Tres demandas en dos meses

Así amenaza la ofensiva legal de EE UU el imperio publicitario de Google

Las tres demandas presentadas contra la compañía en dos meses por abuso de posición dominante pondrán a examen sus prácticas comerciales durante más de 20 años

Sundar Pichai, CEO de Google.
Sundar Pichai, CEO de Google.

A Google se le acumulan los frentes judiciales en EE UU con acusaciones que podrían poner en riesgo su imperio publicitario construido a lo largo de los últimos 22 años. Ayer, la compañía recibió su tercera demanda antimonopolio en el país; la tercera en solo dos meses. Y si ya cayó como una losa sobre ella la histórica demanda presentada el pasado octubre por el Departamento de Justicia de EE UU y 11 estados por supuestas prácticas contra la competencia, los casos presentados este miércoles y jueves no son menos duros.

La primera demanda acusa al gigante tecnológico de utilizar una red de contratos y asociaciones con otras empresas, como Apple, para bloquear los motores de búsqueda rivales, mientras la segunda le acusa de abusar de su posición de dominio para controlar el mercado de la publiidad digital y pactar en secreto e ilegalmente con Facebook para estrangular la competencia en el mercado publicitario.

Esta demanda, presentada por Texas y otros nueve estados, alega en concreto que los dos rivales se confabularon para fijar precios y repartirse el negocio publicitario. Según la acusación, Google pactó dar a Facebook un trato preferencial en sus subastas publicitarias a cambio de que la red social dejara de usar un sistema de subasta que le perjudicaba.

"Google ofreció a Facebook ventajas en información, velocidad y otras, en detrimento de otros participantes en las subastas. El acuerdo provocó que Facebook ganara una porción de las subastas, subvirtiendo el libre funcionamiento de la oferta y la demanda", asegura la sentencia. Tal extremo ha sido negado por Google.

Los estados demandantes aseguraron que “en este mercado, Google es el lanzador, el bateador y el árbitro, todo a la vez”. Y añadieron que la compañía utilizó una combinación de tácticas fraudulentas para forzar sus herramientas publicitarias a los editores y consolidar su posición privilegiada como “intermediario” entre los compradores de espacios publicitarios online y los sitios web que los venden.

La guinda a esta ofensiva legal llegó ayer con la tercera demanda interpuesta por un grupo de fiscales generales de EE UU y 35 estados, que acusaron a Google de organizar de manera fraudulenta sus resultados de búsqueda para expulsar a otros rivales del mercado. Los demandantes solicitaron que su demanda se consolide con la del Departamento de Justicia, según un comunicado de la oficina del fiscal general de Colorado. Algo que si prospera ampliará el alcance del caso federal incluyendo un mayor abanico de acusaciones sobre la compañía.

En este último pleito, los estados acusan a Google de haber modificado el diseño de su motor de búsqueda para beneficiar a sus propios productos y dejar en desventaja a rivales que ofrecen búsquedas especializadas o verticales en distintos ámbitos. Estos rivales de Google incluyen a minoristas en línea como el gigante del comercio electrónico Amazon,Tripadvisor (que ofrece información turística y de hoteles, restaurantes y opiniones de viajeros) y Yelp y Angie’s List, proveedores líderes de reseñas de empresas locales, entre otros.

Igualmente, los fiscales acusaron a Google de utiliar acuerdos exclusivos con fabricantes de móviles como Apple para priorizar su servicio de búsqueda sobre otros rivales como Firefox y DuckDuckGo. Las tácticas contra la competencia utilizadas por el gigante de Silicon Valley habrían asegurado, según los demandantes, el dominio de Google en el negocio de las búsquedas, donde controla actualmente casi el 90% del mercado, y habrían impedido que otras empresas más pequeñas se convirtieran en competidores importantes.

Aunque la tercera demanda se centra especialmente en el negocio de búsqueda y publicidad de Google, también pone foco en cómo la empresa está sirviéndose de su posición de dominio para favorecer sus productos frente a los de la competencia en áreas como los altavoces inteligentes, los televisores o los automóviles. La demanda se hace eco de las quejas algunas empresas, como el fabricante de altavoces inteligentes Sonos, que había denunciado a Google por su prácticas desleales para ganar cuota de mercado.

