Jordi Sevilla: “Corremos el riesgo de ‘uberizar’ el mercado laboral”

Reivindica la figura del buen político, orgulloso de haberse dedicado durante 30 años a la función pública

Jordi Sevilla, durante la entrevista realizada la semana pasada en la sede de LLYC.
Jordi Sevilla, durante la entrevista realizada la semana pasada en la sede de LLYC.

Anda preocupado por los derroteros que está tomando la pandemia, desolado por la confrontación que se vive en España, y ávido de tener respuestas para atender los grandes desafíos. Jordi Sevilla (Valencia, 1956) se reincorporó hace seis meses, como director del área Contexto Económico, a LLYC, consultora que el exministro socialista de Administraciones Públicas abandonó en 2018 para ser presidente de Red Eléctrica.

¿Qué análisis hace del actual momento económico?

Tenemos una economía basada en las empresas de plataforma, donde además se alteran los valores contables. Ocho de las diez empresas con mayor cotización bursátil del mundo son tecnológicas, sus activos físicos no valen nada, lo que valen son los activos intangibles. Y todo esto cambia la manera en la que se relaciona la oferta y la demanda, además del propio carácter de la empresa. La mayor empresa del mundo de oferta de servicios de coche no tiene coches y ni tiene conductores. Y esto, como la globalización, ha venido para quedarse, revoluciona el mercado laboral y condiciona la cohesión social, de una manera que todavía no tenemos claro que sea un retroceso en lugar de un nuevo avance. El impuesto al capital hay que replanteárselo, no digo suprimirlo. Cuando se tienen sectores productivos que son nómadas y otros que son sedentarios, la política económica tiene que rediferenciarse. Los parámetros de nuestros modelos económicos han saltado por los aires. Y, por tanto, el acompañamiento, que después de la posguerra se hizo en el mercado laboral, el estado de bienestar y aquel modelo productivo, tenemos que readaptarlo a este nuevo modelo, mucho más flexible, nómada y basado en intangibles y en tecnología, y para mí es el gran reto pendiente. Corremos el riesgo de uberizar el mercado laboral, de caer en la precariedad laboral.

¿Y sería un retroceso para el país?

Si esto se produce, acabaremos con unos derechos sociales que no se van a poder financiar porque nadie pagará impuestos. Quiero creer que estamos como en los orígenes de la revolución industrial del siglo XIX, cuando todavía trabajaban los niños y la jornada laboral no existía, pero tendremos que hacer la lucha por reorientar las relaciones laborales y las relaciones sociales a este nuevo capitalismo nómada y digital.

¿En este nuevo sistema económico y social no hay marcha atrás?

No, y lo que hay que diferenciar es lo que son nómadas y lo que son sedentarios. Y ese es el gran desafío, pero no por una cuestión ideológica, es que las transformaciones que producen el no hacerlo están generando niveles de insatisfacción social muy elevados, que están dando pie a la aparición de populismos, de falsas soluciones y de radicalización de la convivencia que pone en riesgo, en muchos casos, valores democráticos. Si no nos tomamos en serio ese alinear el nuevo mercado laboral y los nuevos derechos sociales, no con el pasado, sino con la nueva matriz productiva del capitalismo actual, lo que estaremos es dando pie a tremendas brechas sociales, a grandes desigualdades, gran malestar social y, por tanto, populismo y deterioro de la democracia.

¿Está de acuerdo con la propuesta de reforma laboral?

Comparto lo que figura en el texto de acuerdo del Gobierno, en cuanto al equilibro entre trabajadores y empresarios, pero creo que es una reforma del siglo XX, de un mercado laboral que está despareciendo. Debemos ponernos las pilas del siglo XXI, y tenemos que corregir la desigualdad y la precariedad que comienza a aflorar con fuerza muy evidente, especialmente entre los jóvenes.

Hay muchas expectativas puestas en los fondos europeos, ¿están fundamentadas?

Es un riesgo, pero están fundamentadas las esperanzas. Creo que desde la creación del euro no ha habido un salto en la integración comunitaria más importante, que el paso dado con el impulso a los fondos y con la financiación con deuda común de todos los países. Por primera vez en la historia de España, podemos plantearnos salir de una crisis económica mejorando el valor añadido, haciendo las cosas mejor, y no haciendo las cosas más baratas, que es como hasta ahora hemos salido de otras crisis. Esto es lo que se llama el cambio de modelo productivo, pero yo digo que es saber hacer lo que sabemos, pero añadiendo más valor. Por ejemplo, es hacer mejor turismo y mejor construcción. De todas formas, esta crisis nos ha mostrado nuestras vergüenzas.

¿A qué se refiere?

Nos ha descubierto unas pymes, muy numerosas, poco capitalizadas y con poco pulmón financiero. Unas familias, un entramado social mucho más endeble de lo que parecía, porque dependía más de la renta salarial y del empleo, que han sido los dos elementos más perjudicados. Pero hay otro elemento que se ha notado, sobre todo en la época del confinamiento duro, y es la válvula de escape que para muchas familias representaba la economía irregular, la economía negra, que eso está en cuestión. También hemos visto un Estado más débil de lo que parecía, con menor capacidad de redistribuir renta, de generar ingresos y de redistribuirlos de manera eficiente. Si no vemos las cosas en conjunto corremos el riesgo de poner parches.

¿Hace falta un mayor liderazgo en las instituciones públicas?

En las escuelas de negocios te enseñan que el buen gestor es el que abre el buen camino en la selva, y el líder es el que te dice cuál es la selva. Hay buenos gestores que abren camino, pero pocos líderes que nos digan cual es la selva adecuada o equivocada. El liderazgo requiere de una cualidad que estamos perdiendo, y es la empatía, la capacidad de ponerse en lugar del otro. Y lo hemos perdido porque vivimos en una sociedad de la confrontación, la reivindicación de la identidad predomina sobre cualquier otro asunto. Y más que buscar la convivencia de las identidades se busca el reconocimiento de las identidades a través de la confrontación.

Y luego hay personajes como El Rubius que se mudan a Andorra para no pagar impuestos.

Es un buen reflejo de la mala sociedad que estamos construyendo. Nos hemos empeñado en confrontar lo que nos diferencia y hemos acabado con el espacio común, donde no hay cabida el pago de impuestos. Si no hay nada que me una con nadie no tengo que pagar servicios comunes. Es una reacción vinculada a esta sociedad crispada.

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