La evolución de la industria manufacturera, al alza

Se confirma la recuperación del sector. Ha habido cierres de empresas, pero en compañías muy pequeñas o que facturaban poco antes de la crisis

El colapso generado por la pandemia provocó el desplome económico más intenso hasta ahora conocido en tiempos de paz, pero la recuperación también está siendo notable. En este proceso de restablecimiento de la normalidad, las manufacturas están dando ejemplo de una resiliencia que quizás no se esperaba. Así lo confirman los datos que trimestralmente divulga la Agencia Tributaria sobre la facturación que han declarado las empresas. En manufacturas esta información es muy fidedigna, puesto que incluye a las empresas que son responsables del 98,4% de las ventas en el sector. Y creo que estamos todos de acuerdo en que, en la situación actual, las empresas no tienen incentivos a declarar más.

Con anterioridad a la pandemia, el sector manufacturero venía mostrando una trayectoria muy dinámica con un crecimiento sostenido y más elevado que otras economías como la alemana, la francesa o la italiana. En el primer trimestre de 2020, las empresas manufactureras vieron disminuir sus ingresos por ventas un 4,1% debido al efecto del confinamiento en la segunda mitad de marzo, pero también debido a que las empresas tuvieron que reducir su actividad incluso antes por la falta de suministros procedentes de China.

Durante el segundo trimestre se produjo el colapso y las ventas de las empresas manufactureras retrocedieron un 26,2% respecto al mismo trimestre del año anterior. En el tercer trimestre cambió la tendencia y la buena noticia es que, en el cuarto trimestre, la facturación del sector en su conjunto solo fue un 1,81% más baja que en 2019.

Por tanto, se confirma la recuperación en la actividad manufacturera española, más aún cuando se sufrió la segunda ola de la pandemia y la actividad no estaba totalmente restablecida. Evidentemente ha existido cierre de empresas, pero a la vista de esta excelente recuperación en las ventas se extrae que esos cierres se han focalizado en empresas muy pequeñas o que ya estaban facturando realmente poco antes de la pandemia.

En cuanto al destino de las ventas y dado que se trata de una pandemia con alcance global, el desplome inicial se repartió por igual entre el mercado nacional y las exportaciones. Sin embargo, al final de año, las empresas prácticamente exportaban lo mismo que el año anterior (solo un 0,35% menos); mientras que en el mercado interior las ventas todavía eran un 2,63% más bajas.

Otro aspecto interesante que revela la información de la Agencia Tributaria es que el número de asalariados a cargo de la empresa, en el momento más duro de la pandemia, se redujo un 9,9% respecto al mismo período de 2019, mucho menos que el descenso en las ventas (26,2%). Este resultado es lógico porque el empleo no se ajusta tan deprisa (en manufacturas, además, existen menos contratos temporales). Pero fundamentalmente se debe a la presencia de los ERTE. No olvidemos que en abril llegaron a estar bajo este régimen de protección 3.576.078 trabajadores. Además, en muchos casos, se recurrió al ERTE a jornada parcial con lo cual esos trabajadores seguían apareciendo como asalariados en la empresa.

Lo que es paradójico con los datos de asalariados es que, en el cuarto trimestre, representan un 4,3% menos que en 2019; mientras que las empresas solo han facturado un 1,8% menos.

Esto puede explicarse por varios motivos. Por una parte, las empresas están vendiendo la producción almacenada que no vendieron en los meses anteriores y todavía no están utilizando su capacidad habitual. Luego necesitan menos mano de obra y cuentan con la protección del ERTE. Por otra parte, es muy probable que las empresas que han abandonado definitivamente la actividad fueran mucho menos productivas con lo que genera más efectos negativos sobre el empleo que sobre los resultados de ventas.

En cualquier caso, la recuperación que se detecta al final del año no va a hacer olvidar el balance tan severo del año 2020. En conjunto, las empresas de manufacturas disminuyeron su facturación anual un 9,3% y aunque todos los sectores redujeron su volumen de ingresos, la intensidad fue muy dispar.

El sector químico y farmacéutico es el más resiliente por motivos obvios en cuanto a la mayor demanda sanitaria de medicamentos, pero también por la nueva demanda hacia productos desinfectantes y de limpieza. De hecho, en el tercer trimestre de 2020, sus ventas crecieron un 2,5% respecto a 2019 y en el cuarto solo eran un 0,4% más bajas. El otro sector que ha soportado razonablemente bien los efectos de la pandemia es el de alimentación, bebidas y tabaco, ya que ha compensado la caída de la demanda del canal Horeca (hoteles, restaurantes y cafeterías) con el aumento de la demanda minorista de los hogares.

En el otro extremo se encuentra el sector textil que, incluso en la segunda mitad del año, siguió disminuyendo sus ingresos un 11% respecto al año anterior. De hecho, en la media del año muestra una caída del 17,6%. No obstante, las ventas de este sector estaban en claro retroceso en 2019. Por tanto, se trata de una crisis más profunda y preocupante que debe ser abordada con una perspectiva más amplia y no solo por la reducción de la demanda durante la pandemia.

María José Moral es Profesora titular de Economía Aplicada en la UNED e investigadora de Funcas