“Google está impidiendo a sus competidores en el mercado de los asistentes de voz llegar a los consumidores a través de los automóviles conectados, que representan un significativo medio de acceso a internet en el futuro", señaló el fiscal general de Iowa, Tom Miller, al presentar la denuncia.

La cascada de demandas contra Google, que ya ha dicho que se defenderá en los tribunales, deja clara la creciente preocupación de las autoridades de EE UU y de otras regiones, como Europa, por el enorme poder que están amasando las big tech. La semana pasada también Facebook fue demandada en EE UU por monopolio y se le exige la venta de Instagram y WhatsApp.

Dina Srinivasan, investigadora de Yale que participó en la redacción de la segunda denuncia, cree igualmente necesaria una separación estructural de los negocios de Google para limitar el número de roles que la compañía desempeña en la publicidad online y que le da su poder de dominio actual.

"Nuestra economía está más concentrada que nunca y los consumidores se ven perjudicados cuando se ven privados de opciones de productos y servicios valiosos", señaló Phiil Weiser, fiscal general de Colorado. "Las acciones contra la competencia de Google han protegido su monopolio en las búsquedas y ha excluido a sus rivales privando a los consumidores de los beneficios de las opciones competitivas, evitando la innovación y socabando la entrada o la expansión de otros rivales", añadió.

Las alegaciones de que Google cerró acuerdos como el de Apple o el de Facebook para aumentar sus ingresos publicitarios da la razón a quienes defienden que los gigantes tecnológicos han actuado al unísono para reforzar su poder, según el FT.

La compañía, capitaneada por Sundar Pichai, ha negado durante mucho tiempo las acusaciones de monopolio y ayer volvió a defenderse de las últimas. La compañía dijo que la búsqueda de Google está diseñada para brindar los resultados más relevantes. “Sabemos que si al usuario no le gustan aquellos que le ofrecemos, tiene muchas alternativas a solo un clic, incluidas Amazon, Expedia, Tripadvisor”.

Por eso, añadió “seguimos trabajando para mejorarlos, diseñando e implementando funciones útiles en la búsqueda, incluidos mapas, vínculos a productos y servicios que puede comprar directamente, opciones de vuelos y hoteles e información comercial local, como horarios de atención y servicios de entrega". Según Google, otros motores de búsqueda como Bing de Microsoft parecen haber escuchado los mismos comentarios por parte de los usuarios "porque también han evolucionado para proporcionar este tipo de resultados directos”, dijeron.

En su defensa, el titán tecnológico subrayó que rediseñar la búsqueda de Google de la forma propuesta en la demanda “dañaría la calidad de los resultados y perjudicaría a empresas como tiendas, restaurantes, talleres, aerolíneas y hoteles, pues aparecer en Google y les ayuda a ser descubiertos y a conectar directamente con los clientes”.

Ahora se espera que la compañía utilice todo su armamento (abogados, acciones de lobby y su músculo financiero) para combatir todas las acusaciones en su contra. La empresa que empezó como una startup hace ya más de 22 años suma hoy 130.000 empleados en el mundo y tiene un valor de mercado de más de un billón de dólares (más de 815.000 millones de euros). Sus reservas de efectivos ascienden a más de 120.000 millones de dólares.

Como decía ayer The New York Times, las tres demandas pintan a Google como un gigante corporativo despiadado que ahoga a la competencia en distintos negocios. Una visión muy alejada de la que se tenía de la compañía cuando nació y cuando empezó a ser vista como el contrapeso de Microsoft y otros matones de la industria del pasado. Ahora falta ver cómo acaba un proceso legal, que ha reunido a republicanos y demócratas, y que todo apunta durará años como ya ocurriera en los casos antimopolio de Microsoft o IBM. Todo un examen para la empresa y para quienes pelearán por recortar poder a la big tech.

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