‘Real state is cool’

Tras la irrupción de la pandemia las vidas de las personas han cambiado y, con ellas, también la oferta residencial

El mundo se mueve. Se mueve muy rápido, más de lo que pensamos. Lo que ahora sirve, en diez minutos ya no sirve. Vivimos en un mundo cuya sociedad, joven, formada, preparada y ansiosa de conocimientos y experiencias, no puede esperar, no sabe parar. Todo fluye en sus vidas, como cataratas precipitándose estrepitosamente a sus saltos de agua; no les importa la caída, sino la remontada. Hoy queda inútil la expresión de Arquímedes: “Dame una palanca y moveré el mundo”. Hoy, alguno de los cientos de influencers que inundan las redes sociales podría subir el tuit: “Dame un clic y dominaré el mundo”.

Esta introducción no tendría sentido, y estaría huérfana de razón, sin la siguiente pregunta: ¿cómo afecta la sociedad, antes esbozada, al mercado inmobiliario? Podríamos responder que en nada; que el mercado inmobiliario es atemporal, seguro, inalterable (ha soportado y superado guerras, pandemias y crisis económicas, anteriores y tan duras como la que hoy nos está tocando vivir). Siempre se ha dicho que una inversión inmobiliaria es el ejemplo más claro de la seguridad financiera. El ladrillo es fuerte como el oro. Pero ¿eso es verdad? ¿Estamos seguros de que siguen estando de moda nuestros viejos trajes para este nuevo baile? Nuestra respuesta, como veremos ahora, es sí, pero no.

Seríamos unos ingenuos si pensáramos que la sociedad actual no afecta al mercado inmobiliario. Hoy el mercado (no solo el real estate, sino todos) baila al ritmo de esa sociedad hambrienta de vivir, de cambiar (hoy no se baila vals, hoy se baila reguetón). Puedes ser un follower y un hater de una misma cosa, persona o lugar, en un mismo minuto y no pasa nada ¿Cómo te vas a adaptar a un patrón tan rígido con el inmobiliario tradicional? Pero el sector inmobiliario nos ha demostrado que sigue marcando tendencia, perdón, que es cool, es trending, y lo es porque ha sabido adaptarse a la nueva sociedad.

Antes una vivienda era eso, una vivienda. Pero, ahora, puede seguir siendo una simple vivienda o puede ser un piso turístico, un coliving o un coworking. La oferta residencial viene marcada por las nuevas necesidades. La sociedad no busca una vivienda que convertir en su hogar, ahora se busca una vivienda que compartir, donde trabajar, donde vivir una temporada o a la que ir para conocer otro país. Todo esto responde al llamado pago por uso, al hoy y ahora.

Tras el año vivido, nuestras necesidades han cambiado y, con ellas, la oferta residencial. El teletrabajo ha marcado uno de los cambios, ahora la oferta son casas en las que vivir, pero también donde trabajar, adaptadas, preparadas para el teletrabajo. De igual manera, la pandemia nos ha hecho esclavos del aire, de la naturaleza. Ahora la nueva obra (promoción) está plagada de terrazas, de jardines, de espacios abiertos, al fin y al cabo, de aire. La vivienda tradicional y funcional ha dado paso a la vivienda abierta, libre, verde. Se han abierto las barreras de las grandes urbes, de las capitales y, con ellas, la oferta se ha dirigido a la segunda vivienda a las afueras, a la vivienda unifamiliar e independiente, al campo vs. la ciudad. Además, como consecuencia de los Gobiernos dirigentes con los que la ocupación de las viviendas es más asequible, hoy vuelve la figura del colono, alquilando los propietarios viviendas vacías a precios asequibles para mantenerlas ocupadas legalmente, hasta que su propiedad tuviera necesidad de usarla.

Este efecto de cambio y adaptación imparable se ha visto también en el sector de las oficinas, con la entrada en escena del coworking (hermano mayor del coliving). Hoy las pequeñas empresas, que forman parte del tejido de nuestro futuro empresarial, ven en el coworking el camino de su crecimiento orgánico. Por el contrario, las grandes empresas, ­necesitando aún sus sedes representativas, hacen que el open space sea su

seña de identidad, en el que la transparencia, la falta de jerarquías, el compromiso y la excelencia, sean los valores que quieren demostrar sin paredes ni despachos.

Nos movemos en un mundo cambiante de necesidades, del que ha nacido el boom de los parques logísticos. Parece que hoy toda inversión está dirigida al suelo logístico y la pregunta es ¿por qué? La respuesta es sencilla. Hoy el comercio tradicional ha dado paso al ecommerce y, con él, a la necesidad de puntos de distribución, creando una red perfecta de distribución que permita a los usuarios tener lo que quieren a golpe de ratón, en el tiempo que se plantean si realmente lo necesitan o quieren.

El sector logístico no solo ha cubierto la necesidad de distribución, sino que, además, se ha visto fuertemente apoyado por las Administraciones y ayuntamientos al ser conocedoras del valor añadido que les pueden aportar. Un parque logístico representa riqueza, trabajadores y, con estos elementos, viviendas e inversión. En este sentido, el sector del ocio (parques comerciales) ha tenido la necesidad de adaptarse y, lo que antes eran lugares de compras, hoy son espacios de experiencias, son espectaculares, deporte, arte, gastronomía y, claro está, tiendas.

Es evidente que el real estate es tendencia o marca tendencia. It’s cool.

Íñigo Sánchez del Campo es Socio especializado en derecho mercantil e inmobiliario de Thomas de Carranza Abogados