Europa, una semana después de la primera ruptura en la Unión

Aunque todavía quedan asuntos en el aire, la odisea británica “acabó”

Los socios del Reino Unido confían en mantener las relaciones

Dos empleados de la Comisión Europea sustituyen banderas de la Unión y de Reino Unido en el exterior del edificio.
Dos empleados de la Comisión Europea sustituyen banderas de la Unión y de Reino Unido en el exterior del edificio. Getty Images

Los compases finales de 2020 dejaron un nuevo momento para los libros de historia en un año ya de por sí prolífico en lo que a eventos reseñables se refiere. Ahora, la historia de Europa, la relación entre el Reino Unido y los que hasta hace unos pocos días eran sus socios más directos se escribe en vivo y en directo. Una nueva etapa comienza después de que, por primera vez desde su fundación, un país haya materializado su salida de la organización que ha logrado garantizar con éxito la paz en el Viejo Continente desde que nació su germen al calor de un pacto para el control del acero y del carbón, entonces materias primas indispensables para la guerra. 

La sombra de un divorcio traumático pesó sobre el Brexit durante años, finalmente, incluso la salida de la Unión se ha producido en unos términos muy europeos. Ambas partes hicieron concesiones ya que concluyeron que lo mejor era nuevamente cambiar las espadas por los arados y llegar a “un entendimiento beneficioso para ambos”, o al menos, así lo describieron en Londres y en Bruselas. A la luz de los hechos, tanto Reino Unido como la Unión Europea, debido a sus intensas relaciones en muchos niveles, estaban condenados a entenderse.

El acuerdo de salida de la Unión Europea aún no tiene la aprobación definitiva, pero ya cuenta con el visto bueno provisional. El pacto garantiza el acceso británico al mercado comunitario sin aranceles, pero no exime a las empresas de una burocracia que, eso sí, los políticos se han comprometido a reducir a la mínima expresión. En el lado de las victorias británicas, además del acceso al mercado comunitario se encuentra el de haber quedado liberado de la jurisdicción del Tribunal Superior de Justicia Europeo. Entre las victorias de Bruselas, se cuenta la de haber establecido un férreo mecanismo de respuesta que da la capacidad a ambas partes de suspender partes del trato e incluso establecer represalias y aranceles en solo 20 días si consideran que no está honrando el contenido del pacto. Ambos pueden hacerlo, pero la delegación británica se resistió hasta el último momento a aceptar esta condición.

Desde el punto de vista de los ciudadanos tanto británicos como comunitarios, hay una conquista especialmente clave: el régimen de visados. El pacto permite la movilidad de ciudadanos europeos y británicos para visitas cortas, un máximo de 90 días seguidos, con una suma de límite de 180 días al año, sin necesidad de portar un visado. No obstante, ninguna de las partes se ha comprometido a garantizar los visados de larga duración. El acuerdo “no cubre el derecho de los ciudadanos de la UE a entrar (con o sin visado), trabajar, residir o permanecer en Reino Unido”, ni viceversa.

Preparativos

Antes de conocerse el resultado de las negociaciones, tanto Reino Unido como la Unión Europea ya maniobraron para garantizar la continuidad de los ciudadanos originarios del otro bloque que quieran seguir viviendo dentro de las fronteras que antes del Brexit habitaban. Ivelina Masheva, ciudadana comunitaria que vive en Londres, explica que tuvo que solicitar un permiso legal para obtener el estatus de residente. El Gobierno británico ha dado de plazo para pedir este documento conocido como settled status hasta el 30 de junio de 2021 y aunque tenía un coste inicial de 75 libras que en ocasiones asumían las empresas en las que trabajan los ciudadanos procedentes de la Unión Europea, posteriormente se hizo gratuito. Los estudiantes que se formen en Reino Unido, también deberán aplicar a este permiso.

“Tienes permiso amparado por la ley británica y no hay límite de tiempo para tu estancia en Reino Unido. Puedes seguir trabajando en Reino Unido, usando el sistema nacional de salud, apuntarte a cursos o seguir apuntado a ellos, acceder a beneficios sociales como subsidios o pensiones si eres apta para recibirlos. Puedes viajar para salir o para entrar en Reino Unido”, reza la comunicación que confirma que se ha concedido el settled status.

