La empatía de Joe Biden para unir Estados Unidos

La estrategia de Joe Biden se basa en gobernar para el 99% de los estadounidenses, frente a la “ley y orden” que promete Donald Trump

El candidato demócrata a la presidencia estadounidense, Joe Biden, segundo por la izquierda, en la convención del partido.
El candidato demócrata a la presidencia estadounidense, Joe Biden, segundo por la izquierda, en la convención del partido.

Luz versus oscuridad” y “ley y orden”. Son las dos visiones de América que representan los candidatos a presidente. La primera corresponde al demócrata Joe Biden. La segunda, al presidente Donald Trump. Como recordaron en sus discursos en la televisada convención demócrata Barack y Michelle Obama, “cuando el pueblo elige un nuevo presidente es porque quiere alguien radicalmente distinto a quien lo era”.

No es tan obvio ni simple como parece. Al menos, en la nación más poderosa de la tierra y primera economía del mundo. La visión del mundo de Bush no podía ser más distinta a la de Obama y viceversa. El contraste entre Biden y Trump no puede ser mayor tampoco.

Este es uno de los motivos por los que, en su discurso de aceptación de la candidatura presidencial, Biden insistió en el contraste entre “la luz” que representan los demócratas y la oscuridad que, según Biden, es Trump. El contraste tiene reminiscencias bíblicas y la lucha eterna entre el bien y el mal. De ganar, Biden sería el segundo presidente católico de EE UU. Hizo una referencia a que “todos los americanos somos hijos de Dios”.

Tampoco es obvio ni simpleza, porque Biden centra su candidatura en ese radical contraste con Trump. Según esa alusión evangélica de Biden, “si me elegís presidente, no seré demócrata, sino americano”, en clara apelación al bipartidismo y la inclusión. Biden proyecta la idea de que Trump gobierna solo para unos pocos privilegiados. En cambio, Biden promete trabajar para la mayoría, “el 99%”, por contraste con el 1% de millonarios.

Biden tiene dos buenos motivos para apelar a la unidad nacional. Uno es partidista y el otro, patriótico. Primero, Biden necesita unir al partido, que ya no es el centro político de Clinton y Obama. Hay un ala más a la izquierda que representan los senadores Elisabeth Warren y Bernie Sanders que ha de integrarse de verdad en la plataforma de Biden, quien en 1972 presentó su candidatura al Senado y hace 33 años hizo su primer intento por convertirse en presidente. Ahora, con 77 años, apela a los más sénior y es difícil imaginar un segundo mandato con un presidente de 80 años. Ni América es Egipto ni Biden es Mubarak. La base más joven del partido demócrata hubiera preferido como candidata a vicepresidenta a Alexandria Ocasio-Cortez, por ser más de izquierdas. Pero, sin apenas experiencia política, Biden optó por Kamala Harris, quien como fiscal general durante 24 años, contrapesa la “oferta” de “ley y orden” de Trump. 

Harris aporta experiencia, juicio político, conocimiento del ordenamiento jurídico y, junto a sus virtudes profesionales, es atractiva para el voto femenino, afroamericano e indio, joven, californiano y de centroizquierda.

Biden necesita unir al partido en torno a un objetivo: derrotar a Trump. Sabe que, sin un enemigo común, las familias políticas podrían caer en la tentación de ir cada una por su lado o, incluso de no ir a votar. El sentido patriótico de la candidatura demócrata está relacionado con la difícil situación del país, que Biden atribuye a Trump: son tantas las heridas abiertas que América necesita una candidatura que cure, que sane. Eso requiere restaurar las viejas alianzas de EE UU en el mundo y rechazar “amistades peligrosas” con dictadores (el nuevo libro del famoso periodista del Washington Post Bob Woodward, titulado Rage, y que saldrá a la calle el 4 de septiembre, desvela correspondencia privada y amistosa de más de 30 cartas entre Donald Trump y Kim Jong-un, dictador de Corea del Norte).

También exige trabajar a favor de la clase trabajadora para que pueda acceder a la clase media y conservar el seguro médico del que les proveyó Obama. Biden recuerda que, debido a la gestión de la pandemia de Trump, “han muerto más de 170.000 norteamericanos”, 50 millones de trabajadores han perdido su empleo y está en juego la sanidad de 20 millones de personas.

El mensaje de Biden tiene menos concreción que una visión de América inclusiva, con más justicia social y racial. Biden cita al afroamericano muerto a manos de la policía, George Floyd, que desató protestas en todo el país “como no se veían desde los años sesenta” remarcó el candidato demócrata. 

La visión de Biden contrasta con la imagen que Trump proyecta de sí mismo como gestor que sabe hacer cosas, conseguir resultados. Biden transmite empatía: con el joven que tartamudea y aparece en la convención televisada y con los familiares de los fallecidos por Covid-19. También él mismo tartamudeó de niño. Y sabe lo que es perder seres queridos: un accidente de coche le robó a su primera esposa y a su hija. Quedó viudo con dos hijos. Uno falleció en 2015 de cáncer en el cerebro.

En su discurso para la convención, Barack Obama destacó que la capacidad de resistencia de Biden, forjada en la superación del dolor es el motivo por el que le eligió para la vicepresidencia.
Varios rivales demócratas y algún republicano apoyaron a Biden durante la convención. Era necesario. El país está en llamas, con la pandemia, la recesión económica y los enfrentamientos sociales y raciales. Biden apeló a Roosevelt, quien desde una silla de ruedas (polio) ganó a la Gran Depresión y la Segunda Guerra Mundial. Mensaje de unidad.

Hoy, lunes 24, empieza la convención republicana, que gira en torno a Trump y necesita ayuda porque Biden le gana en las encuestas. En la convención republicana veremos otro país, otra nación, una realidad paralela, que coexiste con la anterior.

Jorge Díaz-Cardiel es socio director de Advice Strategic Consultants y autor de ‘Trump, año uno’, ‘Hillary vs. Trump’ y ‘Trump, año de trueno y complacencia’