a una menor madurez digital inicial del mercado, pasando por la profusión de días promocionales como Singles Day, Black Friday, Cyber Monday… y la explosión del mcommerce y sus pagos ultrarápidos. Igualmente, aunque el ecommerce crece, y mucho, el crecimiento se lo están llevando, en gran parte, empresas internacionales, con lo que hay un trasvase del negocio nacional al internacional: Amazon y AliExpress tendrán un 20% del mercado digital a finales de 2021.

Esta evolución dependerá de múltiples factores, sobre todo socioeconómicos. En muchas zonas no se plantean abrir la actividad no esencial hasta mayo (de no prorrogarse el Estado de Alarma, las restricciones, etc.), e igualmente la vacunación se extenderá hasta finales del verano o incluso del año. A ello se suma que una de las prioridades de las familias será poder disfrutar de vacaciones, que se llevará una parte importante del dinero ahorrado... siempre que puedan gastarlo, lo que dependerá de las normas sobre movilidad.

A esto debemos añadir un problema que llevamos años arrastrando: España tiene deberes pendientes en inversión en I+D+i y en democratizar la digitalización. Es verdad que es uno de los países de la UE que más han avanzado en los últimos años, según el Índice de la Economía y la Sociedad Digitales (DESI) de 2020, y que está por encima de la media gracias a la buena conectividad de las redes y las capacidades digitales de la población.

Sin embargo, el informe La Digitalización de la Economía, del Consejo Económico y Social, muestra la dificultad de acceso de las áreas rurales a unas redes con suficiente ancho de banda. Algo menos de la mitad de los municipios rurales españoles (con densidad de población inferior a 100 habitantes por km2), que representan un 80% del total, puede navegar a velocidades superiores a 100 Mbps. Tampoco ayudan las menores capacidades o habilidades digitales de los internautas para acceder a servicios avanzados, asi como el comercio electrónico: en España un 63,8% de los usuarios hacen compras online, ocho puntos menos que la media de la UE-28.

Por tanto, además del esfuerzo de los actores del sistema –compradores, vendedores, canales–, será esencial el apoyo de la Administración, tanto local y nacional como comunitaria. Hablando de la UE, la llegada de los fondos europeos es una de las pocas oportunidades que vamos a tener de cambiar radicalmente la economía del país y, con ello, su propuesta de valor.

Nuestra apuesta pasa por digitalizar la economía, y eso pasa por simplificar y abaratar la mayoría de procesos burocráticos mediante el uso de la tecnología, equiparándonos a los países punteros. Se trata de incentivar al emprendedor y que puedan despegar ideas, innovadoras o no, pero que al menos tengan la oportunidad de empezar sin ataduras económicas y legales.

También, por facilitar un ecosistema digital donde empresas de perfil similar puedan interactuar e incluso compartir espacios. Es decir, consiste en retroalimentarse y mejorar continuamente para ofrecer un producto mejor a un mercado más grande, nunca operar en un mercado local (y menguante en el caso español).

Por último, atraer talento y empresas digitales a esos entornos creados. Quizás hay que promover cambios a todos los niveles y ser agresivo a la hora de vender la idea a estas empresas. Traer negocio al país repercute positivamente de muchas maneras, no solo por los impuestos directos.

Y algo complementario: hay que cambiar la mentalidad tradicional que valora una propuesta solo por el ahorro que pueda generar, a otra que mira por la mejora sobre el punto de partida, ya sean ventas, eficiencias, tiempo, procesos… Hay que pensar a largo plazo, y no solo mirar el corto. Más allá de las Administraciones (nacionales e internacionales), hay un grave problema financiero en las empresas, y mucha incertidumbre a la hora de hacer inversiones esenciales en modernizar los canales de venta. Igualmente, hay poca formación digital en los puestos ejecutivos y del Consejo, y desconocimiento sobre qué hacer, lo que lleva a que el peso de muchas decisiones recaiga sobre personas muy específicas, con el consiguiente riesgo.

Daniel Carnerero es Vicepresidente de Astound Commerce para España y Portugal