Aterrador paisaje en la economía mundial con solo un pequeño brillo

En España, hace falta diseñar cuanto antes los mecanismos de gobernanza de los fondos europeos, coordinarse con las empresas y no lanzar mensajes que deterioren la confianza

La crisis económica derivada de la pandemia del coronavirus sigue batiendo récords. La caída del producto interior bruto de los países que forman parte del G20, que reúne a las principales economías desarrolladas y emergentes del mundo, fue del 6,9% en el segundo trimestre del año, el trimestre del confinamiento y de lo que el Fondo Monetario Internacional ha dado en llamar la Gran Reclusión.

El desplome es superior al 20% en India y Reino Unido y de más del 10% en buena parte de las grandes economías. Si la caída del conjunto del G20 no es mayor se debe solo a que China ha conseguido crecer con fuerza en el segundo trimestre tras el desplome económico que en su caso se produjo en el primer trimestre. El dato de China es el pequeño brillo esperanzador al que aferrarse dentro del aterrador paisaje de la economía mundial.

España, con un descenso del 18,5% trimestral y del 22% interanual, está en el grupo de cola de las economías de todo el mundo, en parte por la composición sectorial de su actividad, con un fuerte peso del turismo y la hostelería, y en parte porque ha sufrido más de lleno tanto el azote de la crisis sanitaria como las consecuencias económicas de un confinamiento estricto.

La principal preocupación ahora es si los rebrotes arruinarán el rebote, es decir, si la segunda oleada de la crisis sanitaria, mucho menos mortífera, pero aun así muy grave, impedirá ir retomando la actividad con la normalidad suficiente para que la economía crezca y recupere con rapidez la mayor parte del terreno perdido. La gestión de la crisis sanitaria y económica no está siendo acertada en España. Hay aún enormes deficiencias en cuanto a la calidad de los datos y la homogeneidad de los mismos, no hay protocolos claros, sistemáticos y coordinados de actuación para el rastreo y la detección temprana a partir de los casos diagnosticados, tampoco hay una comunicación clara y eficaz para concienciar a la población acerca de la responsabilidad de cada uno en la prevención de la pandemia, no hay coordinación suficiente con las comunidades autónomas y, en materia económica, hace falta diseñar cuanto antes los mecanismos de gobernanza de los fondos europeos, coordinarse con las empresas y no lanzar mensajes que deterioren la confianza de los inversores en España. Sin duda, la economía española va a crecer con fuerza en el tercer trimestre, pero más que nada por una especie de espejismo estadístico frente a la parálisis del segundo. Para que la recuperación se consolide, queda mucho por hacer.