La recuperación en V de EEUU: claves de un modelo que Europa debe seguir

Aunque el FMI vaticinaba una caída del PIB del 5,9% este año, la oficina presupuestaria del Congreso prevé ya un repunte a un ritmo anual del 20% en el tercer trimestre

La recuperación en V de EEUU: claves de un modelo que Europa debe seguir

Los habituales analistas deseosos de cobertura mediática vaticinan desde diciembre que el Covid-19 será una catástrofe médica y económica sin parangón desde la mal llamada gripe española. Aseguran que morirán millones de personas y la economía internacional se sumirá en una depresión parecida a la de los años treinta. En EEUU incluso ministros advertían cabizbajos que el paro rebasaría el 30%. La sorpresa fue mayúscula cuando la tasa de desempleo –que antes del Covid-19 era del 3,5%– disminuyó del 14,7% en abril al 13,3% en mayo. El mes pasado en EEUU se crearon 2,5 millones de empleos y el número de parados decreció en 2,1 millones. Aumentó la ocupación en el turismo, hostelería, construcción, sanidad y venta al por menor. Dicho éxito es atribuible en gran parte al Paycheck Protection Program (PPP), un componente del paquete de estímulo de 2,3 billones de dólares pactado entre la Casa Blanca y el Congreso en marzo. A finales de mayo el PPP había otorgado 4,4 millones de préstamos a pymes por valor de 510.234 millones de dólares. El 44% de dichos préstamos, que son a fondo perdido si se retiene a la plantilla, se han concedido a empresas con activos inferiores a 10.000 millones de dólares. Tienen un interés de solo un 1%, no requieren avales y son bastante fáciles de tramitar. Pero deben destinarse a cubrir el pago de nóminas, alquiler, hipotecas o intereses sobre deuda.

Hay consenso sobre la necesidad de mantener e incluso incrementar el estímulo fiscal y monetario acometido en EE UU. La proporción de deuda pública sobre el PIB era del 80% antes de la crisis. A diferencia de la negativa de Alemania a emitir eurobonos, Jerome Powell ha resaltado que a medio plazo la deuda no debe ser una preocupación. Se prevé que la Fed mantendrá los tipos de interés cerca del 0% hasta 2022, lo cual abarata el coste de financiar la deuda. La Fed, además, está adquiriendo bonos de empresas, fomentando que las entidades financieras otorguen préstamos.

El estatus del dólar como principal divisa mundial y el gran tamaño del mercado de deuda soberana de EE UU tranquiliza a los inversores. A pesar de la inyección fiscal y monetaria de más de 4 billones de dólares, el país paga solo el 0,74% para colocar su bono a diez años, 134 puntos básicos menos que hace un año. La cuantía del estímulo aprobado en EE UU equivale al 11% del PIB, más del doble de la acordada por Francia (5%), Alemania (4,9%) e Italia (4,6%). Trump y el Congreso pactarán un cuarto paquete de estímulo este verano. Los Demócratas reclaman que se aporte financiación a las maltrechas arcas de los estados y ciudades. La mayoría Republicana del Senado acepta otorgar fondos para que los estados puedan sufragar los gastos sanitarios provocados por el Covid-19, pero no quiere recompensar la mala gestión financiera endémica de algunos. Se llegará a un acuerdo, porque los estados no pueden, según la ley, registrar déficits y no cuentan con suficientes fondos para pagar a los maestros, policías y personal sanitario debido al desplome de su recaudación tributaria. Los Republicanos han modificado su rechazo a otra ronda de pagos directos a las familias que exigen los Demócratas. Las nuevas transferencias bonificarán especialmente a las familias con personas a cargo.

Trump quiere reducciones de impuestos para el sector turístico, deportivo, hostelería y espectáculos. Una excelente idea es que los préstamos de retención de personal se activen o retiren según la evolución del desempleo. El consumo privado genera dos terceras partes del PIB de EE UU, una proporción muy superior a la de cualquier país desarrollado. El consumo asfixiado artificialmente por el confinamiento resurgirá, aunque en sectores que se caracterizan por más contacto social sea de forma más lenta. EE UU carece de un estado del bienestar y prestaciones sanitarias y por desempleo equiparables a las de muchos países desarrollados. Por ello, muchos estadounidenses no tienen más remedio que trabajar como sea para evitar hundirse en la pobreza.

Según un estudio elaborado por la Reserva Federal en 2016, el 51,9% de las familias en EE UU posee acciones de manera directa o mediante fondos de inversión o de pensiones. En la mayoría de los países europeos dicha tasa se sitúa alrededor del 30%. Por ello la espectacular recuperación de la Bolsa en el país genera optimismo. El índice Dow Jones cotiza a 25.763 puntos, un incremento del 28,9% desde que Trump se convirtió en presidente en enero de 2017. El S&P 500 registra un acenso del 33% en el mismo periodo y también ha recobrado casi todo el terreno perdido desde su récord de febrero (41%). La cotización del Nasdaq (9.725 puntos) prácticamente ha alcanzado su récord histórico de febrero de 9.800 puntos. Otro factor que favorece una recuperación en forma de V es el precio reducido del petróleo. El promedio del precio de un galón de gasolina se sitúa en 2,08 dólares, 65 centavos menos que hace un año.

La inflación está contenida y EEUU ha alcanzado la independencia energética, lo que la protege de la volatilidad de los precios de los hidrocarburos. El FMI prevé un descenso del PIB del 5,9% en EEUU y del 7,5% para la eurozona este año. Pero la oficina presupuestaria del Congreso de EE UU, un organismo independiente, pronostica un repunte del PIB a ritmo anual del 20% en el tercer trimestre.

El 80% de las pymes en estadounidenses han retomado su actividad y las ventas asimismo crecen. Warren Buffett, propietario de Berkshire Hathaway, recordó que no es buena idea apostar contra la economía de EEUU. Teniendo en cuenta que Berkshire tiene activos de más de 700.000 millones parece sensato hacerle caso.

Alexandre Muns es analista de economía internacional y profesor de EAE Business School