Deuda anticrisis

La vacuna y las fusiones alivian el perfil de riesgo de la banca española

Los ‘cocos’ rozan niveles previos al estallido de la pandemia. Los bonos subordinados de Unicaja suben un 28% desde mínimos

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A golpe de avances en las vacunas contra el Covid-19 y de operaciones de consolidación, la banca española ha logrado espantar las dudas sobre su solvencia ante el estallido de la pandemia. Los temores al colapso económico y a un repunte de la morosidad se han aplacado, y la deuda anticrisis de las entidades españolas roza ya los niveles previos a la llegada de la pesadilla del Covid.

 

Los inversores han levantado la presión sobre la deuda anticrisis de la banca y en especial sobre los bonos contingente convertibles (cocos). Estos se vieron muy penalizados con la declaración del estado de alarma en marzo por el miedo a que las entidades optaran por no amortizar estas emisiones. Aunque por definición son eternos, los inversores dan por hecho que los amortizarán a los cinco años. Santander, antes de la pandemia, ya hizo saltar las alarmas, al no comprar una emisión por 1.500 millones en ese plazo. Al final, la entidad sí lo hizo pero con retraso: a inicios de este año.

La presión sobre el sector se mantiene en la renta variable, aunque se ha aliviado sustancialmente en las últimas semanas. Sabadell, Santander y Bankinter se colocan entre los 10 valores del Ibex 35 que más retroceden en lo que va de año. Acumulan desplomes del 57,7%, del 33,9% y del 33,1%, respectivamente.

Los cocos fueron los más penalizados por el arranque de la pandemia. Son la primera capa del escudo anticrisis (capital adicional de primer nivel o AT1) de las entidades financieras y son los que cotizan de manera más cercana a las acciones. En caso de que el capital de un banco caiga de determinado nivel –comúnmente del 5,125% de CET1, el de máxima calidad– se convierten automáticamente en acciones. En caso de problemas, son también los primeros, tras las acciones, en volatilizarse. Así ocurrió con la resolución de Banco Popular en junio de 2017. Sus cocos por más de 1.250 millones de euros se volatilizaron. Ni siquiera pasaron por la fase teórica de transformarse en acciones.

Los cocos de la banca entre marzo y abril estuvieron sujetos a una fuerte presión vendedora que ahora prácticamente se ha esfumado. Los más castigados fueron los de la emisión de 750 millones de euros que Sabadell emitió en 2017 y que llegaron a cotizar al 68% del nominal. Un nivel del que se han recuperado, hasta cotizar ya con ganacias. Con todo, su precio cae cerca de un 4% desde los niveles de inicio de marzo, retroceso que ahondan hasta el 6% desde los máximos de febrero. Es una emisión que paga un 6,5% anual y que la entidad podrá amortizar si así lo desea en 2022.

Estos cocos de la entidad presidida por Josep Oliu se han visto favorecidos además por las conversaciones iniciadas entre Sabadell y BBVA de cara a una posible fusión, después de que el banco dirigido por Carlos Torres comunicara el pasado lunes la venta de su negocio en Estados Unidos por 9.700 millones. Una operación que le generará unas plusvalías de 580 millones y un impacto positivo de 300 puntos básicos en la ratio de capital de máxima calidad. Así, estos bonos se revalorizan más de un 7% desde el pasado viernes (véase gráfico).

Por su parte, la emisión de 1.000 millones en cocos que BBVA colocó en 2018 cotiza en torno al 103% del nominal. En todo caso, estuvieron entre los menos castigados por los inversores. También por encima de la par se mantienen los 750 millones que Bankia emitió en 2017 y que pagan un cupón del 6%. Llegaron a estar un 28% por debajo del precio actual.

Más allá de los bonos contingentes convertibles, también se vio afectada, aunque con menor intensidad, la deuda subordinada. Esta forma parte de la segunda línea de defensa en caso de que haya problemas. Los de la entidad que presidía Emilio Saracho antes de que saltara por los aires también fueron, en todo caso, destruidos junto con los cocos, Si bien Santander decidió compensar a sus dueños con otros cocos que tienen la primera fecha de posible amortización en 2024.

Precisamente, el precio de un bono subordinado emitido en 2015 por el banco que preside Ana Botín sube cerca de un 16% desde los mínimos. Las otras dos entidades que negocian su fusión, Unicaja y Liberbank, no tienen cocos pero sí bonos subordinados que también disparan sus precios. Los 300 millones que emitió el primero hace un año avanzan un 28% desde mínimos y los del segundo, por el mismo importe pero vendidos en marzo de 2017, suben más del 12%.

 

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