Contante y Sonante

Hasta por ahorrar te cobran ahora los bancos

ING ha dado otra vuelta de tuerca a las comisiones y cobrará 10 euros a los clientes sin domiciliar su nómina que tengan en su cuenta más de 30.000 euros

Logotipo de ING en una oficina de Bruselas
Logotipo de ING en una oficina de Bruselas REUTERS

Entiendo que los bancos, como entidades privadas y ante la que les está cayendo encima (bueno y a casi todos), intenten rentabilizar lo más posible su negocio y cobren al cliente menos vinculado comisiones por los servicios que se les presta. Eso sí, siempre que las tarifas sean lógicas, transparentes y se correspondan verdaderamente con el servicio que te ofrecen. Y eso que cada vez los clientes nos autoservimos, como hacemos ya en las tiendas de moda o en los supermercados, aunque en estos casos adquirimos cosas materiales.

Pero ocurre como en las gasolineras, tú coges la manguera de la gasolinera y te sirves, sin más, sin tener un carné de manipulador, y no por ello la gasolina me sale más barata en los surtidores con personal especializado llenándome el depósito que en aquellos en los que me lo sirvo yo. Aunque en algún país cercano he visto que en las gasolineras con empleados para servir es ligeramente más cara que en los de autoservicio. Pero te dan a elegir, y eso está muy bien.

Entiendo que los bancos deban transformarse y ser más eficientes para ganar dinero, y entiendo que su idea es tener un trato de favor con el cliente vinculado, con el más fiel y el que trabaja con la misma entidad con casi todos sus productos. Pero que el sector dé un giro de 180 grados, así, todo de golpe, y llevar a cabo su gran revolución en plena pandemia, me sorprende, y no precisamente gratamente, aunque también reconozco la presión de los mercados y de los supervisores para que aligeren sus estructuras.

Hasta ahora no han hecho más que criticar a la banca online, y ahora ellos, los bancos tradicionales, también tienden a convertirse en entidades digitales, eso sí, con algunas grandes oficinas de lujo o diseñadas para jóvenes, que pueden llegar a cohibir a algún que otro cliente. Es cierto que no se puede ir a contracorriente y la digitalización no es solo cosa de la banca. El cliente también lo está reclamando, pero como una combinación de trato físico y canal digital.

Da la sensación de que lo que hasta ahora tanto ha criticado la banca sobre las desventajas existentes en la regulación entre lo que se le exige a un banco y lo que se le pide a una fintech, o más en concreto, a una big tech, puede ser una parte de esa ventaja, como ahorrarse en plantilla y oficinas. Aunque en regulación todavía no han conseguido una igualdad, pero quizás sea ahí donde más deban presionar para que las big tech no se conviertan en un coladero por donde se les escapen los clientes, sobre todo los nuevos clientes.

La banca ha decidido sacar
la tijera para ser rentable, pero a costa de destruir miles de empleos que no se recuperarán jamás

Y lo mismo sucede con las entidades online, que también han criticado durante años a las instituciones bancarias tradicionales por sus elevados costes, con grandes plantillas y un elevado número de oficinas, lo que les obligaba a recuperar parte de esos gastos vía comisiones. Pero parece que todo se ha dado la vuelta, y ahora la banca online ha dejado de ofrecer sus servicios gratis o con bajas comisiones para sumarse también a la tendencia de que hay que pagar por lo que se ofrece: servicio y asesoramiento.

Se puede estar de acuerdo o no con estos argumentos. La falta de ingresos derivada de la crisis sanitaria y económica, la competencia de otros protagonistas hasta hace unos años ajenos a la banca, y unos prolongados en el tiempo negativos tipos de interés han puesto la puntilla al sector.

Ahora, la banca tradicional ha decidido jibarizarse hasta convertirse en una plataforma con algunas oficinas. Y si no solo hay que ver la transformación de Banco Santander, que en junio de 2017 adquirió Banco Popular y desde entonces hasta el anuncio del viernes ha cerrado más de 1.300 oficinas, a las que se sumarán los 1.000 nuevos cierres comunicados la semana pasada, o la salida de 4.000 empleados, todo esto solo en España, y que se añaden a los 4.300 ya salientes desde que compró Popular. Y todos saben que cuando Santander hace algo, los demás le siguen.

Lo mismo pasa con las comisiones. Cuando un banco empieza, los demás van detrás inmediatamente. Y si no que se lo digan a CaixaBank cuando en 2015 decidió cobrar 2 euros a los usuarios de sus cajeros que no fueran sus clientes. Hasta entonces era un servicio que ofrecía la banca gratuitamente. Desde aquella, todos los bancos cobran a los no clientes, salvo que tu entidad sea tan pequeña que no tenga casi cajeros. Entonces es ella la que se hace cargo de esa comisión cuando sacas efectivo de uno de esos terminales automáticos.

ING es una de esas instituciones que, por ser online, no tiene casi cajeros, y decidió llegar a acuerdos con otros bancos para poder ofrecer el servicio de extraer dinero a pie de calle sin coste para sus clientes. Su bandera era ser un banco sin comisiones. Pero llegaron los malos tiempos y se ha apuntado a la tendencia de cobrar por sus servicios para intentar compensar los tipos negativos. Aunque ha ido un poco más lejos que otras entidades al introducir una nueva comisión.

A partir de abril cobrará 10 euros a los titulares de una cuenta con más de 30.000 euros que no tengan domiciliada su nómina en el banco. Esta tasa parece que pretende compensar la penalización que les impone el BCE a los bancos por tener su dinero depositado en la institución que preside Christine Lagarde, más que por prestar un servicio. Bueno, o así lo veo yo.

Como no entiendo cómo los bancos, con Santander a la cabeza, aseguraron al inicio de la pandemia que este no era momento de hacer ERTE ni ERE, como tampoco era tiempo de liarse en fusiones que despistan en momentos tan delicados como los actuales. Qué hubiera sido si ya desde el inicio de la pandemia hubieran comenzado a reducir plantilla y cerrar sucursales.

Es lógico y loable que busquen ser rentables, pero es una pena que se tenga que conseguir destruyendo un empleo que nunca se va a recuperar y cobrando comisiones por dejar el dinero en una cuenta en un banco sin oficinas y con bajo coste. Todo se replica, y no sería extraño que en breve otra entidad financiera también penalizase a un particular por tener su dinero depositado en ella.

Santander y CaixaBank ya cobran 20 euros al mes a los clientes poco vinculados. BBVA y CaixaBank también penalizan con 2 euros por sacar dinero de la ventanilla. Y todo bajo el argumento del servicio y de que buscan al cliente vinculado, el resto no les interesa.

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