Deuda pública

Los bonos periféricos aceleran las caídas con la esperanza de nuevas medidas del BCE

Los inversores aumentan su exposición a estos activos en busca de rentabilidad

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Ni la rebaja de previsiones económicas por parte del Gobierno ni las estimaciones del FMI, que apuntan a España como la economía más dañada por la crisis del Covid-19, restan apetito a la deuda española. En sintonía con el resto de mercados periféricos, en las últimas semanas la caída de las rentabilidades se ha acentuado. Un buen ejemplo de esta corriente es el bono español a 10 años. Después de que la semana pasada lograra caer por debajo del 0,2%, los rendimientos prosiguen la tendencia bajista mientras el precio, que se mueve a la inversa, no ha parado de subir. Los títulos con vencimiento en 2030 cotizan en el 0,135%. Es decir, no solo superan los mínimos registrados a comienzos de marzo (0,176%), semanas antes del estallido de la pandemia, sino que retroceden a niveles de septiembre de 2019.

En cuestión de siete meses el bono a 10 ha pasado del 1,22% que marcó el 18 de marzo a situarse a tan solo nueve puntos básicos de su mínimo histórico (0,035%). Más intensa aún está siendo la caída en el corto y medio plazo. Las rentabilidades del bono a dos (-0,57%) y cinco años (-0,38%) rozan los mínimos históricos registrados hace 14 meses cuando cayeron al -0,58% y -0,39%, respectivamente.

Pero el apetito por la deuda no es solo cosa de España sino una característica de la eurozona y con mayor intensidad si cabe en los mercados periféricos, los más azotados tradicionalmente. En el mismo plazo la referencia portuguesa a 10 años ha caído del 1,44% que marcó a mediados de marzo al 0,128% actual. Más llamativo es el comportamiento de la deuda italiana que, aunque sigue pagando más que la española y la lusa, ha revalidado en las últimas sesiones sus mínimos históricos. Ayer cerró en el 0,657%, lejos del 2,43% de marzo.

Sin cupón

La alegría que vive la deuda no se circunscribe al mercado secundario. También el primario recoge este interés, algo que el martes quedó patente en la subasta italiana. El país transalpino captó 3.750 millones en deuda a tres años con cupón 0%. Un días después Portugal vendió deuda a ocho a tasas negativas por primera vez en su historia para ese plazo.

El principal responsable de que las rentabilidades de la deuda hayan dejado atrás los máximos anuales es el BCE. El temor a una reedición de la crisis llevó a la institución que preside Christine Lagarde a poner en marcha, y posteriormente a ampliar, el programa de compras de emergencia pandémica (PEPP). De los 1,35 billones de euros con los que está dotado el plan, ya ha gastado 567.183 millones. A cierre de septiembre, la institución había invertido 95.243 millones en deuda italiana, 61.030 millones en títulos españoles y 11.649 en bonos portugueses. Es decir, los tres países han acaparado el 30% de las compras de la entidad.

Ignacio Victoriano, gestor de renta fija de Renta 4, explica que con el soporte del BCE han sido muchos los inversores que se han lanzado a la compra de este tipo de deuda que además de seguridad ofrece una mayor rentabilidad, algo muy apreciado en momentos tan convulsos como las actuales. Todo aquel que invierta en deuda de Francia o Alemania aunque disfrute de la seguridad propia de estos activos se ve obligado a pagar por ella, pues el bono galo a 10 años cotiza en el -0,312% y el alemán, en el -0,58%, por debajo, eso sí, del 0,34% y el -0,159% que llegaron a marcar tras el estallido de la crisis. Victoriano señala que ha sido el doble flujo de entrada de dinero (BCE más los inversores) en la deuda periférica lo que ha acelerado la caída de los rendimientos. Así, las rentabilidades de la deuda alemana o francesa también han caído pero a un ritmo más moderado.

Los expertos consideran que el recorte de las rentabilidades sigue teniendo recorrido y señalan que el mercado está poniendo en precio nuevas medidas por parte del BCE. Además de unos tipos cero durante un largo periodo de tiempo, los inversores esperan ahora que Lagarde vuelva a ampliar su programa de compra de activos. Por lo pronto, el miembro del consejo de gobierno del BCE, François Villeroy, afirmó ayer que la entidad está lista para hacer más si es preciso. Esto, sumado, en el caso español, al recorte en 15.000 millones en la emisión de deuda del Gobierno, ha servido de oxígeno. Las menores necesidades de financiación unido a la caída de los rendimientos permitirán una deuda más sostenible. Si bien, el FMI prevé que este año alcance el 123% del PIB español, con un déficit en el 14,1%.

Una ayuda extra europea

349.000 millones. A la ayuda del BCE se sumó en julio el acuerdo entre los líderes de la UE para la creación del fondo de reconstrucción, una iniciativa que costó sacar adelante por la oposición de los países frugales pero que tras intensas negociaciones recibió luz verde el 21 de julio. España e Italia son los países más beneficiados y, según lo acordado, recibirán 140.000 millones y 209.000 millones, respectivamente, para paliar los efectos de la crisis.

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