El verano del Covid

El consumo en ocio se retrae, los viajes son más cortos y locales, y el mayor gasto se hace en el hogar

El verano del Covid pulsa en la foto

A pesar de que el nivel de desconcierto, la resignación y la tristeza van disminuyendo, son emociones que predominan en el ánimo de los españoles, una vez que ha finalizado el estado de alarma y se ha vuelto a retomar cierta normalidad. Reflejan la confusión social por el cambio tan brusco que ha supuesto la pandemia y la incertidumbre que reina en el ambiente.

La mascarilla seguirá siendo parte del paisaje durante los próximos meses, sobre todo si se tiene en cuenta que, salvo en Canarias, Madrid y Comunidad Valenciana y las ciudades de Ceuta Melilla, en todas las comunidades autónomas es obligatorio el uso de este tipo de protección en los espacios públicos. Se trata de una serie de viviencias colectivas, que han unificado a la población.

“El confinamiento ha anestesiado los hábitos y estilos de vida individuales, poniéndolos en espera, y ha generado una emocionalidad compartida, con la sensación de estar todos pasando por lo mismo. Esto es un duelo compartido”, explica Felipe Romero, socio de The Cocktail, consultora que ha elaborado un informe sobre el verano del Covid, en el que se analizan las tendencias de consumo de los ciudadanos en tres ámbitos: viajes, ocio en restauración y en el hogar y compras. Una vez analizado el comportamiento de los españoles durante los meses de confinamiento, toca hacerlo en el momento de volver a salir al mundo.

Pero si antes de que surgiera la crisis sanitaria existían desigualdades ahora estas se han hecho más intensas. A la brecha digital, la diferencia de género o las socioeconómicas, se suman situaciones de partida también muy heterogéneas, que van a impactar en la toma de decisiones, ya que no es lo mismo ser o no ser grupo de riesgo, haber pasado la enfermedad o haber conservado el empleo o haberlo perdido.

También influyen otros factores, como el miedo al contagio, confiar más o menos en la responsabilidad del prójimo, sobrellevar mejor o peor la incertidumbre y la perspectiva de un posible rebrote. Todos estos elementos afectan a la forma en la que se retoman los hábitos de vida. “Durante unos meses hemos dejado de hacer cosas de forma obligatoria, y no hemos tomado decisiones porque en el estado de alarma todo ha venido impuesto, y es ahora cuando tenemos que retomar la vida y decidir por nosotros mismos. La responsabilidad vuelve a recaer en nosotros”, advierte Romero.

La toma de decisiones individual vuelve a tener protagonismo, y eso hace responsables a los individuos sobre cómo es su día a día, pero esa recuperación de la autonomía incrementa su complejidad por la desorientación del momento sobre qué se deber hacer y qué no. La situación no es sencilla de gestionar en lo emocional ni en lo relacional, dado que muchas cosas y decisiones que antes eran sencillas ahora no lo son, desde cómo saludarse, a cómo sentarse en una mesa, o cómo comportarse socialmente.

Algunas personas, señala el portavoz de The Cocktail, se adaptan a la situación modulando cuantitativamente sus comportamientos y moviéndose en una escala de grises dictada por el sentido común, mientras que otras prefieren evitar situaciones que exijan tener que pensar o que sean fuente potencial de conflicto.

Por eso una de las estaciones más esperadas, el verano, con un ocio despreocupado, improvisado, de desconexión y este año mucho más deseado por los meses de enclaustramiento vividos, se convierte este año en motivo de preocupación. El disfrute es mucho más contenido, como lo son determinadas inversiones.

La mirada está puesta en lo cercano y acotado, con unas relaciones sociales controladas y reducidas al círculo más próximo. Hay una vuelta a la zona de confort, “a aquello que ofrece seguridad y tranquilidad” detalla Romero. Todo esto afecta al ocio, ya que hay una clara preferencia por viajes en grupos pequeños y conocidos, con un rechazo a todo aquello que sea masivo y que suponga relacionarse con desconocidos. En este sentido, hay una revalorización de lo rural, una vuelta al pueblo, en detrimento de la costa, ya que las playas se perciben como un lugar donde la incertidumbre se intensifica por desconocimiento de las reglas que rigen en estos espacios. Se evita la planificación y organización previa de viajes a medio y largo plazo por temor a cancelaciones, al rebrote del virus, o a la situación en el país de destino.

También se ha limitado este año el presupuesto destinado a viajes, reducido en cuanto a duración de los días. Además, se observa otra tendencia, al engancharlo con el teletrabajo, a la vez que se buscan planes más accesibles y alternativas de alojamiento de bajo o ningún coste, como segundas residencias o casas de amigos y familiares. Además, cobran valor las condiciones flexibles, aquellas que permiten cancelaciones sin coste extra o los seguros para casos de cancelación o tarifas sin pago por adelantado. Ante el temor de experiencias insatisfactorias, sólo un 27% de los españoles, según el estudio de The Cocktail, asegura que se irá de vacaciones, frente al 65,7% que no lo hará y un 7,1% que duda. De ahí la resistencia al viaje dentro de un contexto de elevada incertidumbre. “El futuro se ha estrechado”, concluye Romero.

 

En qué se invertirá el ahorro del confinamiento

Hogar. El 57% de los españoles logró ahorrar durante el confinamiento una media de 367 euros, según datos de BBVA. “En este periodo, la gente se ha dado cuenta de muchas de las limitaciones y necesidades de nuestros hogares y va a destinar dinero a mejoras y a hacer multifuncionales los espacios”, señala Felipe Romero, socio de The Cocktail, que destaca el notable crecimiento de esta categoría con respecto al arranque de la pandemia.

Caprichos. Sobre todo en alimentación, como escape al malestar acumulado y a la ausencia del modelo vacacional de otros años. Aquí también se incluye la inversión en belleza o en moda, “pese a la bajada de la puesta en escena, ya que disminuye la vida social y las salidas nocturnas”.

Moda. El consumidor ha reducido al mínimo su compra de prendas de vestir durante el tiempo de reclusión en el hogar. Algunos perfiles afirman haber tomado conciencia del sobreconsumo y de poseer más ropa de la que necesita realmente. Algunos consumidores minimizan el consumo para reducir el gasto, además de tener un sentimiento de sotenibilidad.

Infantil. Los niños han crecido durante el confinamiento y hay que renovar vestuario. Aquí tiene un mayor peso la compra en establecimientos físicos sobre el online, por temor a no acertar con la talla.

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