El primer motor de la economía española, seriamente herido

Urge un plan nacional de recuperación del sector. España sufre un grave inmovilismo achacable a un régimen autonómico rígido y descoordinado

El primer motor de la economía española, seriamente herido

La drástica aminoración del gasto en turismo este verano en España puede calificarse como uno de los mayores desastres económicos de la historia más reciente de nuestro país. El principal motor de la economía española está herido grave. Toda una estructura productiva, generadora de riqueza real, empleo e impuestos y contribuciones a las arcas públicas está en trance de supervivencia y el asunto requiere de la máxima atención y compromiso de las autoridades.

No ha sido fácil llegar a tener los mejores estándares de calidad turística del mundo. Son varias las generaciones de españoles que, desde los años cincuenta, llevan trabajando intensamente en un sector que es vital para nuestra supervivencia económica.

No en balde, la sede de la Organización Mundial del Turismo está en España desde hace décadas, porque España ha sido todo un referente internacional en la gestión sectorial de un modelo económico tremendamente exitoso y, hoy, todo ese esfuerzo y todas esas capacidades están en serio jaque. Los datos no pueden ser más desoladores y no cabe caer ni en la complacencia de la propaganda sistémica ni en el tremendismo fatalista: la situación es la que es, y requiere acción inmediata de los poderes públicos.

Una pérdida de 16 millones de turistas en apenas dos meses es una cifra aterradora y un porcentaje por debajo del 15% de la ocupación hotelera de media es insostenible. Más de la mitad de la caída de nuestro PIB tiene esta explicación, lo cual en términos de desempleo nos acerca a un millón de personas. El gasto alcanzó en julio los 2.500 millones de euros, cinco veces menos que en 2019. Las estimaciones son que durante 2020 habrá una caída de actividad en este sector, tanto directa como indirecta, que se aproxima a la cifra de 100.000 millones de euros.

Los países de nuestro entorno están adoptando medidas eficaces, como por ejemplo las ayudas públicas a familias en Italia para que fomenten el turismo doméstico o local, pero, por el contrario, España sufre un inmovilismo que es achacable a un régimen rígido autonómico que por naturaleza es refractario a la coordinación. Es necesario un plan nacional de recuperación del turismo que debe ser el elemento más importante de las ayudas de la Unión Europea para España y así evitar lo que ya se anticipó con la crisis previa de 2007, donde muchos buenos hoteles, sobre todo en la periferia de la Península, se vieron abocados a la quiebra por falta de refinanciación o reestructuración financiera.

Es fundamental que las entidades financieras españolas no cedan deuda de las empresas turísticas españolas a los fondos oportunistas porque eso supondría la pérdida de toda economía familiar en el sector, para que se hagan con las mejores joyas de la corona entes especulativos cuyas preferencias económicas no son la generación de riqueza, de contribuciones y de empleo.

Nuestro principal sector económico no puede ser ahora mismo objeto de especulación, simplemente porque es la principal fuente de riqueza nacional y si eso cambia, esa riqueza no se quedará en España, sino que se irá a entramados societarios en paraísos fiscales ajenos a nuestra prosperidad. Es preciso un esfuerzo sanitario aplicado al sector que sea eficaz, tanto a nivel de aeropuertos como de puertos y de carreteras, exigiendo controles incluso en los puntos de origen en los desplazamientos; esto no puede ser un coladero porque al turista, que ha de ser de calidad, hay que garantizarle un estándar de seguridad turística que sea modélico.

Incluso se ha hablado de generar un sistema asegurador que garantice al turista que, en caso de sufrir daños durante su residencia turística en España, sería convenientemente cubierto, no quedando expuesto en ningún caso. Los turistas han de venir a España con todas las garantías por su parte, pero esa exigencia debe ser correspondida con el Estado que los acoge y también por los operadores privados.

Se han de aplicar medidas fiscales equivalentes a las que conlleva la declaración de zona catastrófica; es decir, moratorias en los pagos y compresión en las autoridades tributarias cuyas actividades inspectoras y recaudadoras parece que no han cesado durante la pandemia, a pesar de todo.

Las autoridades españolas deben promocionar el turismo nacional entre los españoles y vertebrar una movilización entre ciudadanos de distintas comunidades autónomas; por eso ha sido muy positiva la campaña de la Generalitat catalana, Sin embargo, esa campaña debe ir acompañada de la generación de un clima de estabilidad social y política verdadera que estamos muy lejos de alcanzar. Desgraciadamente hay zonas muy bonitas de España que no se pueden visitar porque el clima de confrontación política es ya irrespirable.

Y finalmente un mensaje positivo que desearía trasladar: España tiene un clima y una geografía que son la panacea para toda estructura turística de futuro. Lo hemos visto en julio y agosto: a pesar de todo, hay miles de turistas que han venido a España, superando todos los escollos y desconfianzas, y seguirán viniendo, como vinieron en la autarquía, a pesar del aislamiento internacional por la ausencia de derechos políticos entonces.

El turismo se recuperará porque el mundo ama venir a España a descansar y a disfrutar. Lo más importante ahora, a mi juicio, es revitalizar esta estructura turística actual y evitar que caiga en manos de elementos especulativos que ya la andan rondando, ofreciéndole sus capitales, los cuales deben partir del Estado español, en cualquier caso.

Guillermo Rocafort es Doctor en Economía y profesor de la Universidad Europea