El compromiso de las empresas con los colectivos vulnerables

Un informe de Fundación Seres refleja que el Covid-19 ha acentuado la desigualdad

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En contra de lo que reza la frase hecha que sostiene que la enfermedad iguala a los seres vivos, la pandemia no ha afectado a todo el mundo por igual. Al contrario, con el Covid-19 han aumentado las desigualdades, así como los riesgos a los que se enfrentan los colectivos vulnerables. Así lo pone de manifiesto el informe El papel de la empresa en el bienestar social, elaborado por Caser y Fundación Seres.

La cohesión social, las brechas digitales, la fragmentación geopolítica y la desilusión de los jóvenes son solo algunos de los riesgos a los que, según enumeró el presidente de Fundación Seres, Francisco Román, se enfrenta la sociedad tras la crisis: “Esto es una visión macro que todos podemos compartir, pero lo que realmente ocurre es que aumenta el sufrimiento de las personas y colectivos vulnerables”. En esta línea, las empresas, en tanto que son agentes de cambio, deben promover su propia transformación para que, a la vez que crece su valor económico, aumente su impacto positivo en la sociedad.

El mencionado informe analiza la contribución de las empresas que forman parte de Fundación Seres en diferentes ámbitos. El colectivo con el que más se trabaja desde el entorno corporativo es el de las personas con discapacidad. Así, según expone el estudio, el 85% de las compañías de la fundación que reflejan estrategias y medios de apoyo, tanto económicos como de prestación de servicios, en sus memorias corporativas y de responsabilidad social empresarial (RSE) tienen alguna iniciativa dedicada a este colectivo. Esto se debe, en parte, según justificó Ana Andueza, colaboradora de la Fundación Seres, a que las organizaciones con más de 50 empleados están obligadas a que, al menos, el 2% de su plantilla esté formada por personas con alguna discapacidad. “Por eso cumplen este punto con más naturalidad”, añadió. De hecho, la integración a través del empleo es la iniciativa más recurrente (62%) por parte de las compañías.

La familia y la infancia (84%), las personas en exclusión social (59%), la violencia de género (51%) y los mayores y dependientes (25%) son otras de las problemáticas a las que las empresas les dedican sus políticas de RSE. Más allá de la emergencia sanitaria, estos colectivos son especialmente vulnerables a la crisis económica vinculada con el Covid-19 debido a su mayor inestabilidad y precariedad laboral. “En esta pandemia ha quedado patente que el rol de la empresa cada vez es más importante. Es necesaria una empresa más humana, que haga un balance entre el progreso económico y el social y no deje a nadie atrás”, manifestó Ana Sainz, directora general de la Fundación Seres. La experta hizo también hincapié en la necesidad de trabajar junto a las entidades sociales “porque son ellas las que tienen el pulso de cómo se está viviendo”.

A este respecto, la presidenta de la Fundación Pilares, Pilar Rodríguez, manifestó que la investigación no debe estar solo al servicio del negocio, sino que puede llevarse un paso más allá: “Los grandes ejes serán innovación y transformación, donde las empresas pueden aportar mucho”. La secretaria de Cáritas Española, Natalia Peiró, insistió en que el efecto del Covid no ha sido uniforme, sino que ha aumentado la desigualdad. “Lo llamamos de muchas maneras, ahora con el frío, pobreza energética, pero en realidad es que los precios de la energía han subido y los ingresos de las familias han bajado”, describe la experta, quien apunta también que la crisis ha acentuado la brecha digital. Por su parte, Ana Muñoz de Dios, directora general de la Fundación Integra, resaltó que la clave está en la colaboración. “Las empresas, ahora más que nunca, ejercen un papel activo, en el que buscan implicarse e implicar a todos los grupos de interés en la labor social que realizan junto a las entidades con las que colaboran. Estas alianzas y sinergias se traducen en un resultado: impacto social”, concluyó.

Juventud y pobreza

  • España. La tasa de riesgo de pobreza en España, en el año 2017, era del 21,6% frente al 16,9% de la media de la UE28. Solo cuatro países, Letonia, Lituana, Rumanía y Bulgaria, se encuentran por detrás.
  • Perfil. Los menores de 18 años son los más vulnerables a la pobreza, superando la tasa del 26% durante la última década. Sin embargo, el riesgo para los jóvenes entre 18 y 29 años se ha disparado en los últimos años, hasta llegar al 28%, según el INE.
  • Desigualdad. “El ascensor social no funciona como debería en España”, concluyó Ernesto Gascó, alto comisionado para la lucha contra la pobreza infantil de España.
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