¿Tiene razón Unidas Podemos en sus cinco críticas a la fusión de Bankia?

La vicepresidencia de Iglesias atacó con dureza una operación que ve "preocupante"

El vicepresidente segundo del Gobierno, Pablo Iglesias (a la izquierda) y el presidente de La Caixa, Isidre Fainé, en un acto del Gobierno con empresarios el 31 de agosto.
El vicepresidente segundo del Gobierno, Pablo Iglesias (a la izquierda) y el presidente de La Caixa, Isidre Fainé, en un acto del Gobierno con empresarios el 31 de agosto.

Entre las críticas que ha desatado el anuncio de negociaciones entre CaixaBank y Bankia para fusionarse, algunas de las más contundentes y argumentadas han venido del seno del Gobierno. En concreto del ala de Unidas Podemos, a través de Nacho Álvarez, secretario de Estado de Derechos Sociales, número dos de la vicepresidencia que ocupa Pablo Iglesias.
Estas son las críticas de Unidas Podemos a la fusión, según el hilo que abrió en Twitter el propio Álvarez y lo que hay de cierto y de cuestionable en ellas. Según Álvarez, la posible fusión "es una noticia preocupante para la economía española, por los siguientes motivos":

1. "De la última crisis salimos con una importante concentración bancaria. Seguir profundizando la oligopolización del sector financiero no es una buena noticia para la competencia del mercado, ni para la propia estabilidad del sector financiero"

Es cierto que la desaparición de un jugador reduce la competencia en el mercado y que en la anterior crisis hubo un proceso de concentración importante en el sector financiero. No obstante, la operación será sometida al escrutinio de la Comisión Nacional de los Mercados y de la Competencia (CNMC). Será ella la que tenga que realizar, como órgano independiente, un análisis de las implicaciones de la operación en términos de competencia y decidir si la autoriza sin condiciones y si realiza alguna exigencia. Dada la entrada de nuevos actores en el mercado en los segmentos más rentables del negocio financiero, no parece que haya un grave problema de competencia en el sector ni que esta fusión vaya a empeorar la situación de forma significativa, salvo quizá en alguna provincia concreta.

La parte más cuestionable de esa primera crítica de Álvarez es la de que no es una buena noticia para la propia estabilidad del sector financiero. Todos los supervisores creen lo contrario, que hacen falta fusiones para aumentar la eficiencia y la competitividad de la banca y su capacidad de resistencia ante la crisis del coronavirus y que acometerlas cuando la situación financiera de las entidades es buena es mejor que hacerlo como medida de último recurso ante un empeoramiento de la liquidez y la solvencia.

2. "La crisis anterior nos enseñó que tener entidades financieras “demasiado grandes para quebrar” (too big to fail) genera importantes riesgos para la estabilidad del sector: comportamientos de riesgo moral, de captura institucional..."

Es cierto que es una de las lecciones de la anterior crisis. La forma de responder a ese problema por parte de los reguladores y supervisores no ha sido, sin embargo, imponer limitaciones al crecimiento de tamaño, sean orgánicas (por la evolución del negocio) o inorgánicas (mediante fusiones y adquisiciones), sino exigir más solvencia, más capital con la capacidad de absorber pérdidas y unas reglas del juego más claras para la resolución y liquidación de entidades. El salto de tamaño que da CaixaBank con la absorción de Bankia no cambia demasiado la situación en ese sentido.

3. "Además, las fusiones suelen tener importantes implicaciones sobre las plantillas laborales de las empresas. No es este precisamente un buen momento para posibles despidos de trabajadores, en un contexto de alto desempleo".

Lo que dice Nacho Álvarez en este punto es cierto. CaixaBank y Bankia no han dado aún detalles de los planes laborales de futuro de la entidad fusionada, pero se da por descontado que parte de las sinergias y ganancias de eficiencia y rentabilidad vendrán por la reducción de plantilla y el cierre de oficinas. Lo que también es verdad es que ese es un proceso que se produce por el exceso de capacidad y la digitalización del negocio y que está ocurriendo también en otras entidades con y sin fusiones. Es difícil calcular el efecto diferencial de que en este caso haya una fusión sobre el escenario alternativo.

4. "Impulsar la modernización del tejido productivo español requiere desarrollar una banca pública eficiente, como por ejemplo tiene Alemania. Bankia puede ser el embrión para ello, y por tanto el Estado no debe abandonar su participación en el capital, reprivatizando la entidad".

En este caso se trata claramente de una opinión desde la propia ideología de Unidas Podemos. En la práctica, Bankia actúa como un banco privado aunque la mayoría de su capital sea propiedad del Estado y son sus entidades antecesoras que funcionaban más bien con un espíritu de banco público las que provocaron que fuera necesario un multimillonario rescate. Álvarez cita el caso alemán, donde los bancos públicos han tenido historias de éxito y de fracaso, y hay otros países con experiencias razonablemente positivas de banca pública, es cierto, pero ni hace falta que haya banca pública para tener un tejido productivo moderno (¿cuál es el banco público de Silicon Valley?) ni nacionalizar bancos garantiza esa modernización (véase el desastre financiero en Venezuela tras nacionalizar la filial de Banco Santander en el país). El Gobierno tiene otras herramientas para facilitar la modernización económica.

5. "El Estado invirtió 24.000 millones en sanear Bankia y por tanto debe proteger a los contribuyentes, que rescataron con sus impuestos la entidad. Las ayudas públicas deben servir para atender necesidades económicas generales, y no para mejorar la rentabilidad de otras entidades".

Álvarez juega aquí con medias verdades. La entidad no se rescató con los impuestos de los contribuyentes sino con un préstamo europeo que ha aumentado la deuda española. Lo que no se recupere, antes o después sí que será de un modo u otro asumido por los contribuyentes y que el Estado "debe proteger a los contribuyentes" es algo que en sí mismo no se puede discutir. La cuestión es si se protege más al contribuyente manteniendo una Bankia independiente en el actual contexto de tipos de interés, de baja rentabilidad, de necesidades de inversión en tecnología y de futuro incierto. Por esa vía de la independencia, la participación del Estado en Bankia había perdido el 80% de su valor en menos de cinco años. En cambio, esa participación se ha revalorizado 645 millones en un solo día (un 33%) con el mero anuncio de las negociaciones de fusión, en parte por la prima del 20% que se está manejando como referencia. El Estado puede mantenerse como accionista e ir cobrando dividendos o ir vendiendo paquetes de acciones. La segunda parte de la afirmación de Álvarez también es engañosa. Sí, las ayudas públicas deben servir para atender necesidades económicas generales, y en este caso, aunque hubo errores obvios de gestión del rescate, las ayudas se dieron para evitar pérdidas de los depositantes y el colapso financiero en España. Que ahora haya o no una fusión es una decisión distinta, hay una confusión de planos temporales, no se puede derivar de ello que el rescate de Bankia de hace ocho años para lo que ha servido es para mejorar la rentabilidad de CaixaBank.

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