Europa comienza a negociar un presupuesto billonario y su fondo de recuperación poscoronavirus

Arranca la cumbre para aprobar un marco financiero de 1,1 billones y un fondo de reconstrucción de 750.000 millones

El presidente del Consejo Europeo, Charles Michel.
El presidente del Consejo Europeo, Charles Michel. AP

Este viernes comienza la negociación en la que los jefes de los Gobiernos de la Unión Europea (UE) intentarán sacar adelante el ambicioso plan de recuperación propuesto por la Comisión Europea para reconstruir la Unión tras el azote de la pandemia del coronavirus Covid-19. En total, tomando como referencia el borrador presentado por el Ejecutivo Comunitario, se movilizarían unos 750.000 millones de euros, una partida vinculada a su vez al presupuesto de la UE con vistas al Marco Financiero Plurianual 2021-2027, de 1,1 billones.

Hay un punto de consenso previo, y es la necesidad de encarar la recuperación de forma conjunta. Sin embargo, queda mucho por discutir en cuanto a las cantidades definitivas, el peso que tendrán los préstamos a devolver y las subvenciones directas, las reformas necesarias para acceder a los fondos o los intereses y plazos que acompañarán a los créditos. En la cumbre de hoy, agendada para las 10:00 horas (cinco horas antes de lo habitual en estas reuniones) se espera alcanzar el compromiso de cerrar la herramienta antes de agosto.

¿Cuál es la propuesta?

La estrategia propuesta por el órgano que preside Ursula von der Leyen se ancla en el presupuesto comunitario para el marco 2021-2027. Los marcos plurianuales, de siete años de duración debido a lo costoso de las negociaciones y a que no es factible pelear uno nuevo cada menos tiempo, conforman el presupuesto de la UE para cada periodo. En esta ocasión estaría dotado con 1,1 billones de euros. Con el respaldo de este presupuesto, la Comisión emitiría deuda en los mercados para financiar un Fondo de Recuperación por valor de 750.000 millones: en total se habla de 1,85 billones de euros, con los que también deben financiarse las partidas de la Política Agraria Común (PAC), la cohesión o la seguridad. Con diferentes multiplicadores y el resto de ayudas, no obstante, la Comisión confía en movilizar hasta 3,1 billones.

Los 750.000 millones de euros de la recuperación se distribuirían a su vez a los Estados miembro hasta el año 2024. La mayoría, unos 500.000 millones, se canalizarían en forma de subvenciones a fondo perdido, y los 250.000 millones restantes serían créditos a devolver.

¿Qué papel juega el presupuesto de la UE?

La propuesta política del marco presupuestario supone elevar el presupuesto comunitario hasta los 1,1 billones de euros, una cantidad bastante más ambiciosa que la de las últimas negociaciones. Para costear el montante, al que va asociado el fondo de recuperación, Bruselas propone aumentar la contribución de los Estados miembro hasta cerca del 2% de la Renta Nacional Bruta (RNB). En el marco actual, que finaliza con 2020, la contribución de cada socio se queda en el 0,904% de la RNB. El plan de recuperación debe ser aprobado por los 27 países y el Parlamento Europeo, y el presupuesto comunitario, por los diferentes parlamentos nacionales.

¿Cómo se articula el fondo?

El fondo se va desmembrando en diferentes partidas, divididas a su vez en varias ramas. Contaría con tres pilares principales en función del destino de las ayudas: a Estados, a empresas o al refuerzo de programas que la pandemia ha demostrado esenciales, como la sanidad.

El de los Estados sería el que más fondos recibiría: en torno a 655.000 millones. Dentro de este primer pilar, la herramienta base sería la Facilidad para la Recuperación y la Resiliencia (FRR), que contaría con 560.000 millones de euros del total, la mayoría de los cuales se distribuiría en forma de subvenciones para evitar el sobreendeudamiento de los socios. Los países podrían utilizar esta herramienta para costear planes de reformas estructurales e inversiones que tendrán que ser aprobados previamente por la Comisión. El resto del dinero del primer pilar se repartiría entre una dotación extra en fondos de cohesión (55.000 millones), el Fondo de Transición Justa y un refuerzo de las ayudas al desarrollo rural.

El segundo pilar del fondo tiene como objetivo movilizar la inversión privada y la medida más novedosa es un Instrumento de Solvencia ligado al Banco Europeo de Inversiones (BEI). También se le añade el InvestEU, el antiguo Plan Juncker. La tercera pata del fondo servirá para crear un Programa de Salud europeo y reforzar la reserva de equipamiento médico comunitaria.

¿Saldrá el plan adelante?

