El multilateralismo, la nueva vacuna

Problemas globales como la pandemia de Covid-19 y el calentamiento global exigen soluciones globales y actores que ayuden a su resolución

El mundo se enfrenta a dos tipos de riesgos: el producido por los cambios en curso en relaciones entre potencias globales, y el otro como resultado de diversas amenazas transfronterizas, como la pandemia actual. El nacionalismo, una respuesta familiar a la incertidumbre, ha ganado impulso en casi todas partes.

Como era de esperar, un mundo caracterizado por todos estos problemas es difícil de manejar. Hay una posibilidad real de que el futuro vea deslizarse aún más hacia una espiral descendente de competencia desenfrenada y política de poder. Pero esto no es inevitable. Problemas globales como la pandemia de Covid-19 y el calentamiento global simplemente exigen soluciones globales. La cooperación multilateral juega un papel muy importante. La pregunta es: ¿cómo?

Empecemos por lo básico. El mundo multipolar del presente y el futuro estará marcado por la competencia y la cooperación, ambas ocurriendo simultáneamente. Este es un mundo sin enemigos naturales o aliados para siempre, un mundo de multitud de jugadores y juegos de suma variable. Describir la situación actual como una segunda guerra fría es erróneo, a pesar de las crecientes tensiones entre Estados Unidos y China, las dos principales potencias de nuestra era. Las relaciones seguirán siendo fundamentales para la dinámica política mundial y es probable que se mantengan tensas. Sin embargo, se dejará mucho espacio a otros, incluidas las potencias medianas y pequeñas cuya responsabilidad por las ideas creativas y la acción colectiva será más importante que nunca.

Se producirá una importante evolución en el ámbito de las instituciones internacionales. La necesidad básica para las Naciones Unidas permanecerá. La ONU es la única organización verdaderamente universal del mundo. La rica y variada experiencia de la ONU, su precioso poder de convocatoria y su legitimidad única seguirán siendo necesarias. Al mismo tiempo, aumentará la importancia de las organizaciones regionales. Seguirán surgiendo nuevas organizaciones regionales. Además, el G20 ha retenido su potencial para consultas claves y gerencia de la crisis global. Por tanto, las herramientas básicas de la tan necesaria cooperación ya existen.

Esta es la situación en la que Club de Madrid ha celebrado su Annual Policy Dialogue y ha hecho una mención especial a las cuestiones de cooperación. El resultado de la consulta fue un documento breve, pero contundente, con un título revelador: Multilateralism Must Deliver. La conclusión básica es que no es un momento para el abatimiento, y mucho menos para la desesperación. Este es el momento de la entrega, el momento del liderazgo y de la acción internacional decidida. La calidad de la política y de las políticas se mide por la calidad de los resultados. Eso se aplica al mundo de las organizaciones multilaterales también. De ahí el énfasis en el aspecto de entrega de multilateralismo. Algunas de las organizaciones multilaterales han producido resultados que no deben pasar por alto. El acuerdo alcanzado el pasado mes de julio dentro de la Unión Europea, una de las organizaciones multilaterales líderes de nuestra era, ha prometido permitir que la UE y sus miembros logren hacer frente a la pandemia y sus consecuencias. Las decisiones tomadas por el Fondo Monetario Internacional con el objetivo de aliviar la carga de la deuda de los países menos desarrollados fueron un buen comienzo, aunque no del todo satisfactorio. Los logros de las organizaciones multilaterales deben ser reconocidas y, al mismo tiempo, deben ser animadas a hacer más.

La reciente cumbre virtual del G20 se ha quedado corta. Serán necesarios más esfuerzos. El mundo necesita superar el estado actual de nacionalismo de las vacunas e incentivar la producción de las vacunas Covid-19 recientemente desarrolladas a gran escala. Su distribución mundial debe realizarse en costos asequibles y asistencia proporcionada a Estados con sistemas de atención médica débiles. Además, se necesitan esfuerzos serios y bien coordinados para potenciar la Organización Mundial de la Salud. Esto deberá incluir una autoridad y recursos fortalecidos para contrarrestar las enfermedades infecciosas de manera más eficiente para prevenir futuras pandemias. La futura contribución de los miembros del G20 debe ser crítica en este contexto.

El mundo está a medio camino, en el mejor de los casos, también en otras áreas prioritarias de cooperación. Los compromisos para la recuperación verde asumidos por la UE y las recientes declaraciones alentadoras realizadas por los líderes de Japón, China y Rusia en relación con el movimiento hacia el desarrollo para 2050 o 2060 debe traducirse en programas a corto y mediano plazo, cubriendo el periodo hasta 2030. La próxima COP26 en noviembre de 2021 en Glasgow ofrecerá una oportunidad temprana para un fuerte impulso en esa dirección. Y hay áreas de cooperación internacional en las que el mundo está muy rezagado. Incluyen una serie de preguntas en la esfera del control de armamentos y el desarme, así como la necesidad para abordar la evasión fiscal global, los paraísos fiscales y la corrupción relacionada. Y sobre todo se requiere un esfuerzo multilateral para la gestión global de la digitalización, la inteligencia artificial y el futuro de internet. Idealmente, esto debería conducir a un acuerdo multilateral, a veces metafóricamente descrito como el Bretton Woods de la digitalización.

Todo esto constituye una tarea difícil. Las instituciones multilaterales deberán estar mejor equipadas para cumplir con las tareas existentes y emergentes. Requerirán una mayor participación e inclusión de una gama más amplia de actores. Deben proporcionar espacio, no solo para los Gobiernos, sino también para científicos, grupos de la sociedad civil, sector empresarial, sindicatos y otros actores que pueden contribuir a la resolución de problemas y la mejora del mundo.

Nada de esto disminuye la importancia de la diplomacia. Al contrario, este es el momento de acción diplomática enérgica e innovadora. Las recientes elecciones estadounidenses abrieron una oportunidad para progresar en esa dirección. La alianza para el multilateralismo, iniciada por Francia y Alemania en 2019, representa una oportunidad para el liderazgo colectivo. Evidentemente, se deben evitar las expectativas excesivas. Pero están surgiendo nuevas oportunidades que deben aprovecharse.

Danilo Türk es Presidente de Eslovenia (2007-2012) y presidente de Club de Madrid