Creando valor: la ventaja de ser privado y pequeño

La inversión en capital privado enfocado en pymes europeas será un ‘imprescindible’ en las carteras de los inversores en los próximos años

En el mundo de la inversión, el compromiso y las miradas puestas en el largo plazo tienen su recompensa. La inversión alternativa, en particular el capital privado, mal llamado en España capital riesgo, ha estado siempre en un tercer o cuarto plano, obviando las grandes ventajas del mismo. Digo mal llamado porque la inversión en activos no cotizados no implica riesgo per se, el riesgo siempre es inherente a la calidad del activo en cuestión y no al hecho de que cotice o no en un mercado en particular. La inversión alternativa en activos empresariales privados bajo ciertos parámetros de diversificación ofrece unas ventajas considerables en rentabilidad obtenida con una baja volatilidad, a cambio de un compromiso a largo plazo por parte del inversor.

El abecé de cualquier producto financiero que se precie radica en la creación de valor. La creación de valor empresarial requiere un desarrollo y una estabilidad. Los equipos directivos a la hora de incrementar los beneficios empresariales implementan diversas estrategias de crecimiento orgánico (entrada en nuevos mercados, nueva gama de productos, nuevos servicios, etc.) e inorgánico (comprando e integrando competidores, implementando sinergias de costes e ingresos derivadas de procesos de fusiones, etc.). Dichas estrategias requieren de una materia prima sin la cual no se podrían ejecutar: el tiempo.

Un buen gestor de inversiones debe tener esto en cuenta y trasladar al inversor que la construcción de una cartera sólida requiere paciencia para materializar las plusvalías y rentabilidades proyectadas, evitando decisiones cortoplacistas basadas en periodos de caídas de valoraciones que impiden beneficiarse de los desarrollos y planes empresariales en el largo plazo. “En tiempo de desolación, no hacer mudanza, más estar firme y constante en los propósitos” como decía el gran Ignacio de Loyola. Esto lo podemos apreciar muy bien en las inversiones en compañías no cotizadas, que no están expuestas al vaivén de los mercados.

Mantener la compañía privada, sin cotizar, hace posible que los directivos puedan poner el foco en el largo plazo y puedan tomar decisiones que sacrifiquen ciertos quick wins del corto plazo en pos de sentar unas bases sólidas para el medio o largo plazo sin la presión de un mercado bursátil. Este tipo de actuaciones pueden ser tan diversas como desde una inversión potente en capex y opex tecnológico que asiente las bases de una transformación digital, hasta inversiones en formación y marketing de equipos comerciales que no verán sus frutos hasta pasados unos años. Esa creación de valor, pese a necesitar un plazo de tiempo para desarrollarse, está acotada a un plazo determinado en los fondos de capital privado, lo que facilita la alineación de intereses del inversor y el gestor, poniendo fecha limite a los planes de negocio y obtención de resultados.

Dentro de los activos privados, podemos observar que la creación de valor es más asequible y fácil de conseguir en los activos de tamaño mediano o pequeño. Según datos de Preqin, en media, los fondos que operan en Europa occidental a través de pymes con un EV en torno a los 20-70 millones de euros, son más rentables en media que los fondos que operan en los grandes mercados realizando grandes operaciones corporativas. Esta circunstancia no es debida a que los gestores de activos pequeños sean más trabajadores e inteligentes, sino a la naturaleza de los activos empresariales de tamaño mediano o pequeños. Ahora veremos por qué.

Cuando un fondo de capital privado se dispone a realizar una inversión, su creación de valor va a estar basada en tres pilares fundamentales: el arbitraje de múltiplo, el incremento del Ebitda y un apalancamiento financiero óptimo. Si analizamos estas tres palancas de creación de valor, podremos ver cómo las compañías de tamaño pequeño las pueden accionar con mayor facilidad.

En primer lugar, podemos apreciar cómo en el segmento de las pymes los múltiplos pagados en media son sustancialmente más baratos, entendidos como un múltiplo del beneficio. Una de las causas principales de este factor es la menor competencia. El capital destinado a dicho segmento es significativamente menor que el destinado a las grandes empresas, resultando en una menor competitividad que se refleja en múltiplos de entrada más baratos.

Gran parte de la economía europea se sustenta en pymes con menos de 250 empleados, pero sólo alrededor del 15% del capital destinado a invertir en capital privado se destina a las pymes, resultando así en un mayor número de procesos bilaterales, en lugar de subastas, lo que reduce los precios de adquisición. Podríamos estar hablando de precios medios de adquisición de un digito en el sector de las pymes, múltiplos entre desde las 6 a 9 veces EV/Ebitda, en función del sector y sus crecimientos. Por el contrario, encontramos muy frecuentemente múltiplos de doble dígito en las grandes operaciones corporativas. Adicionalmente, en los procesos empresariales de crecimiento inorgánico, los competidores son adquiridos en grupos pequeños, siendo estas adquisiciones adquiridas a múltiplos aún menores que la plataforma principal, reduciendo así el múltiplo medio global del grupo consolidado.

En segundo lugar, es más fácil aumentar el beneficio de una compañía pequeña de manera orgánica e inorgánica que el de una compañía grande. A nivel orgánico, implantar nuevos procesos, nueva tecnología, profesionalizar la gestión o abrir nuevos mercados será más sencillo y fácil de ejecutar. De manera inorgánica, la capacidad de ir comprando pequeños competidores y consolidándolos, ganando sinergias de ingresos y costes, es igualmente más directo y eficaz.

Por último, tendríamos el elemento de la deuda y su estructuración. Aunque existen estructuras muy diversas y sofisticadas en este aspecto, un uso prudente de la misma en el segmento de las pymes, con apalancamientos en torno a las dos veces deuda neta/Ebitda, conseguirá que el activo sea más resiliente ante circunstancias adversas.

Podemos contar con los dedos de una mano los inversores patrios con posiciones en el sector del capital privado europeo enfocado en pymes. Un sector donde las rentabilidades pueden llegar en muchos casos al doble digito de TIR anual. Esto, unido a la estabilidad y preservación de capital que aporta una diversificación correcta en sectores, geografías, añadas, divisas y gestores, hará que la inversión en capital privado enfocado en pymes europeas sea un imprescindible en las carteras de inversores institucionales y minoritarios en los años venideros.

Álvaro González Ruiz-Jarabo es Socio responsable de Private Equity en Gesconsult