Seis meses más de lucha sanitaria y una factura económica incalculable

Las previsiones de hace dos semanas del Gobierno, son ya papel mojado. Pero la economía da siempre una segunda oportunidad; aquélla, no

La declaración hace días anunciada y ayer aprobada por un Consejo de Ministros extraordinario, y con una duracción de hasta seis meses y medio, no es otra cosa que la constatación de un fracaso colectivo sin paliativo alguno en la lucha contra la pandemia. Un fracaso del Gobierno, que tras las dudas iniciales y el confinamiento estricto durante casi cien días aflojó el control en favor de las autonomías para dejar respirar a la economía; un fracaso de las regiones que no han sabido embridar la situación sanitaria pese a reclamar para ellas la responsabilidad exclusiva; y un fracaso de la sociedad entera que creyó superado el fenómeno y con negligentes dosis de irracionalidad volvió a las costumbres comunes que multiplican los contagios como en ningún otro país del mundo por la particular forma de vida. Ahora, con los niveles de contagio en las cotas más altas de Europa, y extendidas casi por igual en todas las regiones, la segunda ola de la que estabamos avisados vuelve a poner la movilidad bajo mínimos y la economía en cuarentena, que se saldará con una factura muy costosa que habrá que añadir a la primera.

El Gobierno se ha apresurado a decretar un estado de alarma que dé cobertura jurídica a los toques de queda que varias comunidades han puesto en marcha para atajar los contagios en las actividades y colectivos en los que se ha apreciado mayor repercusión. Poco discutible es que se precisa el estado de alarma para ello, pero la intención del Ejecutivo de marcar de salida una duración tan excesiva como la que lleva hasta el 9 de mayo, cuando la norma constitucional marca prórrogas cada quince días, volverá a abrir una discusión que solo servirá para dilatar soluciones prácticas. La fecha de mayo, que se agotará o no, da una pesimista idea de la verdadera dimensión que puede tener aún la epidemia y cuán alejadas en el tiempo están los soluciones farmacológicas que alegremente se prometen para dentro de unas semanas o meses. Las bajas temperaturas de los próximos meses no serán los mejores aliados, tal como se está manifestando ya en países más septentionales.

Como hemos recordado otras veces aquí, la economía está muy dañana y lo estará más en los próximos trimestres, en los que puede volverse a un segundo escalón recesivo por el parón y semiconfinamiento de varias actividades de servicios. La factura que se avecina será mucho más dura de lo que hasta ahora hemos observado, con previsiones de gasto público que se desbordarán de nuevo, y con la necesidad urgente de poner en marcha nuevos programas de apoyo al tejido productivo y a sus plantillas. Las previsiones de hace dos semanas del Gobierno, son ya papel mojado. Pero ahora lo primero es la salud: la economía da siempre una segunda oportunidad; aquélla, no.