Menos tráfico y más espacios verdes para mejorar la calidad del aire

El mínimo de zonas verdes por habitante debe estar entre 10 y 15 metros cuadrados, según la OMS

Una mujer pedalea durante la pandemia del Covid-19 en Madrid.
Una mujer pedalea durante la pandemia del Covid-19 en Madrid.

Con siete millones de fallecimientos, la contaminación es la cuarta causa de muerte en el mundo, según datos de la Organización Mundial de la Salud. En España, el número supera las 10.000 al año.

Pero si esta cifra parece preocupante, lo es mucho más si se presta atención a la afirmación del doctor Tomás Chivato, decano de la Facultad de Medicina de CEU San Pablo y vicepresidente de Ciencia de la Academia Europea de Alergia e Inmunología Clínica: “La contaminación de las grandes ciudades es la causante de innumerables patologías asociadas, como el asma bronquial, la intensificación de las alergias u otros problemas respiratorios, que por sí solos no causan la muerte pero agravan otras enfermedades que sí la causan, como ha ocurrido con el Covid-19”.

En España, el número de muertes al año por contaminación llega a las 10.000

Con los datos que maneja el experto, en Europa hay más de 150 millones de personas afectadas por algún tipo de alergia respiratoria. “Estamos luchando para que la Unión Europea reconozca todos los problemas derivados de la contaminación ambiental”, dice. Una situación que afecta sobre todo a las grandes ciudades. “Si comparamos el polen con un balón de fútbol, en los entornos rurales hablaríamos de un esférico limpio, mientras que en las ciudades estaría sucio, pinchado, con muchas partículas pegadas que lo hacen más perjudicial”, ejemplifica.

Las principales fuentes de polución son, en primer lugar, el tráfico de los coches, seguido de las calefacciones. “Solo afectando al factor del tráfico durante el confinamiento llegamos a niveles de microorganismos en el centro de Madrid parecidos a los de Guadalix de la Sierra, en torno a los 12, cuando lo normal es tener valores de 50, superiores al límite de 40”, señala Juan Bárcena, coordinador de calidad del aire de Ecologistas en Acción. Bárcena denuncia cómo el plan de Madrid, que había puesto a la ciudad como ejemplo a escala mundial, en el que la Gran Vía fue la primera ejecución pero que incluía otras calles, como la Castellana, se ha hundido en esta legislatura, y demanda planes de reducción del tráfico como los existentes en Londres, París o Alemania, con zonas de bajas emisiones en las que no pueden entrar los coches o tienen que pagar por hacerlo, además de la reducción de aparcamientos.

Un árbol grande puede absorber hasta 150 kilos de CO2 al año

Para ello, tal y como indica la arquitecta urbanista y profesora de la Universidad Politécnica de Madrid Inés Sánchez de Madariaga, resulta imprescindible ahondar en los medios de transporte. “Se debe abordar el tema del transporte desde el reequilibrio de los modos contaminantes, como el vehículo privado, y los no contaminantes (la bici o los desplazamientos a pie) o los menos, como el transporte colectivo”, considera.

Pero sin olvidar los espacios verdes. La flora de las ciudades absorbe el dióxido de carbono, a la vez que libera oxígeno. Un árbol grande puede absorber hasta 150 kilos de CO2 al año. La OMS recomienda un mínimo de entre 10 m2 y 15 m2 de zona verde por habitante.

Vitoria, la ciudad más verde de España, green capital europea en 2012 y Global Green City por la Forum on Human Settlements (de la ONU desde 2019), tiene 26,76 m2 por habitante, según un estudio de la web Holidu, basado en los datos de Open Street Maps.

Madrid, segunda en el ranking tras León, tiene casi 16 m2 por persona, lo que también recibiría un aprobado de la OMS. Pero el problema, a juicio de Bárcena, es que en el cómputo entran la Casa de Campo o el Pardo, situados en las zonas periféricas de la ciudad, mientras que distritos del centro, como Chamberí, no cuentan con ninguna zona.

En Europa, este año Lisboa es capital verde, su objetivo es plantar 100.000 árboles, a lo que se une su cruzada contra el plástico, y en 2019 fue el turno de Oslo.

“Es esencial devolver espacio verde y suelo permeable a las ciudades a la vez que se resta espacio a los coches. Vitoria y su avenida Gasteiz es un ejemplo de cómo se deben hacer las cosas, mientras que la Gran Vía de Madrid representa una oportunidad perdida”, señala Mateus Porto, arquitecto urbanista y profesor de Urbanismo en la Universidad Europea. Porto insiste en que los espacios verdes urbanos deben estar conectados entre sí, y ser una apuesta de los Gobiernos si quieren que las ciudades sigan siendo habitables en el futuro.

Falta de protocolos

Obligación. Los protocolos ante episodios de mala calidad del aire son obligatorios desde 2007 en todas las aglomeraciones y municipios mayores de 100.000 habitantes. Según Ecologistas en Acción, hasta la fecha solo una quincena de ciudades se han dotado de estos instrumentos para proteger la salud.

Disparidad. Los pocos protocolos vigentes son muy dispares, tanto en los contaminantes considerados como en los umbrales para la aplicación de las distintas medidas y en el alcance de las mismas. La organización ambiental cree que deberían incorporar restricciones inmediatas y amplias de la circulación de automóviles.

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