El Covid da alas a la formación continua y a una mayor oferta educativa universitaria

El afianzamiento de la educación a distancia durante el encierro posiciona a campus como Unir, que miran hacia América Latina ante el auge de las clases en línea

La conversión digital de buena parte del sector privado y la administración pública para sobrevivir al impacto inmediato de la pandemia del coronavirus Covid-19 ha tenido un inequívoco carácter forzado, impuesto por la situación de excepción derivada de la crisis económica y sanitaria. Sin embargo, ha bastado para demostrar que las empresas e instituciones están preparadas para afrontar una transición digital que hace cuestión de meses se antojaba lenta y correosa. También, en lo que respecta al ámbito educativo, donde aspectos como la accesibilidad, la internacionalización, la formación continua o la capacidad de responder a toda la demanda van a verse revolucionados gracias al potencial de las herramientas digitales y al gran salto cultural que se ha vivido durante el confinamiento. No en vano, “en tres meses hemos avanzado lo que se habría hecho en años”, recordó esta semana Miguel Ángel Sastre, vicerrector de calidad de la Universidad Complutense de Madrid (UCM) y exsubdirector de Aneca, en un desayuno organizado por CincoDías en colaboración con la Universidad Internacional de la Rioja, Unir.

En el encuentro, diferentes expertos incidieron en que la crisis ha abierto la puerta a un sinfín de posibilidades que el sistema educativo puede y tiene que aprovechar. “Hay una oportunidad espectacular para la educación superior a la hora de incorporar la educación a distancia”, recalcó Carolina Jeux, consultora independiente de educación digital. Primero, por el crecimiento de la demanda, “tanto de alumnos jóvenes como de aquellos que se dirigen a la formación continua”. Luego, por el perfil de las nuevas generaciones, que se han acostumbrado a que estas herramientas existen y funcionan. También, para intentar cerrar la brecha que hay entre la oferta y la demanda: “Estas tecnologías van a facilitar mucho las prácticas y la variedad de contenidos formativos”, recalcó.

De izquierda a derecha, Miguel Ángel Sastre, vicerrector de calidad de la UCM, Carolina Jeux, consultora de educación digital, Mariano Jabonero, secretario general de la OEI, Jordi Sevilla, exministro y presidente del Consejo Social de Unir, y Rafael Puyol, presidente de Unir.
De izquierda a derecha, Miguel Ángel Sastre, vicerrector de calidad de la UCM, Carolina Jeux, consultora de educación digital, Mariano Jabonero, secretario general de la OEI, Jordi Sevilla, exministro y presidente del Consejo Social de Unir, y Rafael Puyol, presidente de Unir.

Ante todo, señaló el presidente de Unir y exrector de la UCM, Rafael Puyol, conviene recordar que si la educación en línea ha dado tal salto durante el encierro es porque ya existía una tradición previa de este tipo de formatos, que se ha visto ampliada por la posibilidad de “hacer exámenes online y dar clases a distancia en un momento en el que nadie podía salir de casa”.

Ahora, finalizado el golpe más duro de la pandemia, y mientras no haya rebrotes que fuercen a un nuevo confinamiento, lo que toca esperar es un aterrizaje definitivo de estas herramientas, dando paso a una “enseñanza híbrida en la que convivan los dos tipos de sistemas”, señaló Puyol.

Formación continua

Ni siquiera en los centros especializados en la tradición online, como es Unir, vaticinan una conversión generalizada al formato a distancia. Pero sí un cambio de tendencia que anime a los perfiles que tradicionalmente han huido de la formación permanente por todas las trabas que esta suponía en cuanto a horarios y compatibilidades. “A quien acaba de terminar el Bachillerato le recomendamos que vaya a una universidad presencial por todo lo que le aporta. Nuestro público es otro, el de aquellos perfiles de algo más de 30 años, con trabajo, con familia, y que quieren seguir formándose”, recalcó Puyol.

