Desayunos Cinco Días

La sostenibilidad, clave para el futuro y la competitividad de las empresas

Lograr un mundo más justo requiere ahora vincular los beneficios económicos con los valores sociales y medioambientales

La sostenibilidad está viviendo su momento. En apenas cinco años, desde que Naciones Unidas aprobara la agenda 2030 para el impulso y consecución de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), ha experimentado un progreso imparable que la ha llevado a introducirse en el núcleo del negocio de las empresas, tanto públicas como privadas.

 El concepto se ha ido enriqueciendo a lo largo de este breve periodo de tiempo. Junto a los valores medioambientales que lo impregnaron mayoritariamente desde un principio, ha ido incorporando otros de carácter social que buscan un mundo más justo y equitativo poniendo a la persona en el centro

En este camino, las compañías se enfrentan ahora el enorme reto de profundizar en la transformación de su forma tradicional de generar riqueza y empleo. Las privadas, vinculando la rentabilidad económica que demandan sus accionistas con esos otros valores. Las públicas, desplegando políticas que beneficien a los ciudadanos.

Ambas son conocedoras de que este proceso de cambio es la única manera que tienen para seguir siendo competitivas y ofrecer productos distintos para asegurarse su futuro. Por eso buscan alianzas entre ellas y también con otros actores, a la vez que expresan su preocupación sobre las fuentes de financiación y dudan sobre la necesidad de un marco regulatorio que impulse este desarrollo sostenible.

Son algunos de los asuntos que se abordaron en el encuentro La sostenibilidad en la agenda de las empresas e instituciones públicas, organizado por CincoDías en colaboración con Ferrovial.

Paloma Durán, directora de la división de Políticas y partenariados globales en la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), traza una senda común en la forma de hacer sostenibilidad para las sociedades públicas y privadas: “Recuperar a la persona en el centro de la actividad”. Y expone también tareas diferentes para cada una de ellas. Las privadas deben tener “un propósito claro, recuperar qué significa hacer bien y hacerlo bien”. Las públicas deben recobrar la idea de que lo importante es la gente, “no los intereses políticos”.

Se trata de “ser más que parecer”, como explica Concha Iglesias, socia líder de sostenibilidad y cambio climático de Deloitte España. “Las empresas se lo tienen que creer. Están para crear valor para los accionistas, pero también para crear un valor económico, social y medioambiental”. Necesitamos que “se enganchen completamente en este propósito” y no olvidar “incluir a las pequeñas y medianas empresas”, añade, y más en un país, como España, donde las pymes representan el 60% del PIB y suponen casi el 99% de las empresas existentes.

Para lograr esa transformación y hacer “una empresa distinta, altamente responsable”, hay que poner en el núcleo el “impacto social, y hacerlo transversal a todas las áreas de negocio. Esto significa cambiar el liderazgo, con un líder más cercano, poniendo la atención en todos los grupos de interés, no solo en el accionista, y con un modelo más colaborativo”, destaca Ana Sainz, directora general de la Fundación Seres-Sociedad y Empresa Responsable.

Es un proceso de reflexión en el que están metidas de lleno las sociedades públicas y privadas. Las primeras, definidas por Jaime Silos, director de desarrollo corporativo de Forética, como “un híbrido que opera en ambos ámbitos y una combinación ideal para desarrollar políticas de sostenibilidad en un país”, reflexionando con ellas en “temas candentes como la economía circular, la acción social, etcétera”. Las privadas, explica Cristina Moral, gerente de responsabilidad corporativa de Ferrovial, “preguntándonos qué somos como compañía y qué quieren nuestros accionistas y grupos interesados”.

Resultados concretos

Ferrovial representa un buen modelo de ese proceso de transformación. Empezó siendo una compañía de infraestructuras y ahora es mucho más que eso. “Si no ajustamos nuestra oferta a todos estos parámetros de sostenibilidad no cubriremos la demanda futura. Y esto está a la vuelta de la esquina”, sostiene Moral. A continuación menciona Zity, un servicio de alquiler de coches eléctricos, y el reciente acuerdo firmado con uno de los desarrolladores en EE UU de Hyperloop, uno de los proyectos de transporte más disruptivos y con más proyección de cara a los próximos años, como ejemplos de eso que llama “hacer las cosas de distinta manera”.

Paloma Durán cree también que estos cambios surgen de una “demanda de la propia sociedad”. Si las empresas no se dan cuenta de esto y no tienen “un propósito claro de integrar la sostenibilidad en el corazón de su negocio, todo lo demás es muy difícil”, argumenta.

“Parece que las empresas teníamos todas las respuestas, pero nos han cambiado las preguntas”, razona Sainz, de Seres. Para hacer frente a esta nueva situación recomienda “meter la sostenibilidad al principio de todo, en la razón de ser de la compañía. Después tiene que capilarizar todas las áreas, tiene que calar en todas ellas”.

