La estrategia tecnológica de la vieja Europa en la nueva normalidad

Se esperan fuertes inversiones en tecnología y digitalización para los próximos años. Galileo y Gaia-X son los dos proyectos de más envergadura

La estrategia tecnológica de la vieja Europa en la nueva normalidad

Si una cosa ha dejado clara la crisis sanitaria y económica del Covid-19 que estamos atravesando, es que la digitalización es el único camino posible a seguir por todas las organizaciones independientemente de su tamaño y sector, y que las tecnológicas salen reforzadas de esta situación. Esto igualmente se aplica, y quizás incluso en mayor medida por la brecha digital de la que adolecen, a los organismos públicos.

Este ha sido el impulso definitivo que necesitaba la Unión Europea para no dejar pasar más trenes en el viaje de la cuarta revolución industrial en el que estamos inmersos, abogando por una estrategia centrada en la tecnología, para mejorar la competitividad de sus organizaciones y empresas y reducir las fuertes dependencias económicas y estructurales que se han generado con Estados Unidos y China, hasta el punto de haberse convertido en un convidado de piedra en muchos aspectos y haber cedido buena parte de su capacidad de influencia.

Se esperan fuertes inversiones en tecnología y digitalización en Europa en los próximos años, dado que parece haberse dado cuenta de que ha perdido la relevancia geoestratégica y económica de antaño y que el futuro inmediato pasa por lograr ser independiente en materia de innovación, digitalización, gestión y explotación de sus datos, para volver a ser un agente clave e influyente a nivel mundial y no verse sometida a las presiones de las grandes potencias y las multinacionales.

De entre los proyectos de más envergadura que enarbola Europa y que están llamados a ser clave en esta redefinición tecnológica del Viejo Continente, hay dos especialmente destacados y que verán la luz en 2020: Galileo y Gaia-X.

Galileo busca eliminar la dependencia europea en materia de geolocalización que ahora mismo tiene con la red de satélites norteamericana GPS. China y Rusia ya hace algunos años que se desprendieron de dicha dependencia, lanzando sus propias constelaciones (Beidou y Glonass respectivamente).El proyecto, que se inició en 2005 con el lanzamiento del primer satélite, está previsto que concluya este año 2020, momento en el que Europa contará con una constelación de 30 satélites operativos.

Frente a GPS, que tiene un uso civil y militar, Galileo es exclusivamente para uso civil. Aporta una precisión mucho mejor (inferior a 1 metro), así como la posibilidad de combinarse con otras redes actuales (GPS, Glonass, Beidou, etc.) para mejorar el posicionamiento en caso de ser necesario.

De acuerdo con Javier Benedicto, responsable del proyecto Galileo en la Agencia Espacial Europea (ESA) en 2018, “su señal es capaz de funcionar en lugares donde no hay visibilidad directa del satélite, e incluso dentro de edificios y túneles, garantizando la navegación allá donde no llega la red móvil, ni el 5G ni el 4G. Ninguna señal está disponible el 100% del tiempo, pero el trabajo conjunto de los satélites y el 5G minimizarán el riesgo”.

Galileo llega en un momento clave, con el internet de las cosas (IoT) en plena expansión, con millones de dispositivos conectados simultáneamente que han de ser posicionados adecuadamente y que generan cantidades ingentes de información que han de recogerse y procesarse adecuadamente, los vehículos autónomos, 5G y tantas otras tecnologías exponenciales basadas en la que ya es la materia prima que definirá el siglo XXI: los datos.

Múltiples industrias se verán beneficiadas con la puesta en marcha de Galileo, tales como la automoción, el transporte, la agricultura o el sector financiero, donde ayudará a mejorar la sincronización de las transacciones de manera muy significativa.

En mayo de 2018 entró en vigor el Reglamento General de Protección de Datos de la Unión Europea (GDPR). Como consecuencia de su puesta en marcha, se ha desatado una fuerte polémica estos últimos años sobre la soberanía de los datos, dónde y quién los almacena y qué se hace con ellos.

La controversia ha llevado a fuertes tensiones entre las grandes multinacionales norteamericanas como Google, Facebook, Amazon, Apple o Microsoft y la Unión Europea, que se han materializado en ocasiones en fuertes sanciones económicas por el mal uso de los datos de los ciudadanos por parte de los gigantes tecnológicos.

A raíz de esto, Europa ha decidido dar un paso al frente y entrar en la batalla por la soberanía de los datos en la nube, con objeto de limitar la dependencia de los grandes hyperscalers norteamericanos (Amazon Web Services, Google Cloud, Microsoft Azure), que según Gartner en 2018 ya controlaban el 70% del mercado, y en menor medida del gigante asiático Alibaba.

Para ello, pone en marcha GAIA-X, proyecto apadrinado por el eje franco-alemán y vinculado a un consorcio de más de 300 empresas privadas europeas, tales como SAP, Bosch, Siemens o Deutsche Telekom, así como las españolas Amadeus y Gigas.

Además de la soberanía de los datos, GAIA-X busca dos objetivos adicionales:

La disponibilidad de los datos, con una infraestructura de datos fiable, segura y transparente que pueda usarse para intercambiar y procesar información, impulsando así las economías de escala a las que da lugar la disponibilidad de grandes conjuntos de datos. Y la innovación, fomentando la generación de ecosistemas digitales que den lugar al desarrollo de productos y soluciones y mejoren la competitividad de las empresas europeas.

Sus principales características serán:

1. Descentralizado, conectando infraestructuras centralizadas y descentralizadas dentro de un sistema homogéneo.

2. Seguro y fiable, conectando los proveedores de la nube existentes y sus servicios, permitiendo así que los datos y las aplicaciones se puedan manejar de una manera que garantice un control total.

3. Transparente.

4. Abierto, basada en código abierto.

Al estar basada en un enfoque federado, GAIA-X permite el acceso e intercambio de datos entre ciudadanos y organizaciones dentro de un ecosistema de innovación abierto, asegurando el cumplimiento del marco legal y los estándares de la Unión Europea. También habilita mecanismos para compartir y procesar datos entre diferentes partes de forma segura y en un entorno de confianza, manteniendo la soberanía digital de los datos intacta, favoreciendo así la creación de servicios y procesos empresariales innovadores.

De esta forma se consigue mejorar la cadena de valor horizontal, vinculando oferta y demanda y respondiendo efectivamente a ésta, y verticalmente, favoreciendo la integración y la interrelación de más proveedores, lo que permite el desarrollo de productos y servicios más complejos y conduce a una mayor especialización tecnológica.

Hasta el momento, se han identificado más de 40 casos de uso de múltiples industrias (Energía, Agricultura, Salud, Finanzas o Industria 4.0).

El proyecto arranca en junio de 2020, con el objetivo de estar operativo a principios de 2021. Sin duda, GAIA-X dará mucho que hablar estos próximos meses, dado que puede tener un impacto muy alto en el cloud a nivel mundial, con las repercusiones que esto implica.

Como conclusión, Europa parece que reacciona y despierta y seguramente la crisis que estamos padeciendo en 2020 servirá como impulso definitivo para convertirse en un líder mundial en material de tecnología e innovación, despertando así de un largo letargo y entrando de lleno en la carrera por la cuarta revolución industrial.

Iván Cabezas es Customer Value Practice Director en Techedge Group