Un primer año trepidante para Lagarde al frente del BCE

La francesa llegó con el ánimo de reconstruir consensos y revisar la estrategia y poco después activó una respuesta monetaria frente a la crisis que deja para el recuerdo las iniciativas de Draghi

La presidenta del BCE Christine Lagarde, en rueda de prensa en enero en Fráncfort
La presidenta del BCE Christine Lagarde, en rueda de prensa en enero en Fráncfort DPA vía Europa Press

El primer año de Christine Lagarde en la presidencia del BCE ya vale por todo un mandato. La intensidad de los acontecimientos de los últimos 12 meses ha puesto a prueba la capacidad de respuesta de la institución liderada por la banquera francesa ante una crisis de una virulencia e intensidad sin precedentes. Y a la vista de la paz que reina en las primas de riesgo de la zona euro, pese a la creciente inquietud por la pandemia, y de la ingente liquidez que abunda en el sistema financiero, esa respuesta está siendo la adecuada. El BCE ha llevado a un límite inimaginable sus herramientas de política monetaria y para diciembre se espera una nueva andanada de estímulos, según ha sugerido la propia Lagarde este jueves.

Lagarde tomó las riendas del BCE el 1 de noviembre del pasado año, cuando parecía que la política monetaria había llegado casi a un punto muerto, tras años de medidas extraordinarias sin lograr el objetivo de impulsar la inflación y con una zona euro creciendo de forma exigua. La francesa heredaba además un consejo de gobierno dividido, tensionado al máximo por la voluntad de Mario Draghi de reactivar las compras de deuda, en una medida que a punto estuvo de empañar el final de su mandato.

La primera tarea de Lagarde fue templar los ánimos y reconstruir el consenso, por delante tenía la revisión de la estrategia de la institución, inamovible desde 2003. Pero la pandemia del coronavirus hizo saltar por los aires cualquier planificación y colocó a Lagarde al frente de una oleada de estímulos monetarios ni siquiera vistos en la respuesta de Draghi ante la crisis del euro en 2012, cuando el BCE respondió con mucha más lentitud que ahora.

“Es justo decir que Lagarde ha tenido éxito en la gestión de la crisis. A pesar de un colapso catastrófico de la economía y de un incremento masivo de la deuda soberana, las condiciones financieras en la zona euro son estables, en gran parte gracias a la respuesta del BCE”, opina Neville Hill, jefe de Europa de banca privada de Credit Suisse.

Carece del liderazgo de Draghi pero ha creado un discurso sólido ante el mercado

Lagarde ya ha tenido, en altas dosis, su particular whatever it takes. Y ha hecho todo lo necesario para estabilizar el sistema financiero de la zona euro y garantizar la abundancia de liquidez. “Su principal acierto ha sido el lanzamiento del plan extraordinario de compras por la pandemia el 18 de marzo, que dio al BCE una flexibilidad sin precedentes para afrontar los múltiples desafíos de esta época sin precedentes”, resume Guillaume Menuet, economista jefe de la zona euro de Citi

La tarea de crear consenso

Meunet no ve en Lagarde un perfil ejecutivo y de liderazgo en el BCE como el de Draghi sino una suerte de moderadora de las distintas sensibilidades de la institución. En su mandato ha cobrado un papel clave el economista jefe Philip Lane, muñidor de la arrolladora respuesta del BCE en marzo, y la componente alemana del comité ejecutivo, Isabel Schnabel, responsable del programa de compras de la institución y valioso canal de comunicación con el Bundesbank, habitualmente reticente a las medidas extraordinarias. “Hay una fuerte mayoría en el consejo de gobierno, suficiente para responder de forma adecuada a los próximos desafíos en la zona euro”, añade Menuet.

El BCE ha dado una respuesta rápida y contundente a la crisis, aplaudida de forma general por los expertos

Para Roberto Ruiz-­Scholtes, estratega de UBS Banca Privada en España, Lagarde probablemente será capaz de forjar los consensos necesarios para los próximos meses. La situación económica y fiscal, con los Gobiernos del euro apremiados para emitir ingentes cantidades de deuda, y el respaldo del Tribunal de Justicia de la UE a las compras de activos –que prevalece sobre el órdago del Constitucional alemán, que lo desafió el pasado mayo–, “empujarán a un amplio consenso para prolongar el PEPP y reformular sus instrumentos de política monetaria”, según Ruiz-Scholtes.

Frente a la habitual división entre halcones –guardianes de la ortodoxia monetaria– y palomas –más favorables a los estímulos–, Lagarde declaró a su llegada al BCE su deseo de parecerse a los búhos, vigilantes y sabios. “Los búhos tienen una excelente vista y oído y esto es lo que define el primer año de Lagarde. Ha hecho un muy buen trabajo en un entorno extremadamente turbio e incierto”, defiende Sylvain Broyer, economista jefe para Europa de S&P Global Ratings.

“La respuesta del BCE a la crisis ha sido capaz y adecuada, aunque estamos aún en deflación. Lagarde intenta dar un enfoque sostenible a los programas de compra de deuda y muestra resistencia frente a aquellos que no son favorables a que un banco central se marque varios objetivos”, señala Sébastien Galy, responsable de estrategia macroeconómica en Nordea AM.

Frente a las dudas que despertó en los primeros momentos, y a algún error de comunicación sonado, Lagarde se ha ganado el respeto de la comunidad inversora, aunque su tarea no haya hecho más que empezar ante la magnitud de la crisis. “Este primer año se ha pasado increíblemente rápido. No ha sido como esperaba. Lo he disfrutado y he puesto toda mi energía”, reconocía Lagarde este jueves.

Su gran error sobre las primas de riesgo

Lagarde cometió una grave torpeza cuando el 12 de marzo aseguró que no era la labor del BCE reducir las primas de riesgo soberanas. Sus palabras tensaron aún más un mercado ya muy inquieto, pero las corrigió con rapidez seis días después, al anunciar un plan de compras extraordinario por 750.000 millones, con flexibilidad suficiente para acudir al rescate de la deuda de Italia y España. “Sin aquellas declaraciones el BCE probablemente habría tenido que hacer menos para calmar al mercado”, critica Neville Hill, jefe de Europa de banca privada de Credit Suisse.

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