La formación permanente es uno de los lastres que acarrea España, con una economía en la que los perfiles que se mueven entre el paro permanente y los trabajos temporales son difícilmente reciclables. Según datos de Eurostat, solo el 10,5% de la población española de entre 26 y 64 años continúa formándose durante su vida laboral, en sintonía con la media de la UE (11,1%), pero lejos de Francia y Países Bajos (19%) o Finlandia y Suecia (29%).

Haberse dado cuenta de que la educación a distancia funciona, resumió Jeux, hará que muchas empresas y profesionales se animen y se suban a la ola digital. Hay, además, “una oportunidad enorme para las universidades, que son las que tienen ese conocimiento y capacidades”.

En la línea de una formación directa, continua y muy concreta ahondó el exministro y presidente del Consejo Social de Unir, Jordi Sevilla, recordando que la educación a distancia tiene ciertas ventajas sobre la presencial. Los campus tradicionales “giran mucho en torno al fijo, al profesor y al departamento, y en cambio la universidad en línea permite que todo gire todo en torno al alumno”, enfatizando en aquellos conocimientos o competencias que cada grupo de matriculados necesita en cada momento.

Otra de las ventajas de este formato, incidió Puyol, es la total adaptabilidad “respecto a los horarios, a la cantidad de gente en cada clase, a la oferta, a la demanda y a la flexibilidad”, algo que piden tanto las compañías como los profesionales que deciden sumar algún título a su currículo sin tener que verse obligados a adaptar su trabajo y su horario a las clases presenciales.

Lo mismo sucede con las prácticas para las empresas, para las que el formato de la educación a distancia supone una ventaja competitiva. “Tenemos que insistir en la formación de competencias más que de contenidos. Para ese reciclaje que reclaman muchos empleadores, la formación online es perfecta, porque subsana una carencia formativa en muy poco tiempo”, subrayó Puyol.

Lo que ahora falta, una vez que se ha visto que existe el potencial, es pulir ciertos detalles como el de la calidad, recordó Mariano Jabonero, secretario general de la Organización de Estados Iberoamericanos (OEI): “Hay que trabajar mucho en la calidad para establecer pautas y protocolos que evalúen todos estos modelos. La demanda de la calidad por parte de los estudiantes es uno de los puntos más importantes a tener en cuenta”.

A este respecto también tendrán que ponerse las pilas las universidades presenciales, ya que, como recordó Jeux, “lo que ha pasado en estos últimos meses, con la mejor de las intenciones, ha tenido mucho de improvisación. A muchos se les ha quitado el miedo, pero también ha quedado patente que faltan métodos innovadores, porque esto no va de llevar la clase presencial al online, sino de hacer las cosas de forma diferente”.

Internacionalización

La Unir, una universidad nativa de clases de formato online, cuenta con más de 90 nacionalidades entre sus varias decenas de miles de alumnos. Unas cifras que, explicó Sevilla, contextualizan el poder de la educación a distancia para, entre otros puntos, impulsar al español como potencia económica a lo largo del planeta. “La universidad en línea te permite llegar en español a muchas zonas en las que de otra forma sería imposible estar”, recalcó.

Para muestra, relató Jabonero, está el caso del continente americano, en el que buena parte de la población latina optaba tradicionalmente por formarse en Estados Unidos, “cuando la cercanía cultural nos situaba a nosotros como mejor destino”. La educación telemática, además de posicionar a los centros españoles en países como los de América Latina, también ayuda, a su vez, a que buena parte del público potencial, que debido a su estatus socioeconómico no podría optar a formarse bajo los parámetros tradicionales, consiga matricularse y obtener un título. En Latinoamérica, de hecho, “hay un crecimiento de este modelo educativo del 73%, y muchos alumnos forman la primera generación de sus familias que puede estudiar. En Brasil, por ejemplo, el 20% de todas las matriculaciones corresponden a la educación a distancia”.

Con los formatos online las universidades “pueden conseguir ese prestigio internacional. Lo natural sería que los alumnos latinoamericanos se formasen en español”, insistió Jeux. Con todo, Jabonero recordó que estas herramientas, además de posicionar a los campus en los 23 países que forman parte de la OEI, pueden valer para darlos a conocer también en otros continentes.

