Tanto armas de fuego como redes sociales pueden perder sus privilegios

Ambos sectores disfrutan de injustas protecciones legales respecto a las acciones de sus usuarios

Jack Dorsey, CEO de Twitter, testificando de forma remota este martes ante el Senado de EE UU.
Jack Dorsey, CEO de Twitter, testificando de forma remota este martes ante el Senado de EE UU. AFP

Las armas y las redes sociales tienen varias cosas en común. Mucha gente las disfruta responsablemente, pero en las manos equivocadas son peligrosas. Sin embargo, ambas disfrutan de una ayuda pública injusta en forma de protecciones legales respecto a las acciones de sus usuarios. Eso no puede durar para siempre.

El fundador de Facebook, Mark Zuckerberg, y el jefe de Twitter, Jack Dorsey, se presentaron ante los senadores de Estados Unidos el martes para justificar la censura de los contenidos políticos. Está en cuestión la Sección 230 de la Ley de Decencia en las Comunicaciones, que en general permite a las redes sociales desentenderse de los mensajes de los usuarios, mientras que también les da la libertad de marcar contenido “objetable”.

Esa ley, que ayudó a Facebook a pasar de ser una startup a valer 800.000 millones de dólares, ahora en la práctica hace de Zuckerberg y Dorsey árbitros sobre cuándo un contenido representa un peligro para la sociedad.

Los armeros también se benefician de una legislación antibalas: la Ley de Protección del Comercio Legal de Armas (PLCAA, por sus siglas en inglés). Básicamente evita que las víctimas de la violencia con armas de fuego responsabilicen a los fabricantes de las mismas. Pero la PLCAA significa que compañías como Smith & Wesson y Remington puedan no incluir características simples que salvan vidas, como indicadores que muestran cuando un arma de fuego está cargada. Esa omisión cuesta vidas. En 2020 ha habido casi 250 disparos no intencionados por parte de niños americanos, según la organización sin ánimo de lucro Everytown For Gun Safety.

Sin estos escudos, ambas industrias cambiarían radicalmente. Los partidarios de los derechos de las armas afirman que, sin la PLCAA, quebraría un sector de 47.000 trabajadores. Eso probablemente sea una hipérbole. Pero los juicios y las medidas de seguridad impondrían costes legales y harían que las armas fueran más caras de producir.

Para las redes sociales, una moderación más activa significaría más empleados. Los usuarios tendrían que acostumbrarse más a la idea de que sus publicaciones en Facebook o Twitter no sean gratuitas.

La Sección 230 podría cambiar durante la administración del presidente electo Joe Biden, a juzgar por la audiencia del martes ante los legisladores. No la PLCAA. Incluso si los demócratas quisieran revocarla, necesitarían el apoyo de 60 de los 100 senadores para llevarla a votación.

Pero el capitalismo de amiguetes de la PLCAA, y un cambio entre los votantes hacia más reglas para las armas de fuego, sugiere que habrá un ajuste de cuentas. El Senado entrante, por ejemplo, incluye a los defensores de la seguridad de las armas de fuego Mark Kelly, de Arizona, y John Hickenlooper, de Colorado.

Facebook y Twitter tienen una ventaja sobre los armeros. Saben que su impunidad legal está amenazada y están tratando de adelantarse al problema. Dorsey y Zuckerberg han dado la bienvenida a los cambios de la Sección 230. Eso es prudente, porque pueden ayudar a resetear las reglas. Comparados con los armeros, estarán mejor equipados para sobrevivir cuando les quiten su armadura mágica.

Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de CincoDías