Bárbara Czartoryska, directora de Barcelona Expat Services, da una visión de cómo se abordó desde la Unión Europea esta cuestión y de lo que sentían los ciudadanos británicos afincados en España. “La mayoría de ellos no entendieron las reglas, no sabían cómo había que hacerlo y como tramitar sus peticiones, estaban un poco perdidos. No sabían muy bien si iba a ser un hard Brexit o no, lo que quisieron tener era soluciones por si acaso”, comenta.

La experta en servicios de relocalización de empresas y personas cuenta que la crisis del Covid complicó aún más la situación. “En abril mayo y junio era muy difícil saber que tenía que hacer un ciudadano británico que quisiera seguir viviendo en España. Pero al final, por ejemplo, aquí en Barcelona crearon un despacho específico para ellos”. La empresa de Czartoryska tiene otra sede en Valencia, lugar donde no se creó ninguna solución específica para los ciudadanos británicos. Al final, la preparación consistió en garantizar un permiso de residencia y un Número de Identificación de Extranjero. De esa forma, pasara lo que pasara, los británicos podían seguir viviendo en España.

Rabia y alivio

En las empresas europeas y españolas, el proceso del Brexit se veía principalmente con rabia. La llegada de un final ordenado, es un alivio. Jorge Marichal, presidente de la Confederación Española de Hoteles y Alojamientos Turísticos (CEHAT) y de la Asociación Hotelera y Extrahotelera de Tenerife (ASHOTEL), resume estos sentimientos encontrados. “Lo que necesitábamos es que se tomaran decisiones definitivas de una vez y hacer todo lo posible para adaptarnos. Es una pena que gente tan preparada y sabia como la de la Unión Europea nos haya puesto en esta tesitura, y más en una situación como la que estamos. No deberíamos enfrentarnos a este tipo de situaciones entre países que están condenados a entenderse. Esperando siempre al último día. Desde mi punto de vista son unos sinvergüenzas porque es una situación que no debería haberse prolongado tanto”.

Íñigo Fernández de Mesa, vicepresidente de la principal patronal de empresarios española, CEOE, recuerda que para España es muy importante que el Brexit sea ordenado. “También es muy importante para Reino Unido. Nuestras grandes empresas tienen inversiones en Reino Unido y somos socios comerciales de primer nivel. Tenemos muchos turistas británicos, medio millón de británicos residiendo en España”. En su opinión, la ruptura no pilla por sorpresa a las empresas. El divorcio, aunque divorcio, no es el fin de las relaciones.

El sector pesquero se muestra preocupado

Uno de los puntos más polémicos y que más se debatieron en los momentos finales fue el del acceso de la flota comunitaria a los bancos de pesa situados en aguas británicas. En este punto, el pacto no dejó completamente contento a nadie, aunque más a la parte británica. Reino Unido recupera la soberanía sobre sus aguas, si bien se establece un periodo transitorio de cinco años y medio (hasta el 30 de junio de 2026). Londres obtiene un incremento de sus cuotas de pesca que, al final del periodo de ajuste en 2026, alcanza un 25% del valor medio de las capturas realizadas por los países comunitarios en aguas británicas.

La Alianza Europea de Pesca (EUFA en inglés) cacula que el 42% de las capturas europeas procedían de aguas británicas. Como compensación, el sector se beneficiará de la propuesta de la Comisión Europea dotada con 5.000 millones de euros para sectores afectados por Brexit.

Desde Cepesca, la principal asociación española del sector, se muestran aliviados por el acuerdo ya que es algo mejor a lo que se manejaba en las negociaciones, pero a la vez aseguran sentirse preocupados por el medio y largo plazo. Una vez que termine la transición, el acuerdo de acceso a las aguas británicas se renegociará año a año y eso es un amplio foco de incertidumbre.

“Consideramos que es una pena que las promesas de la Comisión Europea, refrendadas en el mandato de negociación, cayeran en saco roto en las últimas horas de la negociación y ahora la UE tiene la responsabilidad de buscar fórmulas para compensar a los pescadores y no volverles a dejar tirados”, lamenta Javier Garat, secretario general de Cepesca y presidente de la patronal europea Europêche.

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