El efecto expansivo de la inversión público-privada en el crecimiento

Hay que revisar los mecanismos de cooperación para que se convierta también en una oportunidad de atracción de capital extranjero

Los formatos de inversión público-privada tienen que volver al primer plano de las políticas inversoras tuteladas por el Estado si España quiere recuperar pronto los niveles de riqueza pre-Covid y consolidar, a la vez, un modelo de crecimiento avanzado, equilibrado y suficiente, tanto para resistir las embestidas de ulteriores recesiones como para generar los recursos necesarios que sostengan el Estado del bienestar. Arrancaron en los noventa del siglo pasado en el Reino Unido y se ensayaron en España en los años de más vigoroso crecimiento antes de la crisis de 2008; pero la mala planificación, los cálculos erróneos sobre coste, tráficos y retornos y el ulterior rescate público de varios proyectos construidos con el formato mixto han proyectado una sombra de desaliento sobre esta manera de planificar e invertir que los ha descartado. Además, los explícitos prejuicios de una buena parte de la clase política hacia este sistema de colaboración del capital público con el privado en la explotación de servicios desaconsejan una vuelta entusiasta a esta manera de reactivar los grandes proyectos públicos.

Sin embargo, en la tesitura actual es inevitable echar mano de esta vieja fórmula, corrigiendo los defectos detectados en el pasado, para suplir la falta de recursos públicos y hacer un esfuerzo procíclico que fortalezca el crecimiento. Además, la casi segura aportación de los diversos fondos comunitarios a la financiación de proyectos exige, aunque no sea obligado en este caso, una coparticipación que tenga un efecto multiplicador sobre la inversión, y que comprometa de paso a los actores económicos en las necesidades reales de la economía.

Tal como los expertos convocados por este periódico en un debate sobre la materia han coincidido, hay que revisar los mecanismos de la colaboración público-privada, para que dé garantías de retorno y largo plazo al inversor y llegue más allá de las tradicionales infraestructuras y sus contratos de concesión, y se convierta también en una oportunidad de atracción de la inversión extrajera, sin la cual parece complicado recomponer el tejido productivo que haya quedado dañado por este año de parón económico. Una oficina de planificación, financiación y vigilancia de los proyectos debe ponerse en marcha con presencia pública y privada, porque la UE adjudicará recursos a los mejores proyectos, y España tiene que lograr la mayor cantidad posible de ellos. Y el foco puesto hasta ahora por la transformación ecológica y digital se antoja limitado y debe convertirse en una política horizontal que avance a una modernización del sistema educativo, un reforzamiento del sanitario, un impulso de la investigación y una apuesta por proporcionar dimensión a las empresas para anclar sus negocios en los mercados exteriores.