Sin olvidar, como señala Iglesias, que “para implicar a las organizaciones, estas necesitan que las ayuden”. Deloitte las acompaña en este proceso y les explica bien este nuevo concepto a través de una serie de pasos que se podrían resumir en los siguientes elementos: cómo funciona, qué impacto puede tener en su negocio y cómo medirlo, dónde invertir para que este cambio que lleva su tiempo evolucione y se convierta en estructural y, finalmente, comunicar hacia sus empleados y hacia la sociedad el impacto que tiene lo que hacen.

Financiación y alianzas

Bonos verdes, bonos sociales…, “en torno a la sostenibilidad se disparan las oportunidades de financiación”, expone Silos, de Forética. En su opinión, “las públicas han descubierto que es también una oportunidad de obtener dinero barato y de acceder a mercados de capitales”. La pandemia del coronavirus ha profundizado esta realidad. “El 94% de los índices de sostenibilidad, ya sea en acciones o en bonos, habían batido a sus homólogos tradicionales en el primer trimestre del año, y siete de cada diez inversores institucionales habían batido a sus pares en sus respectivas categorías. Lo han hecho no solo en rentabilidad, además con un porcentaje menor de riesgo”, afirma.

“No es una moda”, advierte Iglesias, que aporta una cifra: “Se ha incrementado en un 82% en los últimos tres años”, y anticipa que a partir de junio de 2021 “iremos teniendo referencias, ya que los reguladores están trabajando en líneas de financiación social”.

Sainz coincide con ellos y le augura un camino largo por recorrer, sobre todo en el mundo social. “En la mayoría de las compañías el 80% de su valor no lo explican los bienes tangibles, sino que lo hacen los intangibles, esa nueva manera de operar, ese propósito”, justifica.

Moral destaca su importancia: “Es la que ha movido montañas y lo que ha provocado verdaderas reconversiones en ciertas compañías”. También pone el acento en lo “enormemente útil que es para la empresa privada medir esos parámetros de sostenibilidad, la única manera que tenemos de probar que esto funciona, implica competitividad y mejora los resultados”.

Hay otras maneras de encontrar recursos para seguir avanzando en la ruta que lleva hacia la sostenibilidad. Entre ellas están las alianzas que se establezcan entre las instituciones públicas y las empresas privadas. Paloma Durán aboga por replantear estos acuerdos y “buscar sinergias”. No se trata de encontrar donantes, sino de que “cada uno esté en su sitio” y aporte beneficios que mejoren la vida de los ciudadanos.

“Lo básico es entender bien cuál es el socio y admitirlo como tal, no usarlo”, tercia Sainz, para la que en las alianzas se han buscado “fines individuales” y no colectivos. Es aquí donde “hay que avanzar, donde cada uno tiene que encontrar su rol”.

Desde Ferrovial se aportan las experiencias innovadoras que se desarrollan desde hace 15 años “en microalianzas público-privadas y proyectos sociales que han desembocado en unas ideas muy innovadoras y con unas capacidades tecnológicas estupendas”, según Moral. En Deloitte se apuesta por establecer alianzas con venture labs, startups y otras compañías.

Marco regulatorio

La necesidad o no de que la Administración intervenga a través de un marco legal que obligue a las empresas a incorporar la sostenibilidad en sus estrategias y líneas de negocio es el aspecto donde hay posiciones más alejadas entre los participantes en este encuentro. De hecho, oscilan entre el rechazo que suscita el mismo en Ferrovial y la Fundación Seres.

Moral rechaza un marco que califica “como una imposición por parte de la Administración” y asegura que “hay muchas más vías para que entre todos impulsemos el desarrollo sostenible”. Sainz tampoco es partidaria y sostiene que la razón que empuja a las empresas hacia la sostenibilidad está en su propio convencimiento de que esta es una generación de oportunidades que surge de una necesidad triple: “Tener un rol de mejora de la sociedad, una responsabilidad para construir un futuro mejor y una ocasión porque genera competitividad”.

Iglesias, sin embargo, afirma que las empresas “necesitan una certidumbre regulatoria”, de manera que puedan “aprovechar esa complicidad entre lo público y lo privado y porque necesitan saber cuáles son las reglas del juego”. Ha de existir “como una manera positiva, no como una obligación”, para “fomentar el camino hacia la sostenibilidad y concitar confianza en los grupos de interés”, declara. Silos coincide y manifiesta que “tiene que ser pragmática y con un buen contenido de incentivos, con el palo y la zanahoria para alinear todos los intereses”.

En medio de ambos lados se sitúa la representante de la OCDE. Durán no se atreve a dar una respuesta en términos globales, ya que “en cada país la situación es distinta”. Su planteamiento es que en principio “la regulación sola no genera cambio”, aunque lo puede facilitar, y hace hincapié en la lección principal que se puede obtener de las alianzas que se establecen entre las sociedades públicas y privadas: que las segundas “refuercen la finalidad que tienen, que es hacer bien y hacerlo bien”.

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