Dos formatos

La pandemia del coronavirus ha dado alas al desarrollo generalizado de un formato que de forma masiva solo explotaban aquellos centros que habían nacido en el seno de la revolución tecnológica y digital. Estas herramientas serán adoptadas ahora por el resto de universidades y centros, pero en el largo plazo no dejará de existir una educación presencial, sino que convivirán ambos formatos. “La pandemia nos ha colocado la enseñanza en línea como parte inexcusable de la educación del siglo XXI. Pero es solo eso, una combinación, porque no existe una dualidad ni hay que elegir entre una y otra”, apuntó Sevilla. “Existirán dos formatos, y cada uno de ellos será bueno y el aconsejado para cada una de las situaciones”.

En opinión de Sastre, las universidades presenciales no querrán “perder su naturaleza, y habrá dos modelos que convivirán perfectamente”. Quizá, eso sí, las tradicionales, “que han visto el potencial de la virtualidad”, intenten desarrollarse en este aspecto, pero sin descuidar la otra parte.

Lo que sí tendrán que hacer los centros que se apunten a la ola digital, enfatizaron los expertos, es delimitar muy bien los principios y métodos que regirán el modelo docente. Tal y como recordó Sevilla, una clase a distancia no consiste en grabar una clase presencial, sino en crear un nuevo tipo de enseñanza. Esto también es aplicable a los propios profesores, porque “que un docente sea muy bueno a la hora de desenvolverse en una clase física no significa que también vaya a serlo en una virtual”. Todos estos detallen tendrán que ir puliéndose a medida que la transición al mundo digital se haga poco a poco y fruto de una planificación, y no de una situación extraordinaria impuesta por una crisis sanitaria.

Las novedades que trae el auge de la formación a distancia

Una educación más técnica. La pandemia de coronavirus ha puesto de relieve que la formación en algunas disciplinas más técnicas y científicas, como las STEM (ciencias, tecnologías, ingenierías y matemáticas, por sus siglas en inglés), pueden llevarse a cabo de forma virtual sin ningún problema. Tradicionalmente, la educación a distancia ha estado más vinculada a otras ramas de carácter social o de humanidades, como el Derecho, la Historia o la Economía. Si hace ya un tiempo que esa idea se empezó a romper, alegó Mariano Jabonero, el encierro ha terminado por confirmarlo. “Hace un tiempo nadie pensaba, por ejemplo, que la Formación Profesional pudiese desarrollarse a distancia”.

Nueva filosofía. “Vivimos en una sociedad y cultura muy visual, y cuando no interesa algo durante cinco minutos cambias de canal. No vale la misma clase o método de forma virtual que presencialmente”, explicó Jordi Sevilla. Por ello, los centros que quieran estimular el formato a distancia tendrán que adoptar nuevos modelos e ideas para conseguir retener y enganchar a sus alumnos. Hay formas de hacer las cosas diferentes: “Por ejemplo, que el alumno escuche primero la clase o el tema concreto, y que luego la clase sirva para el debate. La pandemia ha hecho de catalizador para que estas fórmulas empiecen a despegar”, subrayó Carolina Jeux.

Investigación. Uno de los puntos en el que las universidades de toda la vida destacan es el que hace referencia al ámbito científico e investigador, una pata que se ha visto algo más dañada durante el confinamiento por la imposibilidad de acceder desde casa a ciertos equipos e infraestructuras necesarios. “Todo ha sido improvisado y no ha dado tiempo a planificar, pero el ámbito investigador es uno de los que habrá que repensar con más fuerza”, señaló Miguel Ángel Sastre.

Burocracia. La lentitud con la que lo oficial reconoce nuevas titulaciones en un mundo en el que el conjunto de saberes varía y cambia constantemente, prosiguió Rafael Puyol, es uno de los lastres que los centros que imparten titulaciones a distancia pueden intentar salvar, ya que el hecho de haber nacido en plena ola tecnológica les aporta mayor flexibilidad.

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