¿Cómo se resolvería un bloqueo electoral en las elecciones de EEUU?

En el caso de que ambos candidatos empatasen, como sucedió con Jefferson, la Cámara de Representantes elegirá a los representantes

¿Cómo se resolvería un bloqueo electoral en las elecciones de EEUU?

Nadie sabe quién ganará las elecciones presidenciales que se celebran hoy en EEUU. Hay mucha encuesta y ruido informativo, pero no certezas, como en 2016, en que se dio por ganadora a Hillary Clinton tres semanas antes de la elección y, finalmente, venció Trump. Ante la incertidumbre y la polarización política (Trump denuncia un presunto fraude demócrata en el voto por correo y Biden acusa a Trump de que no aceptará un resultado adverso) cabe preguntarse: ¿Cómo se desharía el entuerto si hay empate o bloqueo para elegir presidente?

En The American President: A Complete History. From George Washington to Donald Trump (2020), la historiadora Kathryn Moore explica la historia de la presidencia estadounidense y aborda cuestiones constitucionales cuando se producen elecciones presidenciales complejas, como la que tendrá lugar el 3 de noviembre. “La elección presidencial de 1800 reveló la necesidad de enmendar la Constitución de Estados Unidos. La elección de 1800 resultó en un empate entre Thomas Jefferson y Aaron Burr. Según la Constitución, este estancamiento envió la elección a la Cámara de Representantes, que eligió a Jefferson. Cuando se contaron los votos electorales en las elecciones presidenciales de 1800 en los EEUU, solo la cuarta elección en la historia de la joven nación, hubo un problema. Dos candidatos (Thomas Jefferson y Aaron Burr) recibieron exactamente 73 votos electorales, lo que produjo el primer y (hasta ahora) único empate en el Colegio Electoral en la historia de Estados Unidos. Afortunadamente, la Constitución tiene un plan de contingencia para las elecciones empatadas, establecido en el Artículo II, Sección 1: “Si hay más de uno que tiene tal Mayoría, y tiene el mismo Número de Votos, entonces la Cámara de Representantes inmediatamente escoja por votación uno de ellos para presidente”.

La explicación de la historiadora Kathryn Moore es muy conveniente hoy porque, en previsión de lo que pudiere pasar en alguno de los escenarios contemplados en las elecciones presidenciales de 2020, el legislador, en las cuartas elecciones celebradas en América tras la independencia y la creación de la República, ya previó una solución consistente en una enmienda constitucional. Esta figura jurídica es muy importante y es prácticamente inamovible. Es fácilmente entendible si se considera un lugar común como la segunda enmienda a la Constitución, que garantiza y protege el derecho de los ciudadanos americanos a llevar un arma consigo y defenderse en caso de legítima defensa. Otros ejemplos conocidos son la primera enmienda de la Constitución de los Estados Unidos, que protege los derechos a la libertad de religión y a la libertad de expresión sin interferencia del Gobierno. Y la quinta enmienda, cuyos principios son fundamentales para toda persona acusada de cometer un delito: derecho contra la autoincriminación forzada; derecho a un gran jurado; derecho a no ser juzgado dos veces por el mismo delito y derecho al debido proceso.

La duodécima enmienda a la Constitución resolvió (en 1800, Jefferson vs Burr) la cuestión del desempate entre candidatos presidenciales. Lo esencial es que la enmienda prevé que sea la Cámara de Representantes (equivalente al Congreso de los Diputados) quien en votación especial dilucide el resultado. Es importante saber que el sistema de elección presidencial en EEUU es indirecto, es decir, los ciudadanos eligen, en realidad, a los 538 miembros del Colegio Electoral que son quienes, en última instancia, eligen al presidente y al vicepresidente. A cada estado le corresponde en el Colegio un número de compromisarios igual al número de senadores federales (dos para cada uno de ellos) más el número de sus miembros en la Cámara federal de Representantes, que es proporcional a la población.

Por lo general, en la elección presidencial el candidato que logra el respaldo de la mayoría de los ciudadanos de un estado —lo mismo da que sea con el 51% que con el 99%—se lleva el total de los compromisarios atribuidos a ese estado en el Colegio Electoral.

Para ser elegido presidente es necesario obtener 270 votos electorales, es decir, una mayoría simple. Podría ocurrir que, como resultado de esta elección indirecta, cada candidato tuviera por igual 269 votos electorales. La solución está en la duodécima enmienda de la Constitución que recoge el proceso de elección del presidente y vicepresidente y da la clave para resolver esta infrecuente, pero no imposible, situación de empate. Si ningún candidato recibiera la mayoría de los votos electorales, es la Cámara de Representantes la que elegiría al presidente, pero con un procedimiento especial de voto: a cada grupo de representantes de un mismo estado se le asignaría un solo voto y los tres miembros del Distrito de Washington no participarían.

El presidente se elegiría por mayoría simple, de manera que serían necesarios 26 de los 50 votos para ganar. Si volvieran a quedar en tablas con 25 votos cada uno, se tendría que repetir la votación las veces que fuera necesario, porque la Cámara no tiene normas de desempate.

Esto es lo que sucedió en la elección presidencial de 1800, de la que surgió la enmienda doce de la Constitución y en la que los delegados electorales votaron en 69 ocasiones para deshacer el empate que, finalmente, eligió a Jefferson como presidente y Burr a como vicepresidente. (La serie de televisión John Adams, de HBO y protagonizada por Paul Giamatti, explica muy bien cómo sucedió todo)

Hoy, la Cámara de Representantes está en manos demócratas por lo que, en caso de empate, pudiere ser más fácil acertar el desenlace…

Jorge Díaz Cardiel es Socio Director de Advice Strategic Consultants. Autor de ‘Hillary vs Trump’; ‘Trump, año uno’ y ‘Trump, año de trueno y esperanza’