El Reto Demográfico, el elefante en la habitación

El Plan Ribera es la gran oportunidad para la repoblación, pero choca con el déficit de gestión de pueblos y diputaciones

El 31 de marzo de 2019, la España vaciada llenaba las calles de Madrid con una enorme manifestación para reclamar la atención de políticos y urbanitas. El mensaje era muy básico: “los habitantes de los pueblos queremos los mismos derechos y oportunidades que los demás, no queremos ser ciudadanos de segunda”. Dos años después, hay un ministerio, con categoría de vicepresidencia, que lleva en el frontispicio el Reto Demográfico, pero la sensación de que es un tema secundario sigue patente, pese a que seguramente se trate del mayor problema estructural de España. Lo que sucede en la urbe, en Madrid, tiene tal capacidad de atracción que la despoblación va camino de convertirse en el elefante en la habitación, en ese problema evidente del que nadie quiere hablar.

Pero no hay que desmoralizarse. Con frecuencia la información que se consume a diario es solo la espuma de la política; lo relevante es la corriente de fondo. Si nos fijamos en las tendencias podemos apreciar que estamos en un momento histórico, ya que por primera vez en siglos el mundo rural puede cuajar la fórmula química del éxito: dinero & ideas. Aunque llegue por la desgracia del Covid y desde las arcas de Europa.

El 16 de marzo pasado se reunía la Comisión Delegada para el Reto Demográfico, creada veinte días antes por el Consejo de Ministros, y lanzó el Plan de Medidas del Gobierno ante el Reto Demográfico, que nace con una dotación de nada menos que 10.000 millones de euros. Era una noticia de calado, pero tuvo menos repercusión que el anuncio, ese mismo día, de que el chico de la Gran Dolina era en realidad una niña. El misterio del pasado (Atapuerca) vende más que las promesas de futuro (repoblación).

Ocho días después, la mañana del 24 de marzo, Teresa Ribera, vicepresidenta y ministra para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, anunciaba en el pleno del Congreso que habían recibido 4.200 ideas (muestras de interés), desarrolladas por instituciones públicas y privadas. Por la tarde, Francesc Boya, secretario general del Reto Demográfico, comparecía en la Comisión de la materia del Congreso para explicar las grandes líneas del plan, un documento de 131 páginas.

El escepticismo que rodea al reto demográfico enraíza en los convencidos de que el mundo rural está condenado a la desaparición. Se han presentado muchos planes que nunca se ejecutan, como el del 29 de marzo de 2019. Dos días antes de la gran manifestación, se lanzó la Estrategia Nacional frente al Reto Demográfico, un informe de 100 páginas que habrá sido el punto de partida del actual plan. Entonces el Reto Demográfico era un Comisionado del Gobierno, sin presupuesto, que dependía del Ministerio de Política Territorial y Función Pública, cartera que entonces ocupaba Meritxell Batet, nada que ver con el vuelo que ha tomado ahora.

En estos dos años se ha producido un enorme cambio que invita al optimismo, aunque nazca de la desgracia. La crisis económica provocada por la pandemia ha hecho saltar por los aires las restricciones presupuestarias, con las que la UE imponía límites de déficit anual y acumulación de deuda pública, que hacían que el abordaje de reto se postergara. Sin embargo, hoy aquellos famosos hombres de negro de Bruselas que en la crisis anterior apretaban a los países del sur de Europa hasta límites exagerados (Grecia), claman por lo contrario. Quieren que España invierta/gaste, con inteligencia, claro, los 140.000 millones de euros que van a dar, de los que la mitad son de regalo. De ahí salen los 10.000 millones para el Reto Demográfico.

Una vez que se cuenta con el dinero, el dilema está en la capacidad de gestión y es ahí donde puede hacer aguas este plan Ribera. El pasado 16 de octubre, en estas mimas páginas se titulaba: “La España vaciada precisa de apoyo para gestionar el dinero de Europa”. Tomás Guitarte, diputado de Teruel Existe, se lo explicaba a la vicepresidenta en su intervención en el pleno. La España vaciada “suelen ser los territorios con menor capacidad de respuesta endógena a una convocatoria de este tipo o a la actividad en general, al ser menor la población, al estar muy envejecida y al no existir masa crítica suficiente de emprendedores. En algunos casos, el Estado y las empresas públicas deberían asumir directamente el reto de dinamizar la economía, al menos, en una primera fase”.

Teresa Ribero respondió que “es fundamental que los distintos niveles de Administración se impliquen, pero el futuro depende, sobre todo, de lo que quieran hacer cada uno de los habitantes y cada una de las comunidades que, en igualdad de oportunidades, con capacidad de acceso a servicios y conectividad, decidan para su propio entorno”.

En esta línea, el Gobierno ha anunciado ya algunas medidas, como la elaboración del Estatuto Básico de los Pequeños Municipios, los de menos de 5.000 habitantes, que son 6.815, el 80% del total del conjunto. Guitarte respondió que hay que pensar en algo especial incluso para los de menos de 1.000, y la creación de los Centros de Innovación Territorial. Tienen que ser instrumentos que ayuden en la gestión de los pueblos, que con el envejecimiento y la despoblación se han quedado muy mermados.

La presencia de Teruel Existe en el Congreso es consecuencia directa de la movilización de hace dos años, en la que participaron 160 plataformas y entidades. Del éxito del plan Ribera depende en buena medida que en las próximas elecciones no cunda el ejemplo de Teruel, algo que ya tienta a organizaciones en Soria, Jaén o León. Sin embargo, sería un grave error encapsular este problema en partidos ínfimos. Esto va de sensibilizar a los partidos de Gobierno, al PSOE y el PP. Estos tienen que acabar con la desidia inflama a los partidos provincialistas, que son un retorno al pasado.

Aurelio Medel es Doctor en Ciencias de la Información. Profesor de la Universidad Complutense