La empleabilidad de los titulados y las funciones de las universidades

Las privadas obtienen mejores resultados en inserción laboral, pero quedan muy rezagadas respecto a las públicas en investigación

La empleabilidad de los titulados y las funciones de las universidades

La evidencia que ofrece el proyecto U-Ranking 2020 sobre la especialización y los resultados de las universidades en docencia, investigación e innovación, confirma que el sistema universitario español es diverso y los logros de sus instituciones dispares. Es necesario subrayarlo porque las valoraciones del sistema que ofrecen imágenes uniformes del mismo son equívocas, y a veces engañosas de cara al diseño de las políticas universitarias. La octava edición del proyecto desarrollado por la Fundación BBVA y el Ivie confirma que la heterogeneidad es la regla también en materia de empleabilidad: las diferencias son muy importantes entre titulaciones y también entre universidades.

Disponemos de información muy rica, proveniente de la Seguridad Social, sobre la inserción laboral de los titulados de 2010 y 2014 durante los cuatro años posteriores a la finalización de los estudios. Los datos dicen que el ciclo económico influye claramente en las tasas de empleo, el ajuste de la formación a la ocupación y los salarios. Para los egresados en 2014 todo fue más fácil porque se titularon cuando comenzó la recuperación. Cuatro años después de graduarse, las tasas de afiliación en 2018 de los graduados en 2014 superaban en 28 puntos porcentuales (pp) a las alcanzadas en 2014 por los titulados de 2010.

El rasgo más destacado en cuanto a las diferencias en la inserción es el que se observa entre distintas titulaciones. Las ventajas en tasas de afiliación, ajustes entre formación y empleo y bases de cotización son claras para los titulados de Ciencias de la Salud e Ingenierías, y las desventajas para los de Ciencias Sociales y Jurídicas, y Artes y Humanidades. Las diferencias en las tasas de afiliación de las titulaciones mejores y peores superan los 30 puntos porcentuales y las bases de cotización pasan de los 34.000 euros en las de mayores salarios a menos de 20.000 euros en las de menores bases. Así pues, para quienes estudian pensando, fundamentalmente, en conseguir un empleo de calidad, elegir unos u otros estudios es muy importante.

En los primeros lugares de los rankings de inserción se mezclan universidades públicas y privadas y lo hacen de manera muy diversa según las ramas, pero en los promedios de cada rama logran mejores resultados las privadas. Estas también sobresalen en los resultados docentes, pero quedan muy rezagadas frente a las públicas en investigación. Todos los datos de actividad y resultados indican que los propósitos de las distintas universidades, sus objetivos estratégicos, no son los mismos. Sus resultados y rendimiento tampoco lo son. Los rankings elaborados deben servir para mostrar, con rigor, esa realidad de las universidades.

Las ventajas de las privadas en materia de inserción se basan en varios factores, tanto internos como de entorno. El primero es que las oportunidades frente a la inserción de ciertos estudios las aprovechan mejor esas universidades porque orientan con decisión su especialización hacia las titulaciones más empleables. En cambio, muchas universidades públicas tienen una visión de su tradición histórica de servicio público que les hace ofrecer todo tipo de titulaciones y mantener, con frecuencia, mayor inercia en su oferta formativa. También sucede que al configurar esa oferta pesan más la especialización en los diferentes campos del conocimiento y los intereses de sus plantillas de profesorado que atender a las oportunidades que ofrecerá el mercado de trabajo a los estudiantes una vez se gradúen.

El reflejo de la mayor proactividad en la especialización docente de las privadas se refleja en especial en la selección de las titulaciones de la rama de Ciencias Jurídicas y Sociales, un gran campo disciplinar en todas las universidades por número de egresados, pues en el mismo se concentran la mitad de los estudiantes. En las privadas esos titulados llegan a representar el 62% y su empleabilidad es mejor que la de las públicas. También contribuyen a mejorar la inserción que las privadas prestan una atención más personalizada a los egresados, gracias a su menor tamaño, acompañándolos en la búsqueda de empleo y cuidando unas redes de antiguos alumnos más densas y activas.

Las condiciones de entorno de las universidades contribuyen a reforzar los resultados de las privadas. Al concentrarse en áreas económicas más prósperas –sobre todo, Madrid, Barcelona y País Vasco–, los egresados disponen de más oferta próxima de empleo al acabar y salarios superiores. Por otro lado, les favorece la extracción social más alta de las familias de unos alumnos que han podido pagar matrículas más elevadas. La condición socioeconómica favorable va acompañada de ventajas relacionales en un mercado de trabajo como el español, en el que la recomendación de amigos y familiares sigue siendo un activo clave en la búsqueda de empleo.

El análisis de la realidad de las universidades evidencia el potencial de mejora del sistema universitario en varias direcciones. Las universidades públicas, en las que se forman la mayoría de los alumnos, podrían hacerlo impulsando un acompañamiento más personalizado a sus estudiantes tras su titulación, para mejorar su inserción laboral. Y las universidades privadas deberían abrir su oferta también hacia áreas en las que la investigación, que pesa muy poco en su especialización, es determinante para la calidad docente –como la rama de Ciencias–, máxime en un país cuya economía muestra una demanda de titulados de STEM creciente y, en paralelo, una matrícula en esas enseñanzas decreciente.

Joaquín Aldás/ Francisco Pérez son Catedráticos de la Universitat de València e investigadores del Ivie