Fondos para comer perdices y vivir felices

No es muy realista esperar hacerse rico con inversiones financieras, y menos aún rápidamente. La estrategia depende de lo que se entienda por éxito

Los fondos son un vehículo de inversión que suele ser muy eficiente, además de ofrecer una gestión profesional; si es usted un inversor particular, puede traspasar el patrimonio de unos a otros sin tributar. Por tanto, la fiscalidad no sería un obstáculo para ir cambiando unos fondos por otros si le conviene. ¿Qué cree usted que es mejor: cambiar a menudo de fondos o mantenerlos? Quizás se pregunte si lo ideal no sería combinar las dos: conservar algunos y reemplazar otros. ¿Cuál es el método óptimo? ¿Mantener, cambiar o una mezcla de ambos?

La respuesta que yo daría es: depende. Si no le afectan las emociones, ni sus experiencias, ni su entorno, me atrevería a decir que sí. Hay estrategias de inversión que tienen más probabilidades de éxito, si el éxito se mide por la rentabilidad ajustada al riesgo desde un punto de vista aséptico. Pero en la vida real, la combinación de diferentes vivencias, creencias, situaciones y sentimientos hace que cada inversor sea singular. Y, por tanto, diría que la mejor estrategia es, como el patio de mi casa, particular, aunque cuando llueve se moja como los demás.

Para empezar, puede que tener éxito con las inversiones no signifique lo mismo para todo el mundo. Y eso que el concepto de inversión está directamente relacionado con el dinero. Y el dinero es la medida con la que buena parte de nuestra sociedad mide actualmente el éxito. Pero incluso aunque hablemos de dinero, sigue habiendo grados y maneras. ¿Qué es lo que busca usted? ¿ganar el máximo que se pueda, o evitar en la medida de lo posible sufrir grandes sobresaltos? ¿Qué le llama más la atención: los fondos con rentabilidades extraordinarias o los que caen menos en correcciones? ¿Y por qué no comprar los que hacen ambas cosas: tuvieron buenas rentabilidades y además se comportaron bien en crisis pasadas?

Si alguien está muy convencido de que es posible identificar gestores que evitarán correcciones futuras y además obtendrán mejores rentabilidades en subidas, es probable que encuentre fondos que reconfirmen su convicción, porque entre los miles de fondos supervivientes siempre hay un puñado que lo ha conseguido en el pasado. Cuestión distinta será si el resultado futuro de su inversión le acaba por decepcionar.

El título de esta tribuna habla de fondos para vivir felices. Y para ser feliz, dicen algunos sicólogos conductuales, lo importante no es lo que nos pasa, sino cómo nos tomamos lo que nos pasa. Esa debe ser la razón por la que me sigo encontrando personas que, a pesar de tener resultados con los que yo me habría desilusionado, siguen persiguiendo fondos que hicieron cosas excepcionales.

Yo, al mirar los fríos datos, decía que este tipo de estrategia no suele funcionar y, aunque entendía que los inversores más noveles las siguiesen, me costaba comprenderlo con los más avezados. Hasta que empecé a mirarlo con otra perspectiva, ¿y si a estos inversores les satisface más tener rentabilidades sorprendentes? Porque recuerdan cuando les va bien y olvidan cuando les va mal.

Con esta nueva óptica he empezado a asumir que tengo que respetar otras creencias, que no son las mías. En el caso anterior, me siento satisfecha cuando consigo que mis clientes pongan límites al riesgo gestor. No lo consigo en todos los casos, pero si al final los que no me hacen caso son felices y yo no, está claro que la zote soy yo.

En general los inversores abandonan los fondos o gestores estrellas cuando acumulan desaciertos (esto es lo que muestran los datos). El triunfo de la esperanza sobre la experiencia es inusual, aunque hay quien tropieza más de dos veces en la misma piedra. Si es su caso, igual le ayuda un asesor.

Hablar de las rentabilidades extraordinarias me ha recordado un podcast que escuché hace poco. En él se preguntaban para qué acudir a un asesor financiero: “si sigue trabajando es que no se ha hecho rico”. Perdonen la digresión, pero es que el comentario me da pie a aclarar que un asesor financiero no es un gurú. A los que abusan de este cliché les preguntaría: ¿deja usted de ir a un médico porque sabe que ha enfermado? Si su asesor es un buen profesional, dudo que prometa hacerle rico. Pero si se encuentra alguno que lo hace, dude de él; es como si algún supuesto profesional de la medicina le promete curar el cáncer con homeopatía. Nosotros tampoco hacemos milagros.

Los asesores financieros ayudamos a individuos, familias, empresas e instituciones a establecer estrategias de inversión para conseguir objetivos futuros, normalmente a largo plazo. A veces nuestra misión empieza por generar unas correctas expectativas. Y lamento decirles que no es muy realista esperar hacerse rico con inversiones financieras y menos si busca conseguirlo rápidamente. No digo que no sea posible, digo que es poco probable. Para eso tendría que especular (apalancándose o invirtiendo en activos muy volátiles). Lo que eventualmente podría arruinarle.

Aunque usted no mida su éxito por la riqueza, tener dinero para cubrir sus necesidades y objetivos vitales, sobre todo si son realistas, puede ser una fuente de satisfacción. Yo estoy ajustando mis expectativas sobre cuántas personas me hacen caso, de momento me conformo con lanzar mi recomendación: acuda a un buen asesor que le ayude a planificar su estrategia particular. 

Marta Díaz-Bajo es Directora de análisis de fondos de Atl Capital