Perfil crediticio

Elecciones en Cataluña, cita política nacional sin riesgo de mercado

Los comicios no son elemento de presión para el perfil crediticio de España. Aun así, los expertos avisan de que el soberanismo puede influir en la tramitación de las reformas ligadas a los fondos europeos

Salvador Illa, candidato del PSC a la Generalitat
Salvador Illa, candidato del PSC a la Generalitat EFE

La política catalana tiene una poderosa dimensión estatal, que volverá a ponerse a prueba con la celebración de las elecciones autonómicas de este domingo. Lo ha demostrado la salida, en plena tercera ola de la pandemia, del hasta hace poco ministro de Sanidad, Salvador Illa, para liderar la candidatura socialista a la presidencia de la Generalitat, en una decidida apuesta de Pedro Sánchez por intentar arrebatar al independentismo el Gobierno autonómico.

Cataluña decide en el Parlamento nacional, ya se vio en 2019 en la negativa de los partidos independentistas a apoyar los Presupuestos del anterior Ejecutivo de Pedro Sánchez, forzando la convocatoria de nuevas elecciones, y en el reciente rechazo de ERC a respaldar el decreto que regula la ejecución de los millonarios fondos europeos, el esperado maná para salir de la crisis, y que salió adelante por una extraña carambola política, el respaldo de Bildu y la abstención de Vox.

Desde la celebración del referéndum independentista del 1 de octubre de 2017, el pulso soberanista ha marcado en gran medida la agenda política del país y también la económica, aunque el riesgo financiero que suponen en la actualidad las elecciones catalanas esté completamente adormecido. El desafío soberanista declarado en octubre de 2017 no llegó a ser un elemento de presión para la prima de riesgo española, pero sí se ha convertido en un factor de inestabilidad política a nivel nacional, dada la fragmentación parlamentaria y la minoría de gobierno del Ejecutivo.

Inversores y agencias de rating coinciden en que Cataluña no supone sombra alguna para el perfil de riesgo soberano. Un claro ejemplo ha sido la colocación de deuda a 50 años, la primera desde 2016, realizada esta semana por el Tesoro, con fuerte demanda. El apoyo constante del BCE con sus compras de deuda es la mejor garantía para tener en mínimos el coste de financiación del Estado, incluso aunque Cataluña supusiera un elemento de tensión financiera que, según señalan los expertos, no es ahora el caso.

“La aprobación de los Presupuestos de 2021, facilitada por ERC, fue una señal de que la crisis probablemente aliviará, al menos a corto plazo, los conflictos sobre la independencia, favoreciendo el apoyo a una agenda de reformas vinculada a los fondos europeos de recuperación”, explica Alvise Lennkh, analista del rating soberano de España de la agencia alemana Scope.

La crisis dio cierta tregua política, con la aprobación de los Presupuestos, pero en la cuenta atrás electoral, ERC rechazó en enero el decreto de los fondos europeos

En su opinión, las elecciones catalanas no suponen un elemento de riesgo para el perfil soberano de España, al menos no de forma inmediata. El experto recuerda que la cuestión soberanista no está resuelta y advierte de que la exigencia de ERC de poner en libertad a los políticos independentistas encarcelados y de reconocer el derecho de autodeterminación “requerirá una importante negociación y capital político, también a nivel nacional, lo que podría complicar el proceso legislativo sobre las reformas necesarias”.

“El desafío independentista no ha sido bueno ni para la economía española ni para la catalana. Sería bueno tener un horizonte temporal para centrarnos en la recuperación económica, vienen tiempos difíciles”, señala desde Barcelona Valentí Pich, presidente del Consejo General de Economistas.

Marzo será el momento para la revisión del rating soberano por parte de Moody’s y Standard & Poor’s, con el foco puesto en cómo aborda España la gestión de los fondos europeos y cuál es su compromiso con las reformas estructurales pendientes que espera Bruselas, como la de las pensiones. Por lo pronto, la proximidad de las elecciones catalanas no hizo descarrilar la aprobación parlamentaria del decreto de gestión de los fondos europeos. Ya de cara al medio y largo plazo “se necesitarán estabilidad política y mayorías parlamentarias para aplicar reformas políticamente costosas, sobre todo en el mercado laboral y las pensiones”, sostienen desde Scope.

La reforma del sistema de financiación autonómica será otra de las tareas pendientes. Extremadamente delicada dada la total dependencia de Cataluña de la financiación del Estado. Con el acceso cerrado al mercado de capitales, la región se financia a través del Fondo de Liquidez Autonómico (FLA) y del Fondo de Facilidad Financiera (FFF), que aportan recursos equivalentes a alrededor del 84% de su deuda a largo plazo, según señala Moody’s con datos a cierre de 2019. La agencia calcula que Cataluña tuvo en 2020 necesidades de financiación por 11.600 millones de euros.

La deuda catalana en circulación apenas representa el 5% del endeudamiento de Cataluña. Unos 3.800 millones de euros, frente a los 22.500 millones de bonos en circulación a finales de 2011, antes de la creación en 2012 de los mecanismos estatales de financiación autonómica. Muy lejos quedan los tiempos de las emisiones de bonos patrióticos de la Generalitat, vendidos en oficinas bancarias a clientes minoristas y que ya vencieron y con los que Cataluña captó casi 13.000 millones entre 2010 y 2014.

Bonos autonómicos que cotizan con prima

La tensión política de 2017 no disparó la prima de riesgo española pero sí la catalana, considerando la cotización de su deuda en comparación con la soberana. La situación se ha calmado por completo y el bono catalán a 30 años que vence en 2041, con cupón del 6,35%, ha estrechado su diferencial frente al español a ese plazo desde los 400 puntos básicos de 2017 a los 130 actuales, nivel estable en los últimos meses. Los bonos catalanes en circulación cotizan sin descuento: el que vence en 2034 lo hace sobre el nominal desde 2018, ahora en el 130%.

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