Mercado de deuda

Los especuladores frenan su ataque contra España y el bono cae a niveles pre-Covid

El CDS a 10 años cede 96 puntos básicos desde los máximos de marzo

Los especuladores frenan su ataque contra España y el bono cae a niveles pre-Covid pulsa en la foto

La tranquilidad va llegando con cuentagotas al mercado, pero el de deuda es uno de los que más está recogiendo la mejora del sentimiento. Aunque todavía es pronto para decir que las crisis sanitaria y económica han pasado –la económica acaba de empezar, de hecho–, las señales que muestra el mercado son más tranquilizadoras que las sufridas en pleno estallido de la pandemia.

La mayor estabilidad ha llevado a los especuladores a rebajar la presión que durante el Gran Confinamiento venían ejerciendo sobre la deuda española. Además de la caída de las rentabilidades en los bonos soberanos, los inversores han ido reduciendo su exposición a instrumentos que les permitían sacar partida de su debilidad. El mejor ejemplo de ello es el comportamiento de los credit default swaps (CDS), derivados de crédito para cubrir el riesgo de impago de la deuda.

Estos productos, que durante la crisis de deuda soberana de 2010 a 2012 fueron una gran amenaza para los países de la periferia, han vuelto en este 2020 a convertirse en un quebrado de cabeza para muchos países. Y España no ha estado al margen. Los especuladores no han dudado en cubrirse las espaldas ante posibles eventualidades. El 18 de marzo, los CDS de la deuda española a 10 años se dispararon hasta los 205 puntos básicos, niveles que no se veían desde noviembre de 2013. Respecto a los mínimos marcados en febrero, antes de que se declarara el estado de alarma, estos niveles suponen una escalada del 260%.

Baja la presión

En las últimas semanas este nerviosismo se ha moderado y los especuladores, en su mayoría hedge funds, han reducido la presión. Los CDS de la deuda española a 10 años cerraron la semana pasada en los 108,8 puntos básicos, niveles de comienzos de marzo, cuando la pandemia aceleró su expansión en el Viejo Continente.

En la actualidad, para asegurar 10 millones de euros en bonos son necesarios 108.800 euros frente a los 205.000 euros de mediados de marzo. Aunque la presión se ha aminorado respecto a los niveles de hace tres meses –la caída se aproxima al 50%–, los CDS sobre el bono español a diez años han pasado de los 73 puntos básicos de enero a los 108,8 actuales.

Estos instrumentos, sobre los que planea un gran recelo, no fueron creados con intenciones perversas. El problema ha sido el uso que se le ha terminado dando con el paso de los años y que en la crisis de deuda soberana de la zona euro experimentó su eclosión. Estos derivados nacieron con la idea de cubrir el posible impago de la deuda tanto soberana como corporativa. Es decir, si un país o una empresa no puede hacer frente al pago de sus deudas, el acreedor (el inversor que ha comprado esa deuda) recibe el importe que se le debe. Sin embargo, en la práctica se han empleado para especular. En los momentos de mayor tensión de la crisis de deuda que asoló a la zona euro, los CDS del bono español a 10 años llegaron a dispararse hasta los 549 puntos básicos. Muchos inversores empezaron a poner en precio la posibilidad de que España no pudiera honrar sus obligaciones crediticias.

Cotas de inicio de año

La relajación que han experimentado los CDS desde mediados de marzo también se ha reflejado en el bono español a 10 años, el activo subyacente. La rentabilidad de la deuda soberana con vencimiento en 2030 se sitúa en la actualidad en el 0,45%, por debajo incluso de la cota del 0,47% con la que comenzó el año.

Pero la tranquilidad no ha sido la regla dominante en los últimos meses. Ni mucho menos. La expansión del Covid-19 en España y en el resto de países de Europa provocó, y aún sigue generando, conmoción en el mercado. El 18 de marzo la rentabilidad del bono español a diez años se disparó hasta el 1,22%, niveles máximos desde febrero de 2019. En todo caso, esa rentabilidad nada tiene que ver con la registrada en julio de 2012, cuando el rendimiento alcanzó el 7,6%. El mercado, eso sí, volvió a penalizar a España ante la previsión de que el déficit se disparara y se viviera una situación parecida a la de hace ocho años.

La rápida actuación de las instituciones internacionales, y en especial del BCE, ha servido de balón de oxígeno para la deuda española. El organismo que preside Christine Lagarde era reacio a la flexibilizar aún más la política monetaria, y los inversores se asustaron. No dudaron en deshacer sus posiciones tanto en renta variable como renta fija.

La presión sufrida por el mercado fue de tal magnitud que, una semana después, Lagarde salió en defensa de la zona euro y anunció el programa de compra deuda para hacer frente a la pandemia. Un plan que en la última reunión del BCE fue ampliado tanto en importe (600.000 millones más a los 750.000 millones inicialmente previstos) como en tiempo, pues se extenderá hasta finales del 2021. De acuerdo a los últimos datos, el BCE ha gastado ya 315.508 millones, de los 1,35 billones que tiene de arsenal.

El otro factor que ha contribuido a calmar los nervios ha sido el anuncio por parte de Bruselas del fondo reconstrucción por importe de 750.000 millones de euros. Aunque aún queda por negociar la cantidad que corresponde a cada país y la metodología que se seguirá para su empleo (transferencias directas y préstamos no reembolsables), el simple hecho de que se haya llegado a un acuerdo en el seno de Europa ha servido de bálsamo.

Baja la presión sobre Italia

  • Seguros de impago. Al igual que en España la especulación contra la deuda italiana también se ha frenado en las últimas semanas. Aunque para asegurar la deuda transalpina se necesita más dinero que en caso de la española, la presión ha bajado. Los CDS a 10 años se sitúan en los 203,9 puntos básicos frente a los 326,6 que marcaron el 16 de marzo, récord desde junio de 2013. Ni siquiera cuando Bruselas rechazó el presupuesto de Italia para 2019 por incumplir las recomendaciones del Consejo, la presión fue tan alta. En ese momento los CDS estaban en 323,8 puntos.
  • Bono. La deuda italiana es, junto a la española, una de las más beneficiadas por las compras del BCE. Esto se ha reflejado en la rentabilidad del bono a 10 años que se sitúa en el 1,29%, por debajo del 2,43% que marcó el 18 de marzo e inferior también al 1,41% de comienzos de año.
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