El papel clave de las renovables en la reactivación económica

El precio de este tipo de energía va a jugar un papel

fundamental a la hora de determinar el ritmo de la recuperación

Si a alguien le quedaba alguna duda, los últimos meses han puesto de manifiesto que ya no puede haber marcha atrás en la transición energética y que la energía limpia está aquí para quedarse. De hecho, esta transformación a la que el mundo se enfrenta está llamada a convertirse en un dinamizador económico y social, algo completamente necesario en un contexto de incertidumbre e inestabilidad como el actual.

Hace unos años el sector eléctrico era oligopolista, y la carrera por la sostenibilidad era un ideal utópico muy lejos de estar interiorizado por la ciudadanía, las instituciones, las empresas y los inversores. Ahora, la sociedad no solo se ha familiarizado con el concepto sostenible, sino que ha empezado a considerarlo en sus decisiones de consumo e inversión. Esto afecta directamente al sector energético, que también se ha visto impactado por el progresivo empoderamiento del consumidor, que se ha transmutado de abonado a cliente. Hoy en día, el cliente decide, posee conocimiento y poder, y cada vez reclamará más conocer el origen de la energía que consume, gestionar su demanda y hasta producirla por sus propios medios.

En materia de energías renovables, España cuenta con una posición privilegiada. Somos uno de los países con mayor radiación solar y nuestra condición de península nos ofrece un régimen de vientos muy diverso. La apuesta que la Unión Europea está haciendo por impulsar el llamado Green Deal nos abre la oportunidad a convertirnos en uno de los países de referencia en lo tocante a las energías renovables. Europa está trabajando para convertirse en el “número uno del mundo en renovables” como dijo Jean-Claude Juncker, y España debe asumir el liderazgo que, por sus valores cívicos, ubicación y climatología, le corresponde.

Los beneficios son indiscutibles. Además de la clara contribución a la sostenibilidad del planeta y de sus recursos, la transición ecológica atraerá más de 200.000 millones de euros de inversión en los próximos diez años, generará entre 250.000 y 350.000 empleos netos anuales y contribuirá a la reindustrialización del país, gracias a contar con una energía abundante, barata y renovable, algo fundamental en un modelo industrial en el que la automatización y robotización facilita que el insumo energía tenga mayor peso que el coste de la mano de obra.

El precio de la energía renovable va a jugar, por lo tanto, un papel clave en el ritmo al que avancemos hacia estas metas. En los últimos años, la forma en la que generamos energía está cambiando mucho debido, en gran parte, al importante descenso en el coste de inversión de las renovables, especialmente en el caso de la fotovoltaica y la eólica. Un fenómeno que no se ha dado en los costes de inversión en instalaciones de generación en base a combustibles fósiles. Esto supone un gran cambio ya que antes de 2014 apenas había lugares donde la energía renovable no subvencionada fuera más barata que la procedente de los combustibles fósiles, pero a día de hoy, en diferentes lugares del mundo, incluyendo España, las energías renovables son competitivas. Esto ha sido posible gracias a la mejora de las tecnologías, las economías de escala, la creación de cadenas de suministro más competitivas y la creciente experiencia de los desarrolladores de proyectos, según afirma la Agencia Internacional de Energías Renovables. En su informe Costos de generación de energía renovable en 2019, revela que los costos de la energía fotovoltaica han registrado un descenso del 82% desde 2010, seguida de la energía solar de concentración con una bajada del 47%, la eólica terrestre con un 39% y la eólica marina con un 29%. Y un dato mucho más alentador: el 56% del total de la capacidad de generación de energía renovable a escala de servicio público puesta en marcha en 2019 registró costos más bajos que los de la opción más barata a base de combustibles fósiles.

Queda claro que la evolución observada durante los últimos años es muy positiva, ya que, además, no hay que olvidar que nos encontramos en un mercado liberalizado y, por lo tanto, la penetración de renovables está inversamente relacionada con su coste. De hecho, en el caso de la energía eólica, cada vez que se duplica su uso a escala mundial ello supone una reducción de su precio de alrededor de un 20%.

A pesar de la acusación de ser caras que las renovables han arrastrado durante años, promovida por grupos de interés, lo cierto es que estas son una fuente cada vez más barata para generar electricidad. Además, cuentan con un enorme potencial de ahorro de costes sociales, como los derivados de la asistencia sanitaria que requieren las enfermedades respiratorias causadas por la contaminación derivada del uso de combustibles fósiles, y de estímulo de la economía global, especialmente en escenarios de crisis como el actual. Lo que hace que las inversiones en renovables sean atractivas es su estabilidad y rentabilidad, pero también el hecho de que ofrecen claros beneficios a la sociedad y a la economía desde muchos puntos de vista, como puede ser la pureza del aire que respiramos o la creación de empleo de calidad.

En España parece que la apuesta por las energías renovables es clara. El pasado 20 de mayo el Consejo de Ministros aprobó el proyecto de Ley de Cambio Climático y Transición Energética que tiene como objetivo que España alcance la neutralidad de emisiones de gases de efecto invernadero como muy tarde en 2050. Y recientemente el Gobierno aprobó el real decreto ley con medidas para impulsar las energías renovables y favorecer la reactivación económica. Para 2030, al menos, un 70% del sistema eléctrico deberá basarse en tecnologías renovables.

Las bases parecen estar sentadas. Esta es una oportunidad de oro para nuestra sociedad, para nuestra economía y para nuestro posicionamiento en el mundo. No la podemos dejar pasar.

Emilio Rousaud es CEO y fundador de Factorenergia