Los bonos ligados a la inflación, la clave frente al alza de precios

La deuda con interés indexado a la inflación también sufre en este inicio de año por el alza generalizada en las rentabilidades, pero es el activo de renta fija que mejor protege ante la expectativa de subida de los precios y una recomendación creciente entre los gestores

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La deuda soberana logró sobreponerse en 2020 al colapso generado por el estallido de la pandemia y tras los momentos de pánico iniciales, la batería de estímulos monetarios que desplegaron los bancos centrales sirvió de impulso para la caída de las rentabilidades al tiempo que subía el precio de estos activos, dejando tras de sí jugosas ganancias. La deuda pública comenzaba este año con un recorrido en precios ya muy limitado, a lo que se ha sumado en las últimas semanas el aumento de las perspectivas de inflación, lo que se ha traducido en un alza de los rendimientos de los bonos soberanos y consiguiente caída de los precios.

Con este escenario, cada vez es más apremiante blindar la cartera ante un aumento de los precios a largo plazo, que acaba reduciendo el valor real de los ahorros e inversiones. Y una de las alternativas más evidentes está en los bonos ligados a la inflación. Estos títulos son instrumentos de deuda emitidos principalmente por los Gobiernos que permiten beneficiarse de una recuperación paulatina de los precios y protegerse de la pérdida de poder adquisitivo, pues el principio por el que se rigen es que tanto el nominal como los cupones se ajustan a la evolución de los precios. Además sus cupones son un aliciente más ya que ofrecen unas rentabilidades que son toda una excepción en un entorno de tipos cero como el actual. Un buen ejemplo de ello es la referencia española con vencimiento en 2024 y que abona un 1,8%, la que más paga. Más elevados aún son estos pagos en Estados Unidos donde llegan superar el 3%.

BlackRock es una de las gestoras que aboga por los bonos ligados al IPC. Desde la firma ya advertían a finales de 2020 que una de las amenazas que no se estaba teniendo en cuenta era el riesgo de inflación. Para mitigar el impacto en la cartera, la gestora recomienda sustituir los bonos soberanos convencionales por otros ligados a la inflación, que dan un extra de rentabilidad y hacen de cobertura si los precios suben.

Wolfgang Bauer, gestor del equipo de renta fija de M&G, ve razones para que la recuperación económica presione al alza los precios y considera una buena opción los bonos indexados a la inflación, que ofrecen la oportunidad de sacar partido de una inflación creciente. Para limitar los riesgos el experto recomienda combinarlo con estrategias de baja duración.

También es partidario de incluir en cartera este tipo de deuda Kevin Koh, responsable de asignación de activos de Finizens, que reconoce que el riesgo de inflación es una posibilidad, pero recuerda que los niveles de precios globales muestran una clara tendencia decreciente desde la década de los 90 por el impacto del comercio global y los avances tecnológicos. El experto considera que la presencia de títulos indexados a la inflación con un peso óptimo en cartera está justificada para lograr un balance adecuado a largo plazo entre protección ante la inflación y protección del patrimonio. “Recientemente en Finizens hemos perfeccionado nuestra exposición a renta fija, dotando a nuestras carteras de una mayor resiliencia frente a futuros periodos inflacionistas mediante la incorporación de un fondo indexado de Vanguard de bonos ligados a la inflación”, sostiene.

Pero no es oro todo lo que reluce. Ignacio Fuertes, director de inversiones de Rentamarkets, señala que el mercado de renta fija ha tenido el peor comienzo de año desde 2015. “Años de políticas monetarias expansivas, que han inflado las valoraciones, se han enfrentado a las necesidades de los Gobiernos de combatir una pandemia, utilizando la política fiscal e imprimiendo dinero. Esto ha tenido un efecto demoledor sobre las expectativas de inflación y los tipos de interés reales”, apunta. Fuertes indica que no solo los bonos tradicionales han visto infladas sus valoraciones, sino también los indexados a la inflación, al haber experimentado unos flujos de compra masivos.

Estas elevadas valoraciones han contribuido a que la deuda indexada a la inflación no haya escapado de la presión vendedora imperante en el mercado de deuda en este inicio de año. A pesar de contar con un blindaje especial, como señalan desde Rentamarkets, a nivel global estos activos muestran un mal comportamiento con caídas cercanas al 3% este año, en línea con el conjunto de la deuda. Pero si se cumple la expectativa de inflación, serán más rentables que los bonos convencionales. 

España emite 68.000 millones de esta deuda en siete años

Emisión

En mayo de 2014 España comenzó su incursión en la venta de deuda indexada a la inflación. Desde entonces el Tesoro ha vendido 68.013,94 millones de euros. El grueso de las colocaciones se realizó en 2014, 2017 y 2018, coincidiendo con los mejores momentos del IPC. Existen nueve líneas abiertas con vencimiento entre noviembre de 2021 y 2050 por un volumen total de aproximadamente 61.340 millones.

Cupón

Un bono indexado a la inflación devenga un cupón fijo, que a lo largo de su vida aumenta el principal de la inversión de acuerdo a la evolución de los precios. En el caso de los bonos emitidos por el Tesoro, están vinculados a la evolución de la tasa de inflación armonizada de la zona euro. La principal diferencia con un bono tradicional es su estructura de pagos. El convencional paga un cupón fijo que se calcula como porcentaje del principal invertido, mientras el indexado a la inflación abona cupones en un principio menores pero que aumentan a medida que crece el principal en cada periodo de devengo, compensando así la pérdida de poder adquisitivo. Los expertos aconsejan al particular invertir en ellos vía fondos.

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