No este viernes. Las negociaciones serán duras y tendrán que sortear los antagonismos que hay entre ciertos países. Los cuatro frugales (Austria, Países Bajos, Suecia y Dinamarca) ya se han mostrado en contra de las transferencias directas y de las cantidades totales que propone la Comisión. Prefieren un montante menor a los 750.000 millones, y que las ayudas se repartan principalmente en forma de créditos. Lo más probable es que en la cumbre de este viernes se alcancen algunos acuerdos preliminares, pero habrá que dejar el grueso del fondo y sus condiciones para una nueva reunión. El propio Charles Michel, presidente del Consejo Europeo, confía únicamente en que hoy se den pasos en la buena dirección, con vistas a cerrar el fondo en el mes de julio, a poder ser. Los países más austeros, por su parte, no cierran la puerta a que las conversaciones se prolonguen más allá de verano.

Alemania y Francia, los dos pesos pesados de la UE, apoyan a grandes rasgos el pan de la Comisión y han emplazado al resto de socios a lograr el pacto cuanto antes. Berlín y París se sitúan hoy en posiciones intermedias y en busca del consenso, y como a lo largo de la crisis se han posicionado respectivamente con el norte y con el sur, su influencia en los correspondientes bloques puede ser determinante.

¿Cuáles son las reformas que exige Bruselas?

Las partidas de la Facilidad para la Recuperación y la Resiliencia (FRR), unos 560.000 millones, estarán sujetas a reformas estructurales y condiciones asociadas al Semestre Europeo y a las transiciones digital y verde. Los Estados que quieran beneficiarse de las ayudas tendrán que enviar sus propuestas a Bruselas y al resto de socios, que deberán validar los planes de sus vecinos antes de que reciban el dinero. La Comisión se asegura, de esta forma, que la recuperación cuenta con un enfoque digital y sostenible. Y los países más ortodoxos, además, obtienen un método con el que fiscalizar las reformas del resto. No obstante, estos últimos reclaman otras reformas estructurales más severas.

¿Cómo y cuándo se devuelve el dinero?

Dado que los países más ortodoxos (los cuatro frugales) se negaban a la mutualización de deuda, la Comisión ideó un sistema por el cual emitiría bonos con el respaldo del presupuesto comunitario, financiado por los Veintisiete. La idea de Bruselas es emitir deuda con un vencimiento de hasta 30 años, con lo que el principal y los costes tendrían que pagarse entre 2028 y 2058.

La Comisión prevé costear estos reembolsos con los futuros presupuestos europeos, para lo que habrá que aumentar la contribución que paga cada Estado en función de su riqueza, así como introducir nuevos impuestos europeos que empezarían a funcionar más tarde.

¿Qué impuestos planea la Comisión?

El Ejecutivo comunitario ha puesto sobre la mesa la posibilidad de implantar varios impuestos que recauden al año más de 42.000 millones de euros y que financien parte de la recuperación. Bruselas plantea una ampliación de las tasas de emisiones de carbono, una tasa al carbono en frontera, un impuesto a las grandes empresas que operan en la UE, una contribución sobre el plástico no reciclable y, por último, un impuesto digital, conocido como tasa Google. Todos estos tributos, no obstante, tienen que ser validados por los socios.

¿Qué quiere España?

España aspira a hacerse con el máximo de subvenciones directas, y se decanta por dar más peso a las transferencias en detrimento de los créditos y préstamos. El Gobierno viene defendiendo que el carácter simétrico de la crisis debe ser respondido también de forma conjunta, ya no solo por la solidaridad entre los socios, sino por la necesidad de preservar la igualdad de condiciones en el mercado único para asegurar su supervivencia. Con todo, desde el Ejecutivo son conscientes de que probablemente serán necesarias dos o más cumbres para cerrar el presupuesto y el fondo de recuperación. España también peleará para que parte de las ayudas, unos 12.000 millones en total, lleguen antes de que finalice el año. Para ello, además de un acuerdo, debería enmendarse el marco presupuestario actual, y así permitir este cambio.

¿Cuánto se lleva España...?

Por ahora, en su propuesta, el Ejecutivo comunitario ha preasignado por país los 655.000 millones de euros del primer pilar del plan. A España le correspondería hasta un 21,4 % del mismo: algo más de 140.000 millones, de los cuales 77.000 millones serían en subvenciones y 66.000 millones en préstamos a devolver. Es una cantidad equivalente al 11% del PIB nacional. Sería así la segunda beneficiaria solo por detrás de Italia (172.745 millones). Estas cifras, no obstante, son aproximadas, porque queda parte del fondo por reasignar.

¿...Y en total?

Al fondo de recuperación se le añaden las partidas del primer bloque movilizado por el Eurogrupo, ya cerrado y aprobado: unos 540.000 millones para Estados, empresas y trabajadores. De estas ayudas, 240.000 provienen del MEDE, el fondo de rescate europeo; 200.000 del BEI; y los 100.000 restantes de Sure, el mecanismo para costear los ERTE. De este montante, España podría optar a conseguir unos 40.000 millones más, aunque por ahora parece que dejará de lado las ayudas del MEDE. Si recurriese al potencial total, sumado al fondo de recuperación, España podría sumar unos 180.000 millones